El tahúr Sánchez vampiriza a Cs

El líder socialista 'renuncia' a 30 días de prórroga, pero se garantiza 15 sin apenas condiciones instrumentalizando a Ciudadanos

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso. (EFE)

Hay que reconocerle a Pedro Sánchez la genialidad que ha urdido para conseguir una prórroga de 15 días sin apenas condiciones. La idea original consistía en prolongar todos los poderes un mes, pero el plazo en cuestión más parecía un señuelo, una maniobra disuasoria.

El tahúr Sánchez vampiriza a Cs

Tanto Cs le ponía como condición inexcusable renunciar a la tiranía de los 30 días, tanto Sánchez se aseguraba la mitad del periodo. Que era su verdadero objetivo. Y el motivo por el que ha salido inmaculado del debate parlamentario. El 'prorrogazo' era una trampa.

Ciudadanos ha quedado atrapado en ella. Y puede que no tuviera alternativa. La iracundia con que Marcos de Quinto ha marchado refleja la tensión interna del partido y 'demuestra' que Ciudadanos ha traicionado el dogma fanático del antisanchismo —no es no—, pero los efectos secundarios de la operación, ya veremos hasta dónde alcanzan, no contradicen la idoneidad ni la sensatez del apoyo.

Sánchez se relame con el sabor de la sangre naranja. La convierte en la proteína que le permite garantizarse 15 días de cesarismo

Hubiera sido contraproducente y hasta catastrófico malograr el estado de alarma. Se hubiera descompuesto el itinerario de salida, la disciplina de las fases. Y se hubiera precipitado un estado de incertidumbre cuando todavía no se ha conjurado la amenaza del rebrote.

Sánchez es consciente de semejante sugestión, como está inmunizado de la beligerancia con que lo maltratan Casado y Abascal, pero el salvoconducto de Ciudadanos tanto rompe el 'monstruo' de las tres derechas como otorga al presidente del Gobierno la silla del crupier en la mesa de juego.

Resultaba entrañable el esfuerzo con que Edmundo Bal desmentía haber participado de un pacto estructural con el PSOE. Ciudadanos se limita a prorrogar el estado de alarma y reniega de cualquier otro proyecto, pero resulta que esta frágil alianza coyuntural es exactamente lo que pretende Sánchez. No ya convertir a Cs en un aliado instrumental, sino abandonarlo cuando los requisitos de la legislatura sean otros y cuando proceda recuperar a los socios de investidura.

No se han roto los puentes con ERC, por mucho que la sesión de este miércoles fingiera un desencuentro. Iglesias ejerce de eficaz mediador. Incluso agradece que Ciudadanos se haya 'civilizado', consciente de que Marcos de Quinto le había llamado payaso y de que abandonaba el escaño porque no tolera la sumisión de Cs a las necesidades de Sánchez.

La buena noticia para Ciudadanos consiste en que ha recuperado la notoriedad, los atributos de un partido decisivo

Es difícil calcular el beneficio o el perjuicio que puede suponer al partido naranja exponerse a los colmillos de Sánchez, más todavía cuando la maquinaria demoscópica de Tezanos ha improvisado una encuesta que premia enfáticamente la solidaridad de Ciudadanos a los planes del líder socialista. Habría recuperado el músculo el proyecto de Arrimadas. Y estaría en un empate técnico con Vox, pero las conclusiones del sondeo a medida se resienten de una procaz manipulación. Tezanos organiza las encuestas no de acuerdo con la realidad, sino con la conveniencia del timonel.

La buena noticia para Ciudadanos consiste en que ha recuperado la notoriedad, los atributos de un partido decisivo. La mala noticia radica en el problema 'histórico' de la ambigüedad. La beligerancia con que Ciudadanos ataca en Madrid la "gestión catastrófica" de Sánchez se contradice con la decisión de otorgarle todos los poderes del estado de alarma.

Es la paradoja que explica la angustia del partido. ¿Cuántos votantes se marchan con la 'espantá' de Marcos de Quinto? ¿O cuántos votantes pueden regresar al rebaño si Cs logra moderar al PSOE o al PP allí donde todavía ejerce influencia? No es sencilla la posición de la bisagra, pero es muy preferible la incertidumbre del rumbo político a la claustrofobia que supone representar un papel gregario entre los populares y Vox.

Mientras tanto, Sánchez se relame con el sabor de la sangre naranja. La convierte en la proteína que le permite garantizarse 15 días de cesarismo y de magnificencia. La banca siempre gana.

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