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Carlos Sánchez

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Europa y la guerra: el dramático discurso de un general francés

Ucrania afronta un escenario inquietante: elegir entre una paz que a nadie va a gustar (salvo al país agresor) o el riesgo de seguir luchando y terminar, miles de muertos después, con un acuerdo peor

Foto: Fabien Mandon, jefe del Estado Mayor de la Defensa de Francia. (EFE)
Fabien Mandon, jefe del Estado Mayor de la Defensa de Francia. (EFE)
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Ha pasado de puntillas para la opinión española, no así para la francesa, un importante discurso pronunciado hace escasos días por el general Fabien Mandon, jefe del Estado Mayor de la Defensa de Francia. Mandon no es un militar cualquiera. Fue jefe de gabinete del presidente de la República y en calidad de responsable de los ejércitos se dirigió al congreso de los alcaldes franceses para hacer un llamamiento verdaderamente dramático.

“Si nuestro país flaquea”, aseguró en un tono severo, “porque no está dispuesto a aceptar perder a sus hijos o no está dispuesto a sufrir económicamente debido a que las prioridades se centrarán en la producción de defensa, estamos en peligro”. Puso una fecha que está a tiro de piedra. “En el Pentágono”, dijo, “hay un reloj visible para todos los oficiales que prestan servicio allí que cuenta los días que faltan hasta 2027. EEUU cree que ese año China se apoderará de Taiwán y entrarán en confrontación”, aseguró. “Lo que quiero decir”, continuó, “es que no se trata solo de análisis de inteligencia. Hoy en día, la primera potencia mundial tiene en el centro de su defensa un horizonte de 2027”.

Puso otra fecha. “Lamentablemente”, aseguró, “la Rusia actual, según la información a la que tengo acceso, se está preparando para una confrontación con nuestros países en el horizonte de 2030. Se está organizando para ello y está convencida de que su enemigo existencial es la OTAN, son nuestros países”, remarcó en un tono no menos dramático. A partir de este discurso, no es de extrañar que con la solemnidad que le caracteriza, Macron haya anunciado un proyecto para restaurar el servicio militar, todavía voluntario.

"En el Pentágono hay un reloj que cuenta los días que faltan hasta 2027. EEUU cree que entonces China se apoderará de Taiwán"

Más allá del histrionismo que caracteriza a la política francesa, donde los conflictos se viven con un sentido de la gravedad mayor que en otro país, es posible que debido al celo en mantener el viejo republicanismo de la revolución, lo cierto es que es en Francia donde el conflicto con Rusia, al margen de los estados limítrofes, se vive con mayor preocupación. “En 2008, Rusia atacó Georgia; en 2014, se apoderó de Crimea; en 2022, lanzó un ataque en Ucrania apoderándose de cuatro regiones que hoy en día ha conquistado prácticamente en su totalidad. Por lo tanto, cuando vemos esta película: 2008, 2014, 2022, no hay ninguna razón para imaginar que sea el fin de la guerra en nuestro continente”, aseguró.

Objetivo, Asia

El futuro, según este análisis, es estremecedor, y de ahí la importancia de las declaraciones del general Mandon, con un factor añadido. Desde hace varios presidentes, dijo, “vemos constantemente que, en el ámbito de la defensa, EEUU se está concentrando en Asia”, lo que significa alejarse de Europa, que además debe enfrentar a lo que viene del África subsahariana, profundamente desestabilizado.

El tiempo dirá si el tono dramático del general Mandon lo merece, pero parece evidente, aunque la política española lo minimice por atender solo a los asuntos pequeños, aunque no irrelevantes, que la política de seguridad y defensa está desde hace tiempo en el centro de las preocupaciones de Europa.

Probablemente, porque desde que Rusia invadió Ucrania hace ya casi cuatro años, Europa ha centrado sus objetivos en una paz imposible que pasaba necesariamente por la derrota de Moscú en el campo de batalla. Imposible no porque no fuera deseable, sino porque parece obvio que EEUU nunca quiso una Rusia humillada cuando dispone de un arsenal de miles de cabezas nucleares listas para ser operativas. Washington siempre ha preferido una guerra larga, sin vencedores ni vencidos, porque además era la mejor noticia para su industria militar. Entre otras razones, como decía el general francés, porque su objetivo estratégico está en China, que nunca dejará de reclamar su soberanía sobre Taiwán, el primer productor de semiconductores del mundo.

Europa, con una indudable capacidad de ensoñación, ha visto siempre el conflicto con Ucrania con un cierto idealismo

Europa, con una indudable capacidad de ensoñación, ha visto siempre el conflicto con Ucrania con un cierto idealismo, necesario en política, pero poco práctico cuando se trata de relaciones internacionales, desde un doble ángulo. En primer lugar, como una oportunidad para mejorar su autodefensa, financiando costosos programas militares en aras de lo que se ha llamado autonomía estratégica; mientras que, por otro lado, al menos formalmente y sin ninguna base real, parecía estar convencida de que Rusia sería derrotada en el campo de batalla y saldría del Donbás humillada. Se llegó a escribir que Rusia era un tigre de papel.

