El ridículo Supremo

El dictamen europeo deja en evidencia a Marchena, convierte a Junqueras en un mártir y proporciona a Puigdemont un regreso mesiánico

Foto: El juez del Tribunal Supremo Manuel Marchena. (EFE)
El juez del Tribunal Supremo Manuel Marchena. (EFE)

La negligencia del Tribunal Supremo ha proporcionado al soberanismo una nueva victoria de propaganda, entre otras razones porque la sentencia de la Justicia europea sobrentiende que Junqueras ha sido expuesto a un proceso judicial completamente anómalo e irregular.

No podía haber sido juzgado sin el beneplácito del Europarlamento —el famoso suplicatorio— ni debía haber permanecido en prisión provisional. Semejantes evidencias no contradicen los delitos en que ha incurrido ni lo convierten en impune, tampoco suponen la nulidad del proceso ni la puesta en libertad —la sentencia es firme—, pero ridiculizan el procedimiento del Supremo y pervierten la reputación clarividente que se le atribuye al juez Marchena.

Fue suya la iniciativa de preguntar a la instancia comunitaria si Junqueras era o no diputado europeo. Había sido elegido como tal. Y se había presentado con las siglas de ERC para blindarse con el aforamiento, pero el hecho de no haber recogido su acta —no se lo permitieron las autoridades españolas— implicaba una duda que ha quedado técnicamente despejada.

Y no es que Marchena cometiera solo el 'error' de preguntar. Ha sido mucho más grave no esperar la resolución del tribunal luxemburgués, razón por la cual Junqueras puede exhibirse ahora como una víctima del oscurantismo judicial del Estado opresor. Sus costaleros y colegas reclaman la libertad. Y por la misma razón, la Justicia española se ha creado su propio laberinto.

Y no es que Marchena cometiera solo el 'error' de preguntar. Ha sido mucho más grave no esperar la resolución del tribunal luxemburgués

¿Qué debe hacerse con el condenado, una vez convertido en mártir?

El dictamen no proporciona ninguna pista, ni tampoco puede hacerlo. Tampoco es vinculante, pero la declaración de inmunidad tanto desluce la credibilidad del Supremo como proporciona una carambola indescriptible a la estrategia escapista de Carles Puigdemont.

El 'expresident' tiene delante de sí un escenario portentoso. También él verá reconocida su condición de parlamentario europeo. Podrá refugiarse en la inmunidad. Y tendrá la oportunidad de regresar a España para descojonarse del Estado y de sus instituciones.

Detenerlo, lo pueden detener a iniciativa de un juez, pero soltarlo, lo deberán soltar igualmente, toda vez que el procesamiento requiere el plácet del Parlamento Europeo. Mientras tanto, Puigdemont se relame de la presunción de inocencia. Organiza su regreso mesiánico. Y tanto sopesa adelantar las elecciones catalanas como presentarse a ellas. Demostrará al pueblo elegido que nunca lo abandonó. Lo que hizo fue marcharse para regresar a hombros de las multitudes, demostrando que ha puesto en ridículo al Estado español.

Son evidentes, por tanto, las consecuencias políticas. Primero, porque ERC, expuesto a las pulsiones soberanistas del congreso del sábado, necesita demostrar a su feligresía que Madrid es un enemigo peligroso, amenazándose incluso el pacto con el PSOE. Y en segundo lugar, porque la eventual convocatoria de unos comicios catalanes obligaría a Oriol Junqueras a replantearse el maridaje con Sánchez. De otro modo, Puigdemont podría restregarle en las urnas sus relaciones peligrosas con el Estado español y su afinidad con los carceleros.

Es una victoria del soberanismo, un fracaso supremo del Supremo y una oportunidad para el crecimiento de Vox

Es una victoria del soberanismo, un fracaso supremo del Supremo y una oportunidad para el crecimiento de Vox. El tribunal comunitario no ha hecho otra cosa que un ejercicio de garantismo. Ha planteado un dictamen técnico sobre cómo y cuándo se adquiere el rango de eurodiputado, pero Abascal va a convertir el episodio en una victoria de Europa contra el orgullo de España.

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