Bruselas

La causa de los actos de terrorismo contra Occidente no hay que buscarla en lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer. Porque, como dijo David Cameron: "Nos matan por lo que somos"

Foto: Cientos de personas guardan un minuto de silencio en la Plaza de la Bolsa en Bruselas tras los atentados. (EFE)
Cientos de personas guardan un minuto de silencio en la Plaza de la Bolsa en Bruselas tras los atentados. (EFE)

Otra vez el terrorismo. Esta vez en Bruselas. Con toda su brutalidad, con toda su crueldad y con toda su voluntad de sembrar eso, el miedo, el terror y la angustia, no solo en Bruselas sino en todo el mundo occidental, en todos los países que compartimos con los belgas los mismos valores y los mismos fundamentos para nuestra convivencia.

Y otra vez las mismas respuestas: los minutos de silencio, los emocionantes testimonios de los supervivientes y de los familiares de las víctimas, las solemnes declaraciones de condena de todas las instituciones democráticas, los emocionados mensajes de solidaridad con las víctimas, las reuniones de los responsables para arbitrar políticas contra el terrorismo y para coordinar actuaciones que permitan detener a los terroristas.

Todas estas respuestas son necesarias, y no han faltado después de este nuevo ataque a Occidente. Y es muy bueno que se hayan producido. Y que se hayan producido en medio de una unanimidad casi total por parte de las fuerzas políticas y de las instituciones sociales de toda Europa.

Miembros de la policía y de los servicios especiales en el aeropuerto de Bruselas. (EFE)
Miembros de la policía y de los servicios especiales en el aeropuerto de Bruselas. (EFE)

La condena ha sido generalizada. Pero al mismo tiempo, y también como ocurre siempre en Occidente después de cada atentado terrorista, no han faltado las voces que, siempre desde la izquierda más o menos comunista, buscan alguna justificación para estos crímenes en los presuntos pecados que los ciudadanos de los países libres cometemos contra esas sociedades que exportan el terrorismo.

Esos comentarios, en los que políticos occidentales aprovechan el estado de 'shock' en que quedan nuestros países para colocar esos mensajes que introducen dudas acerca de la validez del sistema de convivencia occidental, son también un clásico.

Con esa superioridad moral de la que, sin saber por qué, se invisten, siempre hay algunos que aprovechan los momentos de dolor y de confusión tras esos crímenes para decir, con palabras que de tan repetidas suenan huecas, que hay que buscar las causas profundas del terrorismo.

Siempre hay algunos que aprovechan los momentos de dolor tras esos crímenes para decir que hay que buscar las causas profundas del terrorismo

Algunos, como la alcaldesa de Madrid, declaran que la causa es la fe en las religiones irracionales. Otros, como el alcalde de Zaragoza, afirman que estos asesinatos son la respuesta a las agresiones que hemos llevado a cabo los países occidentales en terceros países. Y otros, como el alcalde de Valencia, los consideran una consecuencia de la intervención de Estados Unidos en Irak. En resumen, para todos ellos, la culpa es de Occidente.

Sin embargo, y a pesar de lo que puedan decir los que no creen que nuestro sistema político es el mejor de los conocidos, la causa de los actos de terrorismo contra Occidente no hay que buscarla en lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer. Porque, como muy bien dijo David Cameron: “Nos matan por lo que somos, no por lo que hacemos”.

Nos atacan porque quieren acabar con nuestra forma de vivir y de convivir. Los terroristas, más o menos fanatizados, no asesinan inocentes en nombre de los pobres y desheredados de la tierra, asesinan para sembrar el terror y para imponer, en un plazo más o menos largo, la tiranía de su concepción del mundo, de la vida y de la sociedad.

Los terroristas no asesinan inocentes en nombre de los pobres y desheredados de la tierra, asesinan para imponer la tiranía de su concepción del mundo

Por eso, después de cada atentado, la primera actuación política que dicta el más elemental sentido común es la de mostrar el máximo apoyo a las Fuerzas de Seguridad y a los Ejércitos de los países libres para que capturen a los autores y para que destruyan las bases desde las que lanzan sus ataques.

Simultáneamente, y aún más importante, es imprescindible que en las sociedades libres y abiertas renovemos de manera radical la fe en nuestros valores, en los valores de la civilización occidental.

Ahí no puede haber relativismos ni dudas. Nuestra civilización es la que mayor progreso material y moral ha traído a la Humanidad. Eso es lo que quieren destruir los terroristas. Y lo conseguirán si no estamos convencidos de que por defender la libertad hay que arriesgar hasta la vida.

No está de más recordar ahora los versos del poeta irlandés y Premio Nobel de Literatura W. B. Yeats, en su poema de 1921 'The Second Coming' ('El segundo advenimiento'):

The best lack all conviction, while the worst

Are full of passionate intensity

Que podrían ser, en español: “Los mejores están carentes de toda convicción, mientras los peores están llenos de apasionada intensidad”.

O dicho con palabras de otro irlandés, Edmund Burke: 'The only thing necessary for the triumph of evil is for good men to do nothing'. Que podríamos traducir por: “Lo único necesario para el triunfo del mal es que los buenos no hagan nada".

Mirada libre

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