El Gobierno y el poder

Con los más de 250 diputados que juntarían PP, PSOE y Ciudadanos se podrían abordar con garantías las dos reformas más urgentes del edificio institucional español

Foto: El líder del PSOE, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados el pasado 2 de marzo. (EFE)
El líder del PSOE, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados el pasado 2 de marzo. (EFE)

En los últimos días estamos asistiendo al espectáculo (si la política ha tenido siempre algo de espectáculo, ahora toda ella es un constante posar ante las cámaras) de las reuniones (secretas, eso sí, y sin luces ni taquígrafos) entre dirigentes del PSOE, C's y Podemos para lograr un acuerdo que lleve a la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno.

Reuniones que, según parece, desembocan una y otra vez en la constatación de que es imposible que C's y Podemos acuerden una política común. Algo, por otro lado, que era absolutamente previsible para cualquiera que haya seguido la génesis y el desarrollo de estos dos partidos, absolutamente antagónicos en sus orígenes y en sus planteamientos.

Reunión de los equipos negociadores del PSOE, Podemos y Ciudadanos el pasado día 7. (EFE)
Reunión de los equipos negociadores del PSOE, Podemos y Ciudadanos el pasado día 7. (EFE)

De manera que a Pedro Sánchez, al que le cabe la hazaña de haber logrado los peores resultados del PSOE en su historia, solo le quedan ahora dos opciones para seguir influyendo en la política nacional: ser investido con la colaboración de Podemos y de los nacionalistas, o hablar con Rajoy y ofrecerse para ser su vicepresidente en un Gobierno de 'grosse koalition'.

En este caso, haría como su homólogo, el líder socialista alemán, Sigmar Gabriel, que es vicecanciller de Angela Merkel. Es evidente que, para los intereses generales de España, esta opción es la más beneficiosa. Y mucho más, si a esa 'grosse koalition' se sumara C's.

Porque con los más de 250 diputados que juntarían estas tres formaciones se podrían abordar con garantías las dos reformas más urgentes del edificio institucional español: la independencia de la Justicia y la Ley Electoral. Se podría hacer frente conjuntamente al desafío secesionista de los independentistas, y se estaría en condiciones de afrontar de la mejor manera posible la inacabable lucha contra la crisis económica, que sigue presente, como demuestra la cifra del déficit que hemos conocido hace pocos días. Aparte de que se daría a todo el mundo la imagen de una clase política española responsable, seria y patriota.

Son muchos los que han advertido a Sánchez del carácter totalitario de Podemos, que no pasa de ser un arcaico partido comunista marxista-leninista

La otra opción que le queda a Pedro Sánchez es la de formar una coalición con Podemos y los nacionalistas.

Son muchos los que ya le han advertido del carácter totalitario y antidemocrático de Podemos, que no pasa de ser un arcaico partido comunista marxista-leninista de manual, ataviado con los ropajes del populismo bolivariano y aderezado con una enorme cursilería y un eficaz manejo de las redes sociales. Sin complejos, han declarado que a ellos no les interesa el gobierno, que ellos quieren el poder. Y ya sabemos lo que significa el poder en manos de un totalitario.

Tener una línea roja para no hablar con el PP y no tenerla para sentarse con Podemos es, y tengo que decirlo sin tapujos, una perversión democrática

Pero, a riesgo de ser reiterativa, voy a recordarle a Pedro Sánchez, por si le ha pasado desapercibido, lo que dice el concejal de Economía y Hacienda del Ayuntamiento de Madrid, un exmilitante de Izquierda Unida que se declara marxista ortodoxo. Sin el menor rebozo, este señor, que es lo que es gracias a la personal voluntad del señor Sánchez, que ha querido que en Madrid gobierne una coalición inspirada por Podemos, dice que “no queremos ser los mejores gestores del sistema, hemos venido a derribarlo”. Y añade: “No basta con blanquear el cortijo, hay que expropiarlo”. El cortijo ya sabe el señor Sánchez qué es.

Y esto es solo un botón de muestra de lo que nos espera a todos, y a él el primero, si se une a un partido que, además, ha sido creado y financiado con el apoyo de al menos un país extranjero, que, además, es una dictadura.

Tener una línea roja para no hablar con el PP y no tenerla para sentarse con Podemos es, y tengo que decirlo sin tapujos, una perversión democrática.

Mirada libre

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