Encuestas

Tras 40 años de democracia, es la hora de que dejemos de ser una excepción; es la hora de mirar lo que pasa en Europa, y quizás así entiendan el éxito de Ciudadanos

Foto: El presidente de Cs, Albert Rivera, y la líder naranja en Cataluña, Inés Arrimadas. (EFE)
El presidente de Cs, Albert Rivera, y la líder naranja en Cataluña, Inés Arrimadas. (EFE)

Esta mañana me pedían valoración de las últimas encuestas publicadas y es la primera vez que respondo a unas encuestas que nos sitúan como primera fuerza política en España. Consciencia: vivimos en un carrusel informativo que certifica que las únicas encuestas válidas se producen a pie de urna. Prudencia: cuando vienen bien dadas y cuando vienen mal dadas, prudencia también al resto de partidos, lo coyuntural ya no sirve para explicar un cambio de fondo. Hasta hace bien poco, desde los partidos tradicionales se seguía tratando a Ciudadanos como el producto de una situación de crisis de las instituciones, como una corriente surgida del cansancio de los ciudadanos con la política, que se diluiría en cuanto las cosas volvieran a su sitio.

Ajenos a cualquier realidad y alejados de cualquier técnica de gestión del cambio —más acostumbrados a dejar que las cosas se pudran o arreglen solas—, los partidos de la vieja política cometieron dos errores. El primero, subestimar la fuerza de un grupo de personas surgidas de la sociedad civil con la intención principal de regenerar nuestra política e instituciones; y el segundo, pensar que la España poscrisis, pasada la turbulencia, sería igual que la anterior.

Esas encuestas que causan alarma en Ferraz y Génova, azuzadas ahora por el triunfo en las elecciones catalanas de un partido que dice lo mismo en Huelva y en Barcelona, no deberían sorprenderles si hubieran entendido el mensaje que los españoles están enviando a sus políticos desde hace ya más de un lustro: salir de la partitocracia, entender la huella que la crisis y la corrupción han dejado en todos nosotros, abandonar sus políticas de máximos para buscar puntos de encuentro y lo más importante, hablar claro, hablar claro, sin complejos ni servidumbres de ningún tipo.

El ciudadano ajeno a la política se encontraba cada día ante un teatro, ante la dificultad cada vez mayor de encontrar prensa no alineada con uno u otro bando y ante la velocidad supersónica con que los ciudadanos responden a las palabras del partido rival, pero rara vez para proponer soluciones.

En poco tiempo, Ciudadanos ha demostrado que es capaz de llegar a consensos; capaz de hablar con todos y capaz de pactar con transparencia. Ha llevado al Parlamento proyectos de ley e iniciativas trabajadas con toda la sociedad civil, y, sobre todo, ha dejado claro que España no puede depender de la distopía de los partidos nacionalistas, que son egoístas en esencia y que incluso han logrado contagiar su discurso a los partidos nacionales, basta ver lo que dicen en una y otra punta de España.

Es la hora de entender que en las democracias consolidadas la gente vota a quien le parece que va a aportar soluciones y no por viejos apriorismos

La vieja política no se ha dado cuenta de que, tras 40 años de democracia, es la hora de que dejemos de ser una excepción; es la hora de mirar lo que pasa en Europa, y quizás así entiendan el éxito de Ciudadanos. Es la hora de entender que en las democracias consolidadas la gente vota a quien le parece que va a aportar mejores soluciones y no por viejos apriorismos ideológicos.

Y esto va a ir a más: en toda Europa se está generando un espacio político que tiene más que ver con la innovación, con nuevas formas de transferencia de conocimiento, con las nuevas formas de desarrollarse personal y profesionalmente y, sobre todo, con políticas públicas que acompañan al individuo sin absorberle, con consensos amplios en el marco de unas libertades individuales y colectivas. Ni España ni nuestros problemas se explican bajo oxidados y conservadores paradigmas izquierda-derecha, donde la etiqueta pesa más que la política y no al revés, y es esa certeza la que obliga a que esos mismos partidos empiecen tímidamente a pensar por qué los ciudadanos han llegado a desconectar de ellos, cuando fueron ellos los primeros en desconectar de los ciudadanos.

Mirada Ciudadana
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