Rosalía contra Rajoy: la venganza

No puede quedarse tranquilo el expresidente, ni por el beneficio lucrativo que confirma el Supremo ni por la represalia que implica la entrada en prisión de la mujer de Bárcenas

Foto: Rosalía Iglesias, mujer del extesorero del PP Luis Bárcenas. (Reuters)
Rosalía Iglesias, mujer del extesorero del PP Luis Bárcenas. (Reuters)

No tiene argumentos Rajoy para encenderse un habano 'póstumo' ni para sentirse la víctima de una sentencia judicial que acaso le evacuó injustamente de la Moncloa. El Supremo reprocha a la Audiencia Nacional el exceso de haber asegurado la existencia de una caja B, pero también ratifica que el PP se benefició a título lucrativo de la trama Gürtel.

Es la perspectiva desde la que Rajoy no puede reclamar un pasaje en el túnel del tiempo ni resarcirse de aquella 'espantá' que le condujo a la decisión de ahogar las penas en un restaurante de Madrid mientras Soraya ocupaba con un bolso el vacío del asiento parlamentario.

En caso de haber permanecido en la Moncloa, Rajoy debería sentirse este miércoles realmente acongojado por la sentencia más inquietante de todas. No la de los grandes artífices de la Gürtel —Correa, Crespo—, ni siquiera la de Bárcenas, pero sí la que implica la entrada en prisión de Rosalía Iglesias, o sea, la esposa del tesorero y el argumento incendiario de la venganza.

El ingreso en prisión de Rosalía representa una escena inadmisible para Bárcenas. Once años y 11 meses debe expiar la parienta. Ni la Audiencia Nacional ni el Supremo han considerado verosímil que fuera ella un florero. La cuestión es hasta dónde puede alcanzar la represalia del matrimonio. Y hasta qué extremo Luis Bárcenas dispone de informaciones peligrosas y comprometedoras en detrimento del expresidente del Gobierno.

Ni la Audiencia Nacional ni el Tribunal Supremo han considerado verosímil que Rosalía Iglesias, mujer de Bárcenas, fuera un florero

Material debía tener desde el momento en que el exministro del Interior, según parece, le organizó una trama de espionaje a cuenta del Estado que aspiraba a neutralizar las pruebas incriminatorias. No sabemos quién las tiene. Ni dónde están. Pero nada debía temer Rajoy de Bárcenas si no hubiera incurrido en algún comportamiento improcedente.

El extesorero del PP Luis Bárcenas, a su llegada a la Audiencia Nacional en mayo de 2018. (EFE)
El extesorero del PP Luis Bárcenas, a su llegada a la Audiencia Nacional en mayo de 2018. (EFE)

Fernández Díaz, Francisco Martínez y el ubicuo Villarejo movilizaron fondos reservados y 71 policías nacionales para requisarle al tesorero sus archivos delicados. Montaron un operativo indecente cuya finalidad no era otra que proteger al 'Barbas'. Y para preservarlo de una eventual extorsión.

La entrada en la cárcel de Rosalía Iglesias sobrentiende una razón definitiva para escenificar el ajuste de cuentas. Y acaso para despojar a Rajoy de la jubilación dorada que se había concedido. No fue un buen presidente del Gobierno, pero sí un magnífico expresidente del Gobierno. Al menos, hasta que los fogones de la Kitchen empezaron a calentarle la hoguera.

Aspiraba el PP a un acto de resarcimiento del Supremo. Se habían divulgado los argumentarios victimistas, pero el alto tribunal ha moderado la expectativa de acuerdo con la cual el juez De Prada, aún discutido en la sentencia, fue el cómplice necesario en la evacuación del marianismo.

Material debía tener Bárcenas desde el momento en que el exministro del Interior, según parece, le organizó una trama de espionaje

Se le reprocha haberse extralimitado en un sumario que no le concernía ni le competía la caja B—, pero la conclusión del Supremo no quiere decir que no la hubiera, como tampoco excluye la relación orgánica de la trama de corrupción y el paraguas del PP que la amparaba.

El fango era espeso y evidente. Los artífices de la Gürtel operaban en el hábitat nauseabundo de Génova. Y la cualificación de algunos cargos, como Bárcenas el tesorero, redundan en una época de corruptelas que Mariano Rajoy descuidó desde la ilustre ignorancia, a menos que Rosalía Iglesias se desquite de la mordaza y le cante ahora todas las letanías pendientes.

No es no
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