Una pandemia... y 10 razones para el optimismo

El problema real del coronavirus discrimina los asuntos serios (medioambiente, economía, proyecto comunitario) de los frívolos, ninguno tan caprichoso como el soberanismo

Foto: Una chelista uruguaya toca para sus vecinos en el balcón. (Reuters)
Una chelista uruguaya toca para sus vecinos en el balcón. (Reuters)
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Podía leerse hace unos días en El Confidencial que el ISIS había recomendado a sus mártires y terroristas abstenerse de viajar a Europa, no fueran a contraer el coronavirus. He aquí un ejemplo tragicómico de los efectos 'positivos' de la maldición. Y no el único, por mucho que desglosarlos en un inventario pueda resultar frívolo y superficial respecto a la conmoción que padecemos.

1.- El medioambiente

No cabe imagen más concluyente que las aguas cristalinas de Venecia para simbolizar el efecto catártico que ha supuesto la parálisis del consumo y de la industria. Han descendido hasta un 30% las emisiones tóxicas. Y se ha demostrado en China que la reducción de la polución va a salvar más vidas que las víctimas mortales que ha provocado el coronavirus, siempre y cuando esta tregua se observe como una oportunidad para inculcar la emergencia climática y para no volver a diferenciar la política general de los asuntos medioambientales.

2.- El soliloquio soberanista

La emergencia de un problema real ha puesto en evidencia la vacuidad de los problemas ficticios. Ninguno tan evidente en este sentido como la 'ensoñación' del independentismo. Era el gran asunto de la legislatura, la esencia de los Presupuestos, la clave de bóveda de la supervivencia de Sánchez, pero la epidemia ha subordinado el problema territorial, hasta reducirlo al capricho de una sociedad henchida de bienestar.

3.- La crispación

Lo mismo puede decirse de la división y de la crispación a que apuntaban los próximos años. El diseño sanchista de una España progre contra una España reaccionaria ha quedado sepultado con el rito exorcista de las ocho de la tarde. Ahí sí está la España de los balcones. La sesión parlamentaria del pasado miércoles acreditaba el cambio de paradigma. Hasta Vox se comprometía a remar con Sánchez. El coronavirus ha precipitado el horizonte de una legislatura de concentración, cuyo efecto más inmediato es el aislamiento de Unidas Podemos.

4.- La delincuencia

Los delitos han descendido a la mitad y las detenciones han caído un 60%. Es el reflejo de la aprensión y de la inhibición que provoca no ya el confinamiento sino el despliegue extraordinario de policías, guardias civiles y militares. Se explica así que los delitos se hayan trasladado al ámbito cibernético, sin olvidar la represalia de las fuerzas del orden a los sujetos que se resisten a aceptar las reglas del aislamiento doméstico.

5.- ¿Unión Europea?

La crisis amenaza con desprestigiar la homogeneidad y fluidez del proyecto comunitario. Han faltado cohesión y políticas comunes. Hasta Donald Tusk, expresidente del Consejo de Europa, denunciaba el sesgo nacionalista de los Estados miembros. Cada país ha ido formulando o improvisando sus decisiones. Y ha terminado produciéndose por razones sanitarias el cierre de fronteras. Reaccionó el BCE con un plan de compra de 750.000 millones de euros, del mismo modo que la Comisión se avino a aceptar un relajamiento del déficit. El coronavirus puede ser una oportunidad para una reflexión integral y conceptual del proyecto comunitario.

6.- El teletrabajo

La idiosincrasia del mercado laboral español explica cuántos somos reacios al cambio de trabajo o al traslado geográfico. Puede decirse lo mismo del teletrabajo. O podía decirse hasta que las normas obligatorias del confinamiento y la nueva disciplina empresarial han precipitado un proceso de asimilación bastante rápido y prometedor. Hemos aprendido a teletrabajar. Y a romper la desconfianza de asalariado y patrón en beneficio del sentido de la responsabilidad.

7.- La investigación

La psicosis económica y la sobreactuación de los mercados han expuesto la fragilidad del 'sistema' y su vulnerabilidad a los accidentes inusitados. Es la perspectiva desde la que los Estados y los actores de peso —instituciones, 'lobbies', compañías— parecen haberse sensibilizado de la importancia de la investigación científica. La fórmula I+D+i es antes la coletilla de un programa político que un convencimiento.


8.-La solidaridad

El defecto de la sociedad española es el cainismo. Y la virtud es el comportamiento contrario, una filantropía y un sentido de la solidaridad que han aparecido en suelo celtibérico cada vez que ha surgido un trauma colectivo. Se amontonan los ejemplos de entrega, empezando por la abnegación de los sanitarios, aunque no hay mejor ejercicio de solidaridad que quedarse en casa, por muy paradójico que resulte.

9.- 'Mi familia y otros animales'

Así se titulaba una maravillosa novela de Gerald Durrell. Está escrita en clave autobiográfica. Y alude a su experiencia en la isla griega de Corfú, pero tanto vale el epígrafe para describir la manera en que las familias (y otros animales) se han descubierto a sí mismas conviviendo 'de verdad' bajo el mismo techo. La epidemia es una prueba de estrés en los hogares que a veces degenera en violencia, pero la crisis ha establecido una regresión a los tiempos del fuego de la caverna, aunque cada miembro de la familia tenga el salvoconducto de un móvil.

10.- El sector agrícola y el ganadero

Había comenzado el invierno con la crisis agrícola y se le habían atragantado los tractores a Sánchez, pero el aislamiento de la sociedad más la prioridad estratégica del sector alimentario han supuesto un estímulo inesperado del campo, más todavía en situaciones tan necesarias de abastecimiento y de consumo. Es una tregua que no oculta la legitimidad de las reivindicaciones ni los problemas estructurales, pero también un argumento de reflexión que convierte la España vacía en despensa y granero.

  

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