¿Y si existiera el efecto García?
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Rubén Amón

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¿Y si existiera el efecto García?

La líder de Más Madrid —más la sobreactuación de los ataques a Vox— representa la nueva baza movilizadora de la izquierda después de haberse malogrado el efecto Gabilondo

placeholder Foto: La candidata de Más Madrid, Mónica García. (EFE)
La candidata de Más Madrid, Mónica García. (EFE)

Impresiona la fugacidad con que se ha consumido el efecto Gabilondo y la diligencia con que se ha presentado el efecto García, más o menos como si la izquierda estuviera expuesta a un fenómeno darwinista necesitado biológicamente de remediar una victoria apabullante de Ayuso.

Ha encontrado la feligresía entusiasmo y vigor en la candidatura de la doctora madrileña, no ya por la entronización mediática que supuso el debate del 21 de abril y por el reconocimiento que granjean la autenticidad y naturalidad en estos tiempos de trileros y de impostores, sino por la frustración que ha supuesto, a la vez, el deterioro de la reputación del aspirante socialista.

La culpa no se le puede imputar íntegramente a Gabilondo, entre otros motivos porque ha sido la suya una campaña y una candidatura intervenidas por la Moncloa. No se le ha permitido a Gabilondo desempeñarse como es. Un tipo tranquilo. Un moderado. Se le ha sometido a una estrategia de sobreactuación. Se le ha terminado desquiciando, desfigurando.

Foto: La candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid por Más Madrid, Mónica García. (EFE)

La implicación de Sánchez tanto ha estimulado el recurso ayusista del antisanchismo como ha desautorizado al candidato del PSOE, víctima de su propia desorientación y cobaya de los experimentos que se han ido improvisando. El centrista o centrado Gabilondo pretendía atraerse con mansedumbre a los votantes huérfanos de Ciudadanos. Y aspiraba a desquitarse de la toxicidad de Iglesias, pero las intenciones originales —el votante naranja migra masivamente hacia el PP— se han resentido de una emergencia táctica que implica la reconciliación con Pablo y que suscita el providencialismo de un nuevo recurso electoral: Mónica García.

Queda pendiente resolver hasta qué extremo la irrupción de la líder carismática de Más Madrid es un artificio mediático-demoscópico o representa un rotundo estímulo electoral en la recta final del 4-M. Tezanos y los medios más afines a la izquierda excitan la hipótesis de una victoria del tripartito. Y tanto la atribuyen a la pujanza sobrevenida de García como al combustible del antiayusismo. Es el rasgo inequívoco de estos comicios y de estos tiempos. No se trata de elegir, sino de 'deselegir'. No se trata de votar a alguien, sino de votar contra alguien.

Queda pendiente resolver hasta qué extremo la irrupción de la líder carismática de Más Madrid es un artificio mediático-demoscópico

Puede entenderse así el énfasis de la campaña que la izquierda le ha organizado a... Rocío Monasterio. La espantada de Iglesias en el debate de la SER y la beligerancia con que Sánchez arremetió este domingo contra la ultraderecha pretenden demostrar que Ayuso está rodeándose de aliados impresentables e inaceptables. Avergüenza la estrategia de Vox en la obsesión de los 'menas'. Repugnan la maldad y la xenofobia de Abascal y Monasterio, pero la sobreactuación de Sánchez e Iglesias este fin de semana es ilustrativa de la frustración que supone no encontrarle puntos débiles a la presidenta de la comunidad.

De hecho, la jerarquía del PP —nacional y madrileña— no parece inquietarse ni por el caso Monasterio en su efecto contagioso, ni por el impacto del efecto García ni por el sorpaso colectivo de la izquierda.

Foto: La presidenta y candidata a la reelección, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

Ayuso ha instaurado un estado de euforia que asegura el trono de la Puerta del Sol y que estimula la fantasía de un cambio de guardia en la Moncloa. Podría llegar a temerse un retroceso de Vox que malograra la representación de la ultraderecha y que dejara sin pareja de baile a la campeona, pero el consenso de las encuestas asegura que Monasterio cruzará el umbral del 5% y ejercerá de costalera en la investidura de 'Isabelita', tal como la llamaba confidencialmente un alto dirigente de Génova, quizá para despojarla del triunfalismo y de sus expectativas de hegemonía nacional.

Haría bien el PP en tomar en consideración las opciones de la izquierda. Los problemas de credibilidad del CIS y la propaganda del oficialismo en favor del tripartito no contradicen los recursos electorales de Ángel, Mónica y Pablo, tal como se llaman entre ellos. Primero, porque la pasión hacia Ayuso es bastante proporcional al rechazo. Y en segundo lugar, porque la izquierda no desperdiciará un solo voto en las elecciones del 4-M. Los tres candidatos van a cruzar el umbral del 5%. Y los tres partidos se han esmerado en la diplomacia y bonhomía de una campaña subordinada al fin mayor y maximalista de evacuar a la derecha y extirpar a Ayuso.

Es la perspectiva insólita —insólita, porque rara vez las tribus de la izquierda comparten la pipa de la paz— que permite al votante de la izquierda pronunciarse a su antojo en las variantes del menú: carne cruda, carne al punto y carne hecha. Iglesias, artífice de una 'espantá' infantil que recrudece la aversión a Vox, conserva todavía a suficientes partidarios y secuestrados. Gabilondo representa a su manera las siglas del PSOE. Y Mónica García ha adquirido un valor ilusionante, una posición alternativa que apela a la clave de la movilización.

placeholder La candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid por Más Madrid, Mónica García. (EFE)
La candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid por Más Madrid, Mónica García. (EFE)

Es curiosa y hasta determinante la posición que desempeña Ciudadanos entre los vaivenes pendulares de la polarización. Edmundo Bal se ha convertido en Juan sin Tierra. Los rivales se disputan la escombrera. Y casi todas las encuestas descartan la entrada de los naranjas en la Asamblea de Madrid, pero las apreturas de los bloques en juego sobrentienden que un puñado de votos o de escaños acaso decida el trono de Madrid. Si Ciudadanos no cruza el umbral del 5%, puede deteriorarse el caudal del centro derecha, malograrse una eventual alianza entre PP y Cs. Y si lo cruza... podría ocurrir que Bal terminara erigiéndose en el 'king' o 'queen maker' del 4-M, de tal manera que el partido más pequeño, necesitado como nunca de la lealtad de los indecisos, puede significarse en el argumento nuclear de los comicios metamadrileños.

Acostumbra a desdeñarse el voto de Ciudadanos en nombre de la utilidad. O de la inutilidad. El estrés del antisanchismo y el antiayusismo precipita un escenario desquiciado, de tal manera que la verdadera utilidad puede proporcionarla un partido moderado que haría innecesario el concurso de Vox y que podría jubilar a Iglesias en caso de prosperar la victoria de las izquierdas.

Impresiona la fugacidad con que se ha consumido el efecto Gabilondo y la diligencia con que se ha presentado el efecto García, más o menos como si la izquierda estuviera expuesta a un fenómeno darwinista necesitado biológicamente de remediar una victoria apabullante de Ayuso.

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