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El honor perdido de Candace Owens
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Carlos Sánchez

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El honor perdido de Candace Owens

Candace Owens es, probablemente, la mejor demostración de que la democratización de la esfera pública que iba a traer internet ha producido monstruos sin que las democracias hayan encontrado mecanismos de autodefensa

Foto: Candance Owens. (Reuters)
Candance Owens. (Reuters)
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Puede parecer un hecho aislado, pero no lo es. Este jueves se conoció que Emmanuel Macron y su esposa Brigitte han presentado una demanda en EEUU por difamación —aquí el texto en inglés— contra Candace Owens, una influencer de extrema derecha que, en uno de sus pódcast, afirmó que la primera dama de Francia “es, de hecho, un hombre”. Según Owens, Brigitte nació varón bajo el nombre de Jean-Michel Trogneux.

En pleno delirio, la influyente estadounidense, que durante mucho tiempo apoyó a Trump, aunque ahora se arrepiente, llegó a decir que el presidente francés y su esposa eran parientes consanguíneos y que Macron fue elegido presidente de Francia como parte de un experimento de control mental realizado por la CIA, según la demanda que ha presentado el presidente francés.

Owens no es una cualquiera en las redes sociales, y no sólo porque se casó con el hijo de un adinerado extesorero del Partido Conservador británico en unas bodegas que Trump posee en Virginia, sino porque Becoming Brigitte, que así se llama la bazofia, cuenta con más de dos millones de visualizaciones en cada uno de los capítulos.

Candace Owens (36 años) representa como pocos algo así como el espíritu del tiempo que ha tocado vivir. Hace menos de una década, tras no haber acabado la carrera de periodismo, puso en marcha SocialAutopsy.com, una página web que inicialmente buscaba denunciar a los acosadores online (ella misma sufrió el hostigamiento en el instituto), pero que rápidamente, en una especie de síndrome de Estocolmo, se convirtió en un referente en lo que los especialistas denominan doxing. Es decir, una actividad que consiste en recopilar y publicar información personal de alguien o de un grupo, sin su consentimiento, con el objetivo de dañar su trayectoria pública y profesional, utilizando con ese fin la mentira.

Foto: aranceles-trump-eeuu-yale-inflacion-consumidores

Al poco tiempo, y con ese bagaje tan poco edificante, Owens fue contratada por Turning Point USA (TPUSA), una organización ultraconservadora fundada en 2012, cuyo principal desempeño es denunciar a los profesores que considera progresistas en los institutos y universidades estadounidenses. Su buen hacer tuvo éxito y hasta el propio Trump, durante su campaña electoral de 2016, se fijó en ella, de quien dijo que era una “pensadora”. En pleno ascenso mediático, se cruzó The Daily Wire, un medio ultraconservador que, como decían los viejos periodistas de algunos periódicos, sólo tiene dos verdades, el precio y la fecha.

Discursos incendiarios

La influencia de Owens no ha dejado de crecer gracias a sus discursos incendiarios. The New Yorker publicó en 2023 un amplio perfil sobre ella en el que recordaba algo que incluso le trajo problemas con los conservadores de EEUU. Durante un evento en Londres, en 2018, le preguntaron sobre el “pronóstico a largo plazo” para el nacionalismo y el globalismo, y mencionó a Hitler: “Si Hitler solo quería hacer grande a Alemania y que las cosas funcionaran bien, vale, de acuerdo. El problema es que tenía sueños fuera de Alemania. Quería globalizar. Quería que todos fueran alemanes. Que todos hablaran alemán. Que todos tuvieran un aspecto diferente. Para mí, eso no es nacionalismo”. Owens no mencionó el Holocausto”, recuerda la autora del artículo.

Así es como la influencer ha llegado a convertirse en una figura clave de la política estadounidense de extrema derecha con el apoyo de muchos conservadores y duras críticas de los liberales. Owens, en concreto, utiliza sus plataformas para intentar convencer a la población negra (ella lo es) de que políticas como el aborto, la asistencia social, las denuncias de excesiva agresión policial hacia la población negra y las reiteradas afirmaciones de que son víctimas de la supremacía blanca tienen como objetivo controlar a la población negra y su voto. Su última ‘aportación’, por decir algo, es este tuit en X en el que sostiene que apuesta su ‘reputación’ (sic) a que Brigitte Macron es un hombre. El tuit, hay que decir, tiene casi ocho millones de visualizaciones.

La influencia de Owens no ha dejado de crecer gracias a sus discursos incendiarios, sobre todo entre los hombres jóvenes

Candace Owens, como se ha dicho, no es un caso aislado. De hecho, tiene muchos imitadores, también en España, donde en los últimos años ha emergido una serie de sujetos que en otro tiempo hubieran sido despreciados y que hoy disfrutan de la democracia que quieren liquidar. En el caso de Owens, la estadounidense forma parte de una nueva ola de personalidades conservadoras en redes sociales que han captado la atención de los votantes (sobre todo hombres) de la Generación Z, desilusionados con sus perspectivas económicas y cansados de la política identitaria. Algunos estudios han estimado que los hombres jóvenes, en particular, se inclinaron hacia la derecha en las elecciones de 2024 en EEUU. En concreto, el 56% de los hombres de entre 18 y 29 años votó por Trump, lo que supone más 15 puntos porcentuales respecto de las elecciones de 2020.

