Todos somos Capdevila: la lección que aprendí de Carlos Matallanas
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Héctor G. Barnés

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Todos somos Capdevila: la lección que aprendí de Carlos Matallanas

Tanto Carlos como yo creemos en aquella frase de Camus: "Todo lo que aprendí sobre la moral y la responsabilidad del hombre lo aprendí del fútbol"

placeholder Foto: Capdevila, sin creerse lo que le está pasando. (Efe/Laurent Sansen)
Capdevila, sin creerse lo que le está pasando. (Efe/Laurent Sansen)

[Este artículo fue publicado el 28 de febrero. Carlos Matallanas falleció el 9 de marzo de 2021. Sirva esta columna de homenaje a su labor]

Al parecer, en uno de esos documentales que proliferaron después del Mundial de Sudáfrica, Joan Capdevila confesaba que no se había hecho a la idea de haber sido uno de los elegidos para la gloria en Johannesburgo. Que él solo era un chaval normal que jugaba al fútbol como tantos otros, no una leyenda del deporte. En 2010, Capdevila ya tenía 32 años y nunca había pasado por un grande, más allá de una temporada en el Atlético de Madrid. Era uno de los futbolistas de aquel equipo con un perfil más bajo, y el único que no jugaba ni en el Madrid ni en el Barcelona.

Foto: Nuestro compañero Carlos Matallanas. (Whitepress)

El compañero Carlos Matallanas recuerda la anécdota en su último libro, 'La vida es un juego. Estrategia para Mario y Blanca', editado por Aguilar. De Capdevila escribe lo siguiente: "Olvidaba el bueno de Capdevila que cualquier equipo debe tener un lateral izquierdo, que la gloria también está destinada a los curritos, a los trabajadores sin alardes". El libro toma la forma de unas memorias en forma de manual de vida para sus sobrinos (uno real y otra imaginaria) y está lleno de paralelismos entre el fútbol y nuestra vida cotidiana, metáforas iluminadoras sobre el día a día.

"Era tan malo que me ponían de entrenador: cuanto más lejos del campo, mejor"

Tanto Mata como yo creemos en la máxima de Albert Camus: "Todo lo que aprendí sobre la moral y la responsabilidad del hombre lo aprendí del fútbol". Una de ellas, pero no la menos importante, la de aprender a aceptar la frustración, a moderar las expectativas, a aprender a ocupar el lugar que te corresponde aunque al principio no te guste. Fíjense si yo era tan malo jugando al fútbol que no era lateral izquierdo, ni siquiera portero como Iker Casillas, que como se comentaba en mi barrio (que era el suyo) terminó haciendo carrera bajo los palos por su inutilidad con los pies. No, yo era tan malo que era el entrenador del equipo a los 10 años. Vamos, cuanto más lejos del campo, mejor.

Supongo que ya conocerán a Carlos Matallanas, y si no, les animo a que busquen sus artículos en El Confidencial. Para el que no, un breve resumen de su vida: futbolista semiprofesional hasta 2014 y periodista de deportes en El Confidencial, fue diagnosticado con ELA en aquel año y desde entonces se ha convertido en una de las caras visibles de la enfermedad en nuestro país. Una condición que le impide mover los músculos, pero no le impide ser analista técnico para clubes como el Fuenlabrada. Ah, y tiene muchos y muy buenos amigos. Eso queda claro en cuanto pisas esta redacción.

Foto:  Opinión

Carlos demuestra en su libro una gran inteligencia psicológica para entender el funcionamiento de los individuos y de los grupos humanos, de las ambiciones y la frustración, de las necesidades y las obligaciones. Por ejemplo, de los mediocentros dice que son esa clase de individuos con un talento especial que hacen que todos sean un poco mejores; del extremo, que parecen estar siempre bajo sospecha, pero porque se les ve más que a nadie; de los delanteros, que son egoístas porque precisamente son los más exigidos de cara a portería; del título de capitán, que es un homenaje a la veteranía, y por eso no tenía sentido que su amigo Fernando Torres lo fuese a los 22 años.

