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Eutanasia: descansemos en paz
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Rubén Amón

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Eutanasia: descansemos en paz

El Parlamento promueve una despenalización necesaria que retrata la sintonía del PP y de Vox en sus posiciones confesionales y oscurantistas

Foto: Concentración frente al Congreso a favor de la eutanasia, en 2019. (EFE)
Concentración frente al Congreso a favor de la eutanasia, en 2019. (EFE)
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Las represalias penales al ejercicio de la eutanasia representan un atavismo al que se pone remedio esta mañana en el Parlamento. Y el consenso de casi todas las fuerzas políticas es tan elocuente como el disenso de Vox y del PP, "sorprendidos" ambos en un planteamiento confesional que permite a Sánchez retratar la sintonía de la derechona en las cuestiones relacionadas con las libertades.

Urgía despenalizar la eutanasia. Y reconocer que el castigo a los cómplices de un suicidio asistido es un reflujo oscurantista. Se antoja sarcástico negar la muerte voluntaria a quienes no tienen medios ni facultades para administrársela, más todavía cuando los motivos que se arguyen provienen de principios religiosos y morales tan discutibles como la definición sagrada y heterómana de la vida.

Foto: Vista del Congreso en una imagen de archivo. (EFE)

Despenalizar la eutanasia no significa frivolizar con la muerte, sino ofrecer una respuesta normativa a situaciones extremas. Por eso el texto saliente debería alojar no solo la proclamación ideológica de un Estado que alivia el tormento del valle de lágrimas, sino las plenas garantías de información y de transparencia de quienes han asumido una decisión irreversible. Y de quienes así la dispusieron antes de perder las facultades elementales.

No hay viaje de vuelta. Y es justo proporcionar cuidados paliativos voluntarios, así como soluciones terapéuticas en el trance del "acompañamiento". Ningún paciente debe sacrificar su vida porque se observe a sí mismo como una carga a los demás y al Estado, pero ninguna ley puede castigar la decisión o la voluntad de cortar los hilos, mucho menos represaliando a los cómplices.

Despenalizar la eutanasia no significa frivolizar con la muerte, sino ofrecer una respuesta normativa a situaciones extremas

La eutanasia forma parte del ámbito de conciencia y de la praxis individual. Escarmentarla con la cárcel tanto enfatiza la desmedida tutela del Estado como incita a recurrir a los países del contexto europeo o comunitario donde ya ha sido despenalizarla. Y hace bien la Iglesia en oponerse de acuerdo con la doctrina creacionista, el don de Dios, el regalo de la vida a cualquier precio, pero esta resistencia conceptual no puede ni debe inmiscuirse en los asuntos legislativos.

placeholder Hemiciclo del Congreso de los Diputados. (EFE)
Hemiciclo del Congreso de los Diputados. (EFE)

Ni debería guiar la oposición de los diputados populares que se sienten en deuda con el catecismo. Y que se oponen a normalizar la eutanasia, subordinándola a la fórmula absoluta o absolutoria de los cuidados paliativos. Se trata de prolongar la vida sin dolor, pero no se le puede exigir vivir a quien ha decidido o dispuesto no hacerlo.

La muerte es el mayor escándalo. Lo demuestran el infantilismo y la frivolidad con que las sociedades occidentales intentan esconderla. De hecho, el debate de la eutanasia ha precipitado una insólita e implícita alianza de la religión arcaica y de la ciencia ultramoderna.

No por coincidencias dogmáticas, sino porque la defensa de la vida ha estimulado la respectiva creatividad: de la ficción metafísica a los prodigios empíricos con que puede dilatarse noche a noche la existencia asistida. Se trata de conservar el hálito. Y de conectar al moribundo a un rosario, a un respirador o a una máquina. Un milagro científico cuyo encarnizamiento satisface incluso la idea judeocristiana de la pasión y del tormento.

Foto: Foto: Reuters. Opinión

Es la perspectiva desquiciada de acuerdo con la cual no importa vivir mejor los últimos tiempos de nuestra vida. Importa vivir más, aunque sea una vida artificial, desdichada y aberrante. Y aun cuando el desahuciado haya expresado su última voluntad lejos del proteccionismo.