Optimizar los mensajes

La relación entre el sistema político y los influencers es cada vez más evidente. Obviamente, porque los partidos han encontrado en las redes sociales un aliado para sus aspiraciones políticas. Al contrario de lo que pueda parecer, sin embargo, este idilio no ha nacido mayoritariamente para optimizar los mensajes que quieren enviar a la opinión pública, sino para desprestigiar al adversario, siguiendo la estela de lo que se hace en EEUU. Evidentemente, debido a que se trata de una herramienta económicamente poco costosa —las barreras de acceso son inexistentes— y muy eficaz en aras de amplificar lo que se quiere trasladar a un determinado público.

Es habitual que jóvenes políticos sin oficio ni beneficio se hagan un hueco en la política sólo porque tienen muchos seguidores

Numerosas publicaciones académicas, de hecho, han acreditado que detrás del incremento de la polarización política están los propios partidos, en particular los situados en ambos extremos, aunque con una diferencia esencial que los distingue. El ecosistema de la extrema derecha, como es el caso de Candace Owens y sus conmilitones, han encontrado en la mentira y en los discursos de odio un verdadero filón alimentando las más variopintas teorías de la conspiración. Así, por ejemplo, la IV Encuesta Nacional de Polarización Política, que elabora la Universidad de Murcia, ha revelado que el 82% de los entrevistados considera que la crispación política ha aumentado en España respecto de hace cuatro años en plena eclosión de las redes sociales. Un crecimiento que va en paralelo al consumo de la política, que no deja de crecer, como muestran las audiencias de televisión.

Las redes sociales mal utilizadas, en este sentido, no solo cumplen un papel que denigra la política entendida como un instrumento de cooperación en busca del bien común, sino que, además, se han convertido en una herramienta de reclutamiento de advenedizos de la política, cuyo único interés es medrar. Cada vez es más habitual que jóvenes políticos sin oficio ni beneficio se hagan un hueco en las direcciones de los partidos políticos simplemente porque tienen muchos seguidores o disponen de una enorme capacidad para escupir barbaridades en las redes sociales. Es decir, justo lo contrario que lo que se pretendía con la construcción del Estado liberal, cuando se creía que una carrera profesional previa, no necesariamente académica, era condición sine qua non para ejercer la política.

Está acreditado que el manejo ideológico de los algoritmos por parte de las plataformas favorece la polarización política

Este sistema de selección adverso de los dirigentes a partir de un ciberactivismo intensivo no es gratis, y, de hecho, tiene un enorme coste en términos de gestión de la cosa pública, pero también político. Está acreditado que en el origen de las crisis de los sistemas democráticos liberales, en el sentido profundo del término, se encuentra lo que algunos han llamado vulgarización de las élites, que no es otra cosa que una degradación de los mecanismos de selección de los cuadros políticos. En este caso, colocando, nunca mejor dicho, en puestos de responsabilidad a simples activistas en el peor sentido del término (hay que advertir que no todo el activismo tiene un perfil peyorativo). Entre otras razones, porque la falta de democracia interna en los partidos, aunque generalizar siempre es injusto, facilita los mecanismos de cooptación desde el poder. Es decir, el clásico dedazo que erosiona la democracia.

Democracias vulnerables

Esta fugaz forma de escalar en los partidos explica, en muchas ocasiones, que exista un incentivo perverso en favor de la alteración de los expedientes académicos en aras de demostrar que detrás del manejo oportunista de las redes sociales hay algo más. Sin duda, porque en los propios partidos, en la mayoría de los casos, existen comportamientos bonapartistas. Es decir, carecen de instrumentos de fiscalización de los propios dirigentes por miedo a enfadar al líder, lo que a la postre degrada la propia política.

“¿Cómo puede saber la gente que todo eso es mentira?”, se llega a preguntar Böll en la obra. Los tabloides de hoy son las redes sociales

El resultado, como no puede ser de otra manera, son democracias vulnerables en manos de auténticos insensatos. Y Candace Owens es, probablemente, su mejor y triste exponente. La presunta democratización de la esfera pública que iban a traer internet y las redes sociales, al final, ha producido monstruos sin que las propias democracias hayan sido capaces de encontrar mecanismos de autodefensa.

También está acreditado que el manejo ideológico y con fines lucrativos de los algoritmos por parte de las plataformas tecnológicas favorece la polarización política, y lo que no es menos importante, altera la agenda pública. Hay evidencias de que los legisladores cambian frecuentemente sus prioridades políticas para ajustarse a las tendencias mayoritarias en Internet, como ocurre, por ejemplo, en relación a la inmigración. No es casual el auge de los sucesos, por pequeños que sean, que se produce en el ámbito de las redes sociales y de las televisiones.

Tampoco es nada nuevo. El escritor alemán Heinrich Böll publicó en 1974 un premonitorio libro, ‘El honor perdido de Katharina Blum', del que posteriormente se hizo una película, en el que denunciaba las prácticas repugnantes de la prensa sensacionalista, capaz de destruir la vida de una persona mediante el sutil instrumento de la deshumanización con el único fin de vender más ejemplares. “¿Cómo puede saber la gente que todo eso es mentira?”, se llega a preguntar Böll en la obra. Los tabloides de hoy son las redes sociales. La diferencia estriba en que en aquella época los ‘quality paper’ eran una realidad para desmentir bulos y difamaciones, pero hoy su influencia no deja de caer. Candace Owens, en este sentido, no es más que la fiebre de un sistema de intermediación informativa herido de muerte.

Puede parecer un hecho aislado, pero no lo es. Este jueves se conoció que Emmanuel Macron y su esposa Brigitte han presentado una demanda en EEUU por difamación —aquí el texto en inglés— contra Candace Owens, una influencer de extrema derecha que, en uno de sus pódcast, afirmó que la primera dama de Francia “es, de hecho, un hombre”. Según Owens, Brigitte nació varón bajo el nombre de Jean-Michel Trogneux.

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