Exclusiva: Ayuso funda el Partido Nacionalista de Madrid

La presidenta imita el discurso populista-victimista al uso en los soberanismos como encubrimiento de la responsabilidad y como modelo de resistencia al sanchismo

Foto: Isabel Díaz Ayuso. EFE/JuanJo Martín
Isabel Díaz Ayuso. EFE/JuanJo Martín
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Reconozco haber hecho trampas con el titular. No es cierto que Isabel Díaz Ayuso haya fundado el Partido Nacionalista de Madrid en sentido administrativo. Pero sí es verdad que lo ha alumbrado a título implícito, simbólico y político en un ejercicio de mimetismo con otros movimientos soberanistas cuyos líderes victimizan la persecución y se atribuyen la identificación del pueblo, engendrando así la definición canónica del populismo.

No cabe recurso más flagrante para eludir las responsabilidades y sustraerse a la negligencia en la gestión del coronavirus. La creación de un enemigo exterior encubre los errores y los deriva al conflicto de los sentimientos y de las emociones. Más todavía cuando la pésima reputación de Sánchez reanima los ánimos de venganza popular. A Díaz Ayuso solo le falta decir 'Madrid nos roba', someter la línea editorial de Telemadrid y dedicarse a construir un relato identitario. Siempre puede apelarse a la tradición de los motines. Y a la resistencia que los Madriles opusieron a la invasión francesa, aunque es cierto, al mismo tiempo, que la identidad de Madrid consiste en la ausencia de identidad. Y no lo decimos como un defecto, sino como una virtud. La gran cualidad de la capital y de la autonomía consiste precisamente en que representa a los chinos de Usera, a los estudiantes de Erasmus, a los dominicanos de Tetuán, a los manchegos de adopción y a los catalanes que aprovechan la trashumancia del foro para despojarse de la pesadez idiosincrática. Madrid no tiene idioma propio al que aferrarse ni leyendas remotas en las que relamerse, porque se trata de una ciudad demasiado contemporánea. Hasta el chotis lo importamos de los salones de Centroeuropa en el siglo XIX como remedio a un folclore precario.

Lo que tiene el madrileño es chulería. Hacer las cosas un poco por cojones. Y una mentalidad tolerante, integradora, precisamente porque una ciudad abierta y desprovista de infantilismos identitarios contradice, como trata de invertir Ayuso, el artificio de un modelo nacionalista-populista-victimista.

Podrá objetarse que otros territorios de fervores soberanistas y exclusivistas se han inventado los mitos fundacionales... Razón suficiente por la cual la alternativa tragicómica del Partido Nacionalista de Madrid solo podría observarse en los términos de una parodia. Y como un experimento oportunista que la presidenta autonómica ha instrumentalizado desde una perspectiva narcisista. Madrid es ella. Y ella nos preserva del monstruo de la Moncloa desde la propaganda defensiva a un estado de sitio.

Nadie sabe cantar el himno de Madrid ni conoce la letra. Y puede que nuestro mejor recurso de resistencia consista, es verdad, en la bandera. Sé de lo que hablo porque la diseñó conceptualmente mi padre, Santiago Amón. Y porque su iconografía de estrellas de cinco puntas sobre fondo rojo —la que el diseñador Cruz Novillo plasmó en la imagen definitiva— produjo cierta inquietud a Joaquín Leguina cuando le correspondió bendecirla y autorizarla: "¿No os parece que os ha quedado una cosa un poco vietnamita?".

Se trata de una coreografía siniestra —Sánchez y Ayuso bailando en un ladrillo— que ha subordinado los deberes de la coordinación

La sucesora en el trono madrileño debe pensar lo mismo. Y ha convertido Madrid en una derivada de Hanói que resiste la colonización de los americanos y que aspira a consolidar el mensaje de la cohesión emocional frente al enemigo. ¿Qué sucedería si Sánchez impone el toque de queda, imitando la decisión extrema que Emmanuel Macron ha adoptado en París?

Hay diferencias evidentes. Porque la situación de la capital francesa es... bastante menos grave de cuanto sucede en Madrid. Y porque el comportamiento intervencionista de Macron no responde al cinismo político con que Sánchez ha planteado su operación de alunizaje.

Se trata de una coreografía siniestra —Sánchez y Ayuso bailando en un ladrillo— que ha subordinado los deberes de la coordinación y las prioridades de la emergencia sanitaria. El antagonismo perjudica a la Comunidad de Madrid tanto como beneficia la polarización de las encuestas. Ayuso crece en muchas de ellas, no solo porque Ciudadanos se desfonda sino porque el antisanchismo reanima a la derecha desacomplejada y excita a los votantes de Vox, más o menos como si la presidenta se hubiera convertido en la heroína de Delacroix en el lienzo del Louvre: Ayuso guiando al pueblo, no con la bandera tricolor francesa sino con la del Vietcong.

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