Rajoy no puede decir no
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Begoña Villacís

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Rajoy no puede decir no

Queremos algo más de la iniciativa del partido más votado, queremos fecha, queremos pacto, queremos debate y si no es mucho pedir, un gobierno

placeholder Foto: El presidente en funciones, Mariano Rajoy. (Reuters)
El presidente en funciones, Mariano Rajoy. (Reuters)

¿Veis como se ha atrevido a presentarse? me reclamaba un huevo por twitter ayer. Me pareció una pregunta lapidaria, imaginé a alguien que suspiró de alivio cuando el Sr. Rajoy medio dejó caer que aceptaba el encargo del Rey. “Se ha atrevido”- dijo, como queriendo revindicar el arrojo del candidato, cuando finalmente había encontrado una excusa para ello.

Tengo razones para pensar que las prisas por airear la noticia a los cuatro vientos le impidió terminar de ver aquella rueda de prensa que superaba todos los cánones de la normalidad. Si uno buscaba certidumbres, desde luego aquel no era el foro, admitamos que en el fondo todo se redujo a un - si hay que ir se va, pero ir pa´ na´ es adelantar acontecimientos, y “eso no lleva a ninguna parte”.

Ha hecho bien en aceptar, y hará bien cumpliendo con su inexcusable obligación, que no es otra que la que ya ha anunciado, tratar de conseguir apoyos

Algunos analistas que han acudido a la ardua labor de descifrar lo que allí se dijo, sostienen que el presidente en funciones ha aceptado el encargo, pero que planea no concurrir a las Cortes, si estima que los apoyos no son suficientes para garantizarse la presidencia. Esta afirmación sólo se explica desde el vértigo que tiene que producir una caída desde una mayoría absoluta, asomarse por primera vez a un universo cargado de negociaciones, pactos y cesiones y no sólo de concesiones como era costumbre.

Lo cierto es que nuestra Constitución no admite el margen de maniobra que el candidato se atribuye. La Constitución es meridianamente clara, y desde luego no ofrece un traje a la medida de cada investidura y mucho menos del perfil de cada candidato. El Rey propone un candidato que, al aceptar, asume el encargo de exponer su programa a la cámara con el fin de obtener su confianza. El Sr. Rajoy no ha aceptado intentarlo, ha aceptado hacerlo, ha asumido que los votos no sólo están al servicio del disfrute de una noche en un balcón de Génova, el verdadero sentido del voto es la conformación de un gobierno.

Y ha hecho bien en aceptar, y hará bien cumpliendo con su inexcusable obligación, que no es otra que la que ya ha anunciado, tratar de conseguir apoyos desde el día siguiente, en un genuino reconocimiento de haber consumido un mes entero no haciéndolo.

Ya no vale ser un mago midiendo los tiempos, lo que desde hace mucho tiempo se está midiendo, es la paciencia de los ciudadanos

A partir de ahora, el Partido Popular habrá de demostrar su conocimiento de la realidad, y eso incluye la capacidad de entender al otro y matizar lo propio. En definitiva, mostrar que se tiene la altura de miras que la situación actual exige si cómo parece aceptan la existencia de dos únicas alternativas; Un plan A, o un Plan B. Un Plan A, que supondría apostar por una Gran Coalición, un gobierno de amplio espectro conformado por partidos constitucionalistas, a saber PP, PSOE y Ciudadanos. Un Gobierno fuerte y una mayoría sólida de 254 escaños para afrontar los principales retos que necesita España. O un Plan B, un Gobierno en minoría de Rajoy con apoyos puntuales de los partidos de la oposición.

Llegado a este punto, ya no vale ser un mago midiendo los tiempos, lo que desde hace mucho tiempo se está midiendo, es la paciencia de los ciudadanos. Puede que el PP no sienta la urgencia de solucionar esto, quizás fantasean con unas terceras elecciones que les devolvieran esa mayoría absoluta que las urnas insisten en negarles pero sin la que no saben vivir ni gobernar. Sea como fuere, los españoles sí tenemos esa urgencia, queremos algo más de la iniciativa del partido más votado, queremos fecha, queremos pacto, queremos debate y si no es mucho pedir, un gobierno.

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