El Capitolio en llamas
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Rubén Amón

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El Capitolio en llamas

Los 'hooligans' de Trump y los halcones más fieles profanan el templo de la democracia americana en una imagen extrema de vulnerabilidad que deja a Joe Biden una herencia envenenada

placeholder Foto: Choque entre manifestantes y policía en las puertas del Capitolio. (Reuters)
Choque entre manifestantes y policía en las puertas del Capitolio. (Reuters)

Los 'hooligans' de Trump han tomado el Capitolio. Parecía incluso que el humo de los extintores y de los gases lacrimógenos fomentaban la idea del templo en llamas. No han ido tan lejos las cosas, pero cuesta trabajo encontrar una imagen y un símbolo tan poderosos como el asalto a la caja de seguridad de la democracia americana.

Se ha declarado el toque de queda. Hasta cuatro personas han muerto y 14 policías han sido heridos. Y la recuperación del “castillo” ha requerido el despliegue de soldados, carros armados y francotiradores. No cabe iconografía más angustiosa ni elocuente del pavor que Donald Trump ha desatado en su tragicómica operación de resistencia.

Foto: El Capitolio de EEUU, controlado durante unas horas por seguidores de Trump. (Reuters)

Y puede que fuera un acierto evitar una confrontación aguerrida con los ultras de Donald Trump, pero la prudencia de la Guardia Nacional en las faenas de desalojo no contradice esa sensación de vulnerabilidad que amenaza a EEUU y al “sistema” occidental. Sería como si las hordas musulmanas hubieran tomado el Vaticano. Y como si la agonía de Trump se prestara a un desenlace estremecedor, ejerciendo él mismo de pirómano y subordinando a su capricho la credibilidad de la democracia misma.

No ha podido ganar el magnate las elecciones ni ha sabido perder. Y se ha ido quedando solo, restringido al hálito de los 'rednecks', aferrado al vuelo rasante de los últimos halcones, Josh Hawkey, Ted Cruz y Ron Johnson entre ellos. Porque 'el Golpe' ha tenido dos palancas de acción: la resistencia de los senadores trumpistas al cambio de guardia —perturbaron la sesión parlamentaria, ensuciaron al terreno de juego— y la movilización temeraria de las milicias afines y callejeras, cuyas armas, palos y cascos convirtieron en un paseo la conquista del Capitolio.

Trump había escrito las pancartas: fraude, insumisión, rebelión

Es un final de opereta. O lo sería si no fuera por el peso litúrgico del Capitolio tomado. Y porque la profanación de los matones de Trump traslada un chantaje feroz al mandato de Biden. No le será sencillo reconciliar a los compatriotas ni recuperar la democracia americana de todas las fechorías y barbaridades que ha cometido el magnate depuesto.

Trump pretendía llamar al orden de sus esbirros, tranquilizarlos, hacerlos retroceder, cuando él mismo los había movilizado e instigado. Y cuando sus matones no hicieron otra cosa que malograr la sesión prevista para homologar la designación del candidato demócrata. Trump había escrito las pancartas: fraude, insumisión, rebelión.

Foto: Foto: Reuters. Opinión

Y no es que haya capitulado el Capitolio en términos absolutos, pero las escenas del alzamiento popular y armado evocaban otras situaciones incendiarias que hemos conocido en las repúblicas del Cáucaso o en las satrapías caribeñas, cuando no en los telefilmes de media tarde. Se diría que Trump no quiere marcharse de la Casa Blanca sin organizar antes un golpe de estado fallido y grotesco. Se trata de sugestionar a sus votantes. Y de abrumarlos con un mensaje de rechazo al orden y la ley, pues es el propio presidente quien boicotea el sistema desde el despacho oval.

La bravuconada no ha prosperado más allá del triunfo simbólico de la turbamulta, pero redunda en un ejercicio de contumacia y de obstinación que abastecen de incertidumbres a los días que aún faltan para la investidura. ¿Hasta dónde es capaz de resistir el mesías populista? ¿Qué recursos es capaz de utilizar para humillar a las instituciones?

Trump ha perdido los comicios y la cabeza, aunque el escarmiento de semejante felonía no solo alcanza al desprestigio del partido republicano y a la salubridad de la democracia estadounidense. También puede costarle acabar entre rejas: de 'sheriff' a matón, de presidente a esbirro.

Los 'hooligans' de Trump han tomado el Capitolio. Parecía incluso que el humo de los extintores y de los gases lacrimógenos fomentaban la idea del templo en llamas. No han ido tan lejos las cosas, pero cuesta trabajo encontrar una imagen y un símbolo tan poderosos como el asalto a la caja de seguridad de la democracia americana.

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