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Las señales que Europa no quiso ver y ahora lo pagará caro
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Las señales que Europa no quiso ver y ahora lo pagará caro

Europa ha hecho oídos sordos a una realidad incontestable. Ucrania no estaba en condiciones de expulsar a Rusia de su territorio salvo una internacionalización del conflicto. Tampoco evaluó correctamente lo que venía de EEUU

Foto: Presidente de Ucrania en Múnich, Volodymyr Zelensky. (EFE)
Presidente de Ucrania en Múnich, Volodymyr Zelensky. (EFE)
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En abril de 2024, el teniente general Keith Kellogg publicó un largo artículo en el America First Policy Institute, un think tank cercano a Trump, en el que de forma sintética adelantaba la estrategia del presidente de EEUU en caso de ganar las elecciones. Kellogg no es un militar cualquiera. Veterano de guerra en Vietnam, la guerra del Golfo e Irak, fue asesor de seguridad del exvicepresidente Mike Pence. Tras ganar las elecciones, Trump lo nombró su asistente y enviado especial para Rusia y Ucrania, lo que explica que hasta el 22 de febrero recorrerá algunas capitales europeas para negociar con Putin y los aliados de EEUU en Europa. Es, por así decirlo, el sherpa de Trump para tratar de resolver el asunto más delicado que tiene hoy Europa, la guerra de Ucrania, incluso por encima de los aranceles.

El artículo de Kellogg partía de un principio que gusta recordar a muchos militares: la mejor forma de enfrentarse a una guerra es prevenirla. Es probable que sea una frase hecha, pero no es menos cierto que el origen de la guerra de Ucrania no sólo está en la execrable invasión del país, sino también en la brecha de seguridad en Europa que se abrió, paradójicamente, con la expansión de la OTAN hacia el Este, y que culminó con la anexión ilegal de Ucrania y, posteriormente, con la conquista de casi todo el Donbás. La OTAN, viene a decir, debía haber previsto que la expansión era una línea roja para Moscú cuando el secretario de Estado de Obama, John Kerry, se plantó en Kiev en marzo de 2014 para avalar el cambio de posición estratégica de Ucrania y apoyar algo parecido a un golpe de Estado.

El artículo de Kellogg partía de un principio que gusta recordar a los militares: la mejor forma de enfrentarse a una guerra es prevenirla

Lo que esgrime Kellogg en su artículo, que muy probablemente debieron leer las cancillerías europeas, es que una oferta de EEUU para retrasar la admisión de Ucrania en la OTAN durante una década podría haber bastado para convencer a Putin de que cancelara la invasión, pero los funcionarios de la administración Biden, sostiene, "se negaron a hacer tal oferta". Kellogg recuerda que la posible admisión de Ucrania en la OTAN fue un tema delicado para Putin incluso antes de la presidencia de Biden. Aunque Putin estuvo abierto a la idea a principios de la década de 2000, comenzó a rechazarla después de la Cumbre de la OTAN en Bucarest de 2008 que confirmó que la alianza planeaba admitir a Ucrania como miembro. Durante una reunión individual con el presidente George W. Bush en 2008, Putin dijo: "Tienes que entender, George. Ucrania ni siquiera es un país".

Ultimátum

Lo que achaca Kellogg a la anterior Administración es que la política hostil de Biden hacia Rusia no sólo la convirtió "innecesariamente" en enemiga de EEUU, sino que también empujó a Rusia a los brazos de China y condujo al desarrollo de un nuevo eje Rusia-China-Irán-Corea del Norte. Es más, apunta Kellogg, en diciembre de 2021, cuando las tensiones crecían y había cada vez más señales de que Rusia planeaba invadir Ucrania, Putin presentó un ultimátum de cinco puntos en el que exigía garantías jurídicas de que la OTAN no admitiría nuevos miembros, especialmente Ucrania y Georgia.

La Administración Biden rechazó el ultimátum, amenazó a Rusia con sanciones y dijo que EEUU "responderá con decisión" si Rusia invadía Ucrania. El gobierno de Biden, insiste, también desclasificó información sobre la planificación de la guerra de Rusia con la "creencia equivocada" de que esto, de alguna manera, le disuaría de una invasión. En palabras del enviado de Trump a Europa, la preferencia de Biden por utilizar el conflicto de Ucrania como una guerra indirecta para perjudicar a Rusia en lugar de ayudar a Ucrania a ganar la guerra es también la razón por la que EEUU "no ha hecho nada para promover un alto el fuego o un acuerdo de paz".

