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Los tres desafíos de "Ironman" Sánchez
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Rubén Amón

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Los tres desafíos de "Ironman" Sánchez

El caso Begoña, la rebelión interna y el colapso de la legislatura remarcan una agonía que el Gobierno traslada a una realidad paralela con la inestimable cooperación del PP

Foto:  El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez. (EFE/J.J. Guillén)
El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez. (EFE/J.J. Guillén)
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La trayectoria en apnea de Pedro Sánchez se expone ahora al desafío extremo de medirse en un Ironman, sobrenombre de la competición deportiva que exige a los atletas nadar 3,8 kilómetros, recorrer en bicicleta 180 kilómetros y completar una prueba de Maratón (42 kilómetros).

Tres frentes agonísticos y agónicos se le han precipitado al presidente del Gobierno bajo los presupuestos del caso Begoña, la rebelión interna del PSOE y el colapso parlamentario. Y es verdad que Sánchez es un tipo atlético y provisto de una extraordinaria capacidad adaptativa, pero la legislatura se le ha retorcido hasta el extremo de asfixiarlo.

Y no le sirven de cataplasma las píldoras de realidad paralela con que pretende reanimarlo la ministra Alegría. Avergüenza que una portavoz haga campaña a favor de una civil sin rango gubernamental ni título político (Begoña Gómez), pero más impresiona aún que utilice la tribuna de Moncloa para encubrir los hechos y las evidencias con el ventilador de los bulos.

Se comprende así mejor la preocupación con que Pedro Sánchez decidió acuartelarse cinco días de silencio para reaccionar al escándalo del conflicto de intereses conyugal. Regresó de la “espantá” con la promesa de regenerar la democracia, pero no ha hecho otra cosa que degenerarla, bien con el acoso a la Justicia o bien tonificando la maquinaria de las fake news.

Se comprende así mejor la preocupación con que Pedro Sánchez decidió acuartelarse cinco días de silencio para reaccionar al escándalo

Miente Pilar Alegría, miente el Gobierno con torpeza y premeditación. E interpreta con un sesgo arbitrario las conclusiones de la Audiencia Providencial. Ni siquiera el abogado de BG había forzado y manipulado con tanto descaro el horizonte judicial que le aguarda a la “presidenta”.

La tergiversación de los hechos suscribe una estrategia desesperada que pretende aliviar ingenuamente el colapso de la legislatura y que se añade a los peligros de una rebelión interna. Y no es que los modestos espolones de Luis Tudanca puedan inquietar la tiranía de Ferraz desde los cuarteles castellano-leoneses, pero reviste un interesante valor cualitativo la ruptura de la omertà en que opera el sanchismo. Tudanca forma -o formaba- parte de los fieles. Y se ha atrevido a transgredir la cúpula de hierro consciente de su propio e inminente martirio, pero también de su expectativa ejemplar.

Foto: ferraz-tumba-intento-tudanca-adelantar-primarias-castilla-leon

Se trata de buscar otras adhesiones. Y de construir una corriente crítica con opciones de significarse en el Congreso Federal del 29 de noviembre. Ya se ocupará Sánchez de depurar la oposición interna, pero Tudanca ha osado a denunciar lo que todos ven: el emperador está desnudo.

Desnudo y desnutrido, entre otras razones porque la ferocidad del caso Begoña y el chasquido de los sables en Ferraz redundan en la inanición de las tareas legislativas y ejecutivas. Se le hace a Sánchez inabordable el chantaje de los socios, no digamos cuando la extorsión de Bildu precipita la salida de prisión de 44 etarras y deja sin argumentos a los socialistas de bien en su obstinación encubridora. Qué Sánchez se considere un superhéroe no significa que tenga salud para emplearse en un Ironman, aunque impresiona la deferencia con que el PP ha acudido a reanimarlo en el momento de mayor angustia.

Los seis años que lleva en el poder demuestran que no procede subestimarlo, ni siquiera cuando el líder socialista chapotea en el fango

No puede interpretarse de otra manera la negligencia de haber suscrito la iniciativa parlamentaria que alivia el castigo de los etarras. Más que pedir perdón, Núñez Feijóo presume de reconocer el error y atribuye la responsabilidad de la fechoría a los promotores de la vergüenza (Sumar y el PSOE). Y es verdad que no se puede equiparar la responsabilidad del Gobierno con la inoperancia de la oposición, pero el PP ha emprendido una desesperante actitud pasiva y contemplativa, incurriendo en la fantasía según la cual Sánchez va a caer por sí mismo.

Los seis años que lleva en el poder demuestran que no procede subestimarlo, ni siquiera cuando el líder socialista chapotea en el fango e incurre en su ámbito de mayor abyección política. La sumisión a Bildu representa un ejemplo escandaloso, igual que sucede con la explicación que se ha dado para justificar las excarcelaciones. El Gobierno las justifica aludiendo a la igualdad de los españoles. Y los presos lo son, pero corresponde a Sánchez la paternidad de una amnistía que discrimina unos ciudadanos y los otros en el ámbito de la responsabilidad penal.

La trayectoria en apnea de Pedro Sánchez se expone ahora al desafío extremo de medirse en un Ironman, sobrenombre de la competición deportiva que exige a los atletas nadar 3,8 kilómetros, recorrer en bicicleta 180 kilómetros y completar una prueba de Maratón (42 kilómetros).

Pedro Sánchez PSOE