El tiempo ha demostrado que esa idea era una falacia, lo que muestra que las cancillerías europeas estaban profundamente equivocadas en el desarrollo de la guerra. No así EEUU, que nunca ha estado dispuesto a correr el riesgo de una tercera guerra mundial por un territorio situado a miles de kilómetros de Washington localizado, además, en un rincón del Este de Europa, lo que explica que Trump, con su visión de empresario que firma acuerdos hasta con el diablo, haya dejado a Europa sin argumentos. Está tan sobrado que ni siquiera cuenta con los propios diplomáticos de EEUU, que ven por la televisión lo que negocia su yerno, Jared Kushner, y su enviado especial, Steve Witkoff, un magnate inmobiliario con quien Trump juega habitualmente al golf.

Doble discurso

Hoy los gobiernos europeos pintan poco o nada en el proceso de paz, si se puede llamar así, por haber sido incapaces de mantener un doble discurso que en ningún caso era incompatible. Por un lado, seguir ayudando a Ucrania militarmente para reconquistar su territorio ocupado y, por otro, explorando una salida diplomática, que es lo que ahora está haciendo Trump. La propuesta de paz de Alemania, Francia y Gran Bretaña llega tarde, y eso ha impedido que Europa lleve la iniciativa en un asunto que le concierne más que a nadie. Ha llegado tan tarde que, como algunos analistas han señalado, se ha alcanzado una situación en la que Ucrania está atrapada en una paradoja.

La geografía manda y Europa y Rusia, guste o no, comparten miles de kilómetros de fronteras. Hay que mirar más a los mapas

Por un lado, no está en condiciones de imponer una paz justa (y cuanto antes se entere Europa mejor para todos) y, por otro, tampoco está en condiciones de mantener una guerra larga por el propio desgaste de las fuerzas ucranianas, que son quienes sufren la agresión de Moscú, que hoy, y esto no es irrelevante, produce más armamento de lo que consume en el campo de batalla. Ni siquiera Europa ha sido capaz de sujetar a Orbán, que esta semana se ha paseado por el Kremlin tras entrevistarse con Putin como si Hungría no fuera parte del Consejo de Europa y de la política de sanciones.

La caída del número dos de Zelenski por un asunto de corrupción, en este sentido, no es más que una señal (junto a otros casos) de que el presidente está acorralado en su país y no es descartable que si las negociaciones se atascan EEUU Trump lo deje caer con alguna operación de inteligencia. Andrey Yermak, hay que recordar, fue designado por el presidente ucraniano hace poco más de una semana para encabezar la delegación que participa en las conversaciones de paz y Trump tiene prisa para acabar con la guerra, lo que debilita aún más la posición de Zelenski, cuyos aliados en Europa (convertida en el patio trasero de EEUU) están al margen de las negociaciones. The New York Times ha publicado que el canciller Merz se enteró por la prensa de los planes de la Casa Blanca, lo que refleja que la política de adulación llevada hasta ahora por la Europa de Von der Leyen frente a Trump convierte al viejo continente en algo parecido a la nada.

Entre lo malo y lo peor

De esta manera, Ucrania se enfrenta a un escenario verdaderamente inquietante. Está obligada a elegir entre una paz que a nadie va a gustar (salvo al agresor) o el riesgo de seguir luchando y terminar, miles de muertos después, con un acuerdo peor. Esto quiere decir, ni más ni menos, que Europa, y también Ucrania, debe elegir entre lo malo y lo peor, aunque duela, lo que no es incompatible con acelerar sus propias capacidades defensivas con el horizonte estratégico de normalizar las relaciones con Rusia, como, por cierto, incorpora el plan de Trump cuando habla de reincorporar a Moscú de forma progresiva al teatro internacional, incluyendo el regreso al G-8.

La geografía manda y Europa y Rusia, guste o no, comparten miles de kilómetros de fronteras. Al fin y al cabo, como decía Josep Piqué, en las relaciones internacionales hay que mirar más a los mapas para diseñar una estrategia sólida y sostenible en el tiempo. Lo peor que puede suceder, de hecho, es que Europa se deje llevar por un cierto determinismo histórico, como si el conflicto con Rusia fuera inevitable o una profecía autocumplida.

La propuesta de Alemania, Francia y Gran Bretaña llega demasiado tarde y ha impedido que Europa lleve la iniciativa

Y en este sentido, es mejor hacer un ejercicio de realpolitik que seguir creyendo que el fenómeno MAGA es efímero. Ya hay pocas dudas, más allá de Trump, que EEUU desea desvincularse del futuro de Europa. Entre otras razones, porque los vínculos culturales con el viejo continente han ido desapareciendo. Si las generaciones anteriores de estadounidenses miraban a Europa con cierta veneración como el territorio de sus antepasados gracias a una cultura común, hoy para la mayoría Europa es un continente viejo que se parece más a un museo que a una nación de naciones. Mejor llevar la iniciativa en Ucrania que asistir como convidado de piedra.

Ha pasado de puntillas para la opinión española, no así para la francesa, un importante discurso pronunciado hace escasos días por el general Fabien Mandon, jefe del Estado Mayor de la Defensa de Francia. Mandon no es un militar cualquiera. Fue jefe de gabinete del presidente de la República y en calidad de responsable de los ejércitos se dirigió al congreso de los alcaldes franceses para hacer un llamamiento verdaderamente dramático.

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