Lo que proponía Kellogg en su artículo era justamente lo mismo que de forma sucinta ha avanzado Trump tras entrevistarse con Putin durante hora y media: conversaciones de paz para un alto el fuego. No era, pues, ninguna novedad que el presidente de EEUU iba a hacer lo que ahora ha avanzado. Como recuerda Kellogg, ya en 2023, se produjo una ruptura entre el establishment de la política exterior y la administración Biden en relación con Ucrania cuando, en un artículo de abril de 2023 publicado en Foreign Affairs, el presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, Richard Haass, y el profesor de la Universidad de Georgetown, Charles Kupchan, argumentaron que Occidente necesita una nueva estrategia para pasar del campo de batalla a la mesa de negociaciones en la guerra de Ucrania porque "el resultado más probable del conflicto no es una victoria completa de Ucrania, sino un sangriento punto muerto".

Su recomendación era que la administración Biden diera prioridad a poner fin a la guerra de Ucrania presionando por un alto el fuego y conversaciones de paz. Haass reiteró esta posición en un programa de televisión de máxima audiencia cuando dijo que la guerra era imposible de ganar y pidió a Ucrania que cambiara su estrategia para proteger y salvar el 80% del territorio que controla y buscar un alto el fuego con Rusia.

Un criminal de guerra

Para apoyar las tesis de la nueva Administración de EEUU, el teniente general recuerda que ya en mayo de 2023, durante un foro de CNN, se le preguntó a Trump si quería que Ucrania ganara. Su respuesta fue la siguiente: "Quiero que todos dejen de morir. Están muriendo. Rusos y ucranianos, quiero que dejen de morir. No pienso en términos de ganar o perder, pienso en resolverlo para que podamos dejar de matar a toda esa gente". Cuando se le preguntó si pensaba que Putin era un criminal de guerra, respondió: "Esto debería discutirse más adelante, y si dices que es un criminal de guerra, será mucho más difícil llegar a un acuerdo para detener esto". En un tuit del 17 de febrero de 2024, el experto en seguridad nacional y coronel retirado del ejército Kurt Schlichter observó: "Ucrania no está perdiendo porque EEUU no le haya dado suficientes proyectiles. Ucrania está perdiendo porque no hay suficientes ucranianos. Y yo estoy del lado de los ucranianos. Ayudé a entrenarlos". No le falta razón. Se ha estimado que la población total de la Ucrania libre se sitúa ahora en torno a los 20 millones, cerca de 37 millones si se incluye la zona ocupada, mientras que la población de Rusia está en torno a 144 millones.

Se estima que la población de la Ucrania libre se sitúa ahora en torno a los 20 millones, mientras que la rusa está en torno a 144 millones

A la luz del análisis de Kellogg hay pocas razones para pensar que las cancillerías europeas no sabían lo que haría Trump. Lo sorprendente es su inmovilismo. Probablemente, por un error de evaluación de lo que está pasando en el frente de guerra, pero también por algo mucho más preocupante. Europa, ante la previsible llegada de Trump, que ya había anunciado sus intenciones, carecía de un plan b para ofrecer una alternativa al actual statu quo. O, por decirlo de una forma directa, hizo una lectura equivocada de la situación, lo que ha llevado, una vez más, a que sea EEUU quien busque una salida a un conflicto enquistado durante casi tres años y que no tenía —veremos si triunfan las tesis de Trump— visos de solución.

El error de evaluación es todavía más grave si se tiene en cuenta que tampoco se tuvo en cuenta en el análisis un hecho cierto que debían saber los gobiernos de los 27. EEUU no es una ONG, y ya a finales de 2023, inversores estadounidenses bien relacionados con la Casa Blanca de entonces y de ahora comenzaron a mostrar su interés en la riqueza subterránea de Ucrania. Un consorcio que incluye a TechMet, una empresa de inversión en energía en parte propiedad del gobierno estadounidense, y Ronald S. Lauder, un rico amigo de Trump heredero de Estée Lauder, la conocida marca de cosméticos, se ha comprometido con Kiev para ofertar por un campo de litio ucraniano, según una carta enviada a Zelensky en su día revelada por The New York Times. No estará de más recordar que Lauder fue presidente del Congreso Mundial Judío y uno de los más influyentes inspiradores de la política de EEUU en Oriente Medio.

