Resultaba elocuente y entrañable la distancia de seguridad que mediaba entre Sánchez y Ábalos este miércoles en el Congreso. “Esa persona” deambulaba como un fantasma entre las sombras del grupo mixto. Y agotaba en silencio las horas que le faltan para la imputación, consciente de que sus camaradas socialistas van a entregarlo al cadalso del Supremo.
Veremos entonces si el exministro pone en marcha el ventilador, aunque no hace falta significar la cadena de mando para denunciar la responsabilidad de Pedro Sánchez, estuviera o no estuviera al tanto de la trama.
Trató de hacérselo pesar Núñez Feijóo en el hemiciclo con vehemencia (“Todos los caminos conducen a usted”). Y estaba claro que Pedro Sánchez iba a sacudirse del acoso convocando el espectro de Zaplana, cuya condena ejemplar -diez años de cárcel- funciona como un escudo providencial al escándalo de las corruptelas domésticas.
Cuesta trabajo creer que Ábalos engañara a Sánchez porque Sánchez es un híbrido superdotado de Mr. Ripley y el gran Houdini, pero la hipótesis de la ignorancia no le exime de la responsabilidad. Al contrario, puede considerarse un agravante. José Luis Ábalos operaba en situación de vecindad y de impunidad en su asiento privilegiado del consejo de ministros y en su cargo reluciente de secretario de organización del PSOE.
Cuesta trabajo creer que Ábalos engañara a Sánchez porque Sánchez es un híbrido superdotado de Mr. Ripley y el gran Houdini
Conviene recordarle a nuestro presidente el escarmiento del mito de Edipo. El rey de Tebas mata a su padre y desposa a su madre sin conocer el parentesco, pero la ignorancia no le previene del castigo ni redime a su pueblo de la maldición ni de la plaga. Edipo se arranca los ojos. Tenerlos no le permitió “ver”. Ni percatarse de los accidentes que malograron su estrella.
La ignorancia de Sánchez implica una responsabilidad “in vigilando” y caricaturiza su idoneidad como “primer ministro”. El hedor y el espesor de la trama no alcanzó los sentidos de Sánchez, siempre y cuando validemos la versión indulgente que fomenta el aparato de propaganda. Al ufano Pedro le timaron sus compadres. Le escondieron el avión de Delcy como si fuera un truco de David Copperfield. Abusaron de su confianza.
La credulidad que exige semejante planteamiento ha adquirido una extraordinaria relevancia política porque garantiza la lealtad de sus socios. Y no es que ERC, el PNV, Junts y Bildu se crean en absoluto la versión victimista del caso Ábalos, pero les conviene la debilidad de Sánchez y la fragilidad del Estado como argumentos de la dieta vampírica.
Más precaria es la situación del presidente del Gobierno, mejor se le puede extorsionar, incluso al precio de convertirse en cómplices indirectos o implícitos del caso Ábalos. La corte nacionalista prospera mucho más con la indigencia de Sánchez de cuanto haría con la alternativa de Núñez Feijóo.
Más precaria es la situación del presidente del Gobierno, mejor se le puede extorsionar, incluso al precio de convertirse en cómplices
Se maliciaba Elías Bendodo que Sánchez va a sacar adelante los Presupuestos. Y lo hacía desde la resignación, consciente de que el ultimátum de Feijóo a Sánchez -“Márchese ya”- colisionaba con el plazo que se ha puesto el presidente a sí mismo: “Nos quedan 1000 días de legislatura”, proclamó Sánchez como quien restriega una amenaza.
Se los van a permitir y amparar los colegas de la banda fingiendo entre todos que el caso Ábalos es un asunto menor, la crónica estrafalaria de un ministro disoluto. Y es verdad que la sensibilidad hacia la corrupción precipitó la moción de censura contra Mariano Rajoy, pero la connivencia de los nacionalistas y Sánchez demuestra que se trataba de un simple atajo para amañar un gran pacto de conveniencia y de conveniencias.
Sánchez no dio explicaciones en el Congreso. No respondió a las cuestiones elementales sobre el avión de Delcy y los negocios de Aldama. No explicó los motivos por los que depuró a Ábalos. Y se puso a generalizar la corrupción del PP, llegando al extremo de etiquetar (y difamar) a Isabel Díaz Ayuso y a Pablo Casado en la categoría de los corruptos.
Pedro Sánchez mantiene y fomenta una relación patológica con la mentira y con los bulos, aunque el rasgo más inquietante de su ejecutoria consiste en haber descubierto que unos escándalos encubren a otros escándalos en el prodigio de una espiral anestésica. Dosis a dosis, la percepción de dolor es muy baja, pero los daños al Estado son irremediables.
Resultaba elocuente y entrañable la distancia de seguridad que mediaba entre Sánchez y Ábalos este miércoles en el Congreso. “Esa persona” deambulaba como un fantasma entre las sombras del grupo mixto. Y agotaba en silencio las horas que le faltan para la imputación, consciente de que sus camaradas socialistas van a entregarlo al cadalso del Supremo.