Quizá por mi carácter, me habría gustado ser defensa central: "Si os toca ser centrales, sabed que vais a ser respetados y queridos por los que verdaderamente importan. Quizá no sintáis que se os aprecie en ciertos ámbitos por aquellos que tienen la escala de valores desviada por el éxito. Pero seréis gente útil para que todo funcione, necesarios para hacer el mundo un poco mejor desde el anonimato. Como un buen profesor de instituto o un médico de cabecera en un pequeño núcleo de población".

Todos somos Capdevila porque todos nos hemos sentido en algún momento un poco impostores, hemos pensado que no nos tocaba estar ahí, pero todos hemos querido un poco ser centrales, no tener que soportar con la carga de ser el foco de atención, ayudar a la sociedad. La pandemia ha sido el año de los centrales.

El fútbol como piedra Rosetta

Carlos realiza una precisión con la que estoy completamente de acuerdo: hasta del futbolista más tonto se puede aprender mucho sobre la vida. Es algo que me di cuenta cuando a los diez años cayó en mis manos 'Mis jugadores y yo' de Johan Cruyff, uno de los mejores libros de psicología y comportamiento social que he leído nunca. La capacidad que tenía el jugador y entrenador holandés para retratar en un puñado de frases el físico, la mente y el alma de sus futbolistas (o de los futbolistas del equipo rival) me ayudó a darme cuenta de que el fútbol podía ser una piedra Rosetta del comportamiento humano.

Un equipo de fútbol es un homenaje a sus componentes, que ríen y lloran juntos

Es un recurso bastante habitual utilizar los entornos laborales que uno conoce o determinadas organizaciones animales como metáfora para entender la sociedad. En cierto sentido, es lo que ha hecho gran parte de la animación reciente, desde películas como 'Zootopía' hasta 'Bichos', que han sustituido historias de éxito personal por parábolas sociales bajo el mensaje "encuentra tu lugar en el mundo". La mayoría de las veces resulta poco creíble, nada más que una metáfora tranquilizadora que nos hace sentir bien siendo como somos (ricos o pobres, fracasados o triunfadores). Menos cuando se trata de fútbol, como ocurre en el caso del libro de Matallanas, probablemente por la inteligencia con la que lo relata.

¿Qué diferencia al fútbol que lo hace tan proclive a esta clase de paralelismos? ¿Por qué seguimos creyendo que un campo de fútbol puede sintetizar la esencia de lo que supone ser un hombre? Porque quizá se trata del mejor metarrelato que existe en un mundo en el que desaparecieron los metarrelatos, y ni la religión, ni el trabajo, ni la familia ni la patria proporcionan esa capacidad de trascendencia que tuvieron en el pasado. El fútbol es el mejor metarrelato porque, en última instancia, el equipo no deja de ser un homenaje a los que lo conforman, es decir, a los seres humanos que sufren, lloran, ríen, se equivocan, aciertan, ganan y pierden juntos. Un metarrelato de los hombres para los hombres donde la responsabilidad moral es clave frente al cinismo que todo lo devora.

placeholder Carlos Matallanas delante de su ordenador y con la camiseta del Fuenlabrada. (Cata Zambrano)
Carlos Matallanas delante de su ordenador y con la camiseta del Fuenlabrada. (Cata Zambrano)

Puedo decir con orgullo que soy compañero de Carlos Matallanas sin necesidad de ser su amigo. Es más, no recuerdo haber hablado nunca con él, más allá de haber intercambiado algún 'email' por razones de trabajo. Sin embargo, cada vez que me tocaba editar alguna de las columnas donde narraba la evolución de su enfermedad, un trabajo en general aburrido y pesado, lo hacía con gusto, intentando que quedase lo mejor posible, pues si él se había tomado la molestia de escribirlo a pesar de su situación lo justo era que apareciese en El Confidencial cuidado al máximo.

Esa es la lección sobre el compañerismo que aprendí de Carlos Matallanas. Que a veces no hace falta ser amigos, ni siquiera hablar o saludarse, para saber que en esa organización (un periódico, una empresa, un equipo de fútbol) hay otra persona responsable, talentosa y sensible que cumpliendo con su papel está ayudando a que tú también cumplas con el tuyo. Defender como lateral izquierdo para que el delantero pueda marcar goles, pero también marcar goles para que ese lateral izquierdo, que podría ser Capdevila o tú mismo, un buen día se sorprenda ganando el Mundial. Con Carlos como compañero, es más fácil ser campeón.

Carlos Matallanas