Borrador de acuerdo

La gubernamental Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo (DFC, por sus siglas en inglés) es un accionista importante de TechMet, lo que explica que el secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, se reuniera la pasada semana con Zelenski en Kiev para analizar cómo podría ser un acuerdo sobre los minerales de Ucrania. Bessent presentó a Zelenski un borrador de un acuerdo de cooperación económica y añadió que "a cambio de este acuerdo, EEUU seguirá proporcionando apoyo material a Ucrania".

Los errores de evaluación le han llevado a Europa a negar una salida al conflicto pese a la evidencia de que era imposible expulsar a Rusia

Las señales de que la posición de EEUU estaba girando, frente a la estrategia continuista de Europa, no acaban ahí. La guerra está agotando el arsenal de armas avanzadas de EEUU, como los misiles Himars, que podrían ser necesarios en otros conflictos, especialmente si China invade Taiwán. Es decir, EEUU tiene sus propias contiendas y conoce bien (Vietnam) que conflictos muy largos acaban socavando el apoyo de la opinión pública, lo que para un populista para Trump era lo mismo que pegarse un tiro en el pie.

EEUU, en definitiva, tenía prisa por buscar una solución. Justo lo contrario que Europa, a quien la guerra se le había hecho bola sin que ninguno de los países centrales diera una respuesta convincente sobre cómo acabar con la guerra más allá del consabido estamos profundamente preocupados. Entre otras razones, porque había consenso en que la humillación de Rusia, con casi 6.000 cabezas nucleares, era el peor de los escenarios posibles. Hasta Borrell, en alguna reunión en privado en Madrid, lo ha reconocido.

Esto explica que la guerra haya entrado en un punto muerto. Europa, sin embargo, ha seguido entregando armas de forma escalonada para no dejar tirada a Ucrania, pero, al mismo tiempo, nunca ha querido pisar el acelerador en estos tres años, lo que hubiera llevado a una conflagración directa. Es probable porque de forma ilusa, la realidad lo ha demostrado, confiaba en el colapso de la economía rusa, lo que no se ha producido. Entre otros motivos, aquí otro error de evaluación, porque en esta tercera década del siglo ha emergido lo que se ha llamado Sur Global, que en términos prácticos significa que ahora Moscú dispone de mercados alternativos para vender su producción de materias primas y bienes acabados.

Tantos errores de evaluación son los que le han llevado a Europa a negar una salida al conflicto pese a la evidencia de que era imposible expulsar a Rusia del territorio ilegalmente invadido, lo que en última instancia le va permitir ahora a Donald Trump capitalizar el proceso de paz, al menos a corto plazo. Algo que, dicho sea de paso, tiene necesariamente influencia sobre otros asuntos, como los aranceles, la inversión en gasto militar o, incluso, el prestigio como pacificador del suelo europeo. La reciente visita de un alto cargo de EEUU para entrevistarse con el presidente de Bielorrusia, el mejor aliado de Putin, refleja a las claras que Europa no se entera de nada mientras su principal socio en la OTAN se aferra a la realpolitik. La falta de liderazgo ya la está pagando Europa. El continente se apaga mecido por la peor generación de políticos en su historia reciente. Cuando no se hace una evaluación real y objetiva de lo que está pasando en el mundo suceden estas cosas.

En abril de 2024, el teniente general Keith Kellogg publicó un largo artículo en el America First Policy Institute, un think tank cercano a Trump, en el que de forma sintética adelantaba la estrategia del presidente de EEUU en caso de ganar las elecciones. Kellogg no es un militar cualquiera. Veterano de guerra en Vietnam, la guerra del Golfo e Irak, fue asesor de seguridad del exvicepresidente Mike Pence. Tras ganar las elecciones, Trump lo nombró su asistente y enviado especial para Rusia y Ucrania, lo que explica que hasta el 22 de febrero recorrerá algunas capitales europeas para negociar con Putin y los aliados de EEUU en Europa. Es, por así decirlo, el sherpa de Trump para tratar de resolver el asunto más delicado que tiene hoy Europa, la guerra de Ucrania, incluso por encima de los aranceles.

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