Se le despoja de ella entre el fundamentalismo religioso y el fanatismo científico. Tanto nos incomoda la muerte que aspiramos a enmascararla entre los tubos y los cables de una habitación hospitalaria. Debería prevalecer el compromiso con una vida digna. Fomentarla hasta cuando se pueda con más recursos afectivos y paliativos. Vivir menos, pero vivir mejor. Y no convertir la UCI en una cámara siniestra donde queda terminal y terminantemente prohibido morir.

La eutanasia forma parte del ámbito de conciencia y de la praxis individual

Es un debate complejo el de la eutanasia. Intervienen la sensibilidad, las emociones. Lo hacen los criterios éticos y bioéticos. E intervienen los aspectos religiosos, más todavía cuando estos últimos forman parte de la idiosincrasia de un partido, Vox, que remarca sus connotaciones confesionales, tanto para abjurar del aborto como para posicionar a sus 52 diputados contra la despenalización de la eutanasia o la muerte asistida. La diputada Lourdes Méndez abjuraba del "monstruoso contexto eutanásico" en que, por lo visto, nos encontramos. Habla Vox de crímenes de Estado, de genocidios. Y se adhiere a un fanatismo delirante que discrepa del consenso parlamentario y del posicionamiento de la opinión pública, especialmente sensibilizada con los casos de mayor estupefacción mediática.

placeholder Manifestación frente al Congreso contra la eutanasia, el pasado febrero. (EFE)
Manifestación frente al Congreso contra la eutanasia, el pasado febrero. (EFE)

Uno de ellos, el de Ramón Sampedro, dio origen incluso a una película de Alejandro Amenábar, 'Mar adentro', cuyo protagonista, Javier Bardem, emulaba la lucha de un tetrapléjico gallego que reclamó en los tribunales el derecho al suicidio asistido.

No se le concedió la justicia ordinaria ni lo hizo el Supremo, aunque consiguió su propósito en 1998 después de haberlo perseguido durante una década, gracias a la cooperación de una cómplice que se avino a cumplir su voluntad y que tuvo que ser absuelta por falta de pruebas.

Foto: Ángel ayudó a morir dignamente a su mujer enferma.

Más reciente, abril de 2019, es el caso de María José Carrasco, enferma de esclerosis múltiple y esposa de Ángel Hernández, a quien la Policía detuvo por haberla ayudado a morir. La Fiscalía le reclama seis meses de cárcel, pero cuesta trabajo creer que se le vaya a condenar. Y que se vayan a subestimar las razones humanitarias que él mismo expuso en el programa 'El Intermedio' cuando trascendió la noticia.

La eutanasia tiene mejor aceptación que el aborto en la sociedad española. Incluso entre los ciudadanos que se declaran católicos practicantes, aunque la posición de la Iglesia es inequívoca, igual que ocurre con las demás religiones monoteístas. Impresiona descubrir cuánto temen la muerte las confesiones que prometen la vida eterna...

La eutanasia, el suicidio asistido. Tanto vale una fórmula como la otra para asomarnos al tabú de la muerte. Y para afrontar la necesidad de legislar sobre ella con transparencia, rigor y sensibilidad, incluyendo la objeción de conciencia. Y predisponiendo una “campaña”de sensibilización respecto a la normalización del testamento vital: dejar escritas unas voluntades como medida preventiva a un accidente, a un proceso degenerativo o demencial, de tal manera que la última decisión no recaiga en el arbitrio de los familiares ni allegados.

No puede ser una bandera ideológica la eutanasia, pero tampoco puede obstruirse desde presupuestos religiosos. Y no debe postergarse, sobre todo cuando las represalias penales castigan a los cómplices y cuando quienes deciden morir no pueden hacerlo porque están esclavizados en su cuerpo o en su cabeza.

Las represalias penales al ejercicio de la eutanasia representan un atavismo al que se pone remedio esta mañana en el Parlamento. Y el consenso de casi todas las fuerzas políticas es tan elocuente como el disenso de Vox y del PP, "sorprendidos" ambos en un planteamiento confesional que permite a Sánchez retratar la sintonía de la derechona en las cuestiones relacionadas con las libertades.

Eutanasia Vox Tribunal Supremo