El PSOE baila al compás (suicida) de Ábalos y Koldo
El pacto de silencio trilateral y el acoso al prestigio de los tribunales remarcan una estrategia temeraria, de acuerdo con la cual hay un claro corruptor pero no existen en los corrompidos
El exministro José Luis Ábalos, a las puertas del Congreso. (EFE/Mariscal)
No es fácil discriminar la verdad de la mentira en la mesa de los trileros, pero tiene sentido diferenciar los testimonios verosímiles de los inverosímiles. Y no porque el comisionista Víctor de Aldamamerezca toda la credibilidad, sino porque sus declaraciones, cuanto menos, le inculpan y le incriminan.
Sucede lo contrario con los casos de Ábalos y Koldo. Recurren a la ignorancia y la amnesia para distanciarse de la responsabilidad. Y escenifican una coreografía, un pas de deux, que complace a la dirigencia del PSOE como si hubieran convenido entre todos un pacto de silencio.
Lo demuestra la celeridad con que Óscar Puente y Patxi López sufragaron las versiones de los camaradas imputados. Se convirtieron ambos en peritos judiciales para desmentir las aportaciones comprometedoras de Aldama.
El problema es el ejercicio extremo de credulidad que exige el planteamiento de Koldo. Y la estupefacción del juez y de la fiscalía cuando el mayordomo del exministro explicó su tren de vida, el origen de su fortuna, el dinero en metálico que amontonaba en casa, sus posesiones inmobiliarias y las razones por las que Jessica rompecorazones residía en un piso de lujo.
La versión de una "urgencia habitacional" es una tomadura de pelo que debió irritar al juez Leopoldo Puente
La versión de una “urgencia habitacional” es una tomadura de pelo que debió irritar al juez Leopoldo Puente. Y que explica el escepticismo de la Fiscalía Anticorrupción respecto a la credibilidad de los investigados.
No ya porque la versión almibarada de Koldo y de Ábalos desmiente los informes de la UCO, sino porque la extrañeza de ambos a sus propias fechorías -y hasta a su propia letra- sobrentiende que la trama tiene un corruptor confeso (Aldama) pero carece de corrompidos.
El planteamiento resultaría más verosímil si no hubiera aparecido “la foto de El Confidencial”, o sea, el documento gráfico que acredita la familiaridad de Aldama en la sede de Ferraz, la donosura con que departía en asuntos geopolíticos a la vera del secretario de organización y la impostura del PSOE cuando renegó de la presencia del comisionista en la casa madre.
No admiten su implicación ni Ábalos ni Koldo, como no le conviene al PSOE que adquiera vuelo la hipótesis de la financiación ilegal, pero la precariedad de las versiones tanto subestima la gravedad del caso como explica las medidas preventivas que ha inducido Sánchez desde la Moncloa.
No admiten su implicación ni Ábalos ni Koldo, como no le conviene al PSOE que adquiera vuelo la hipótesis de la financiación ilegal
Se trata de situar la responsabilidad en el sesgo vengativo de los magistrados. El caso más elocuente consiste en la campaña contra el juez Peinado, anfitrión este miércoles de la declaración exculpatoria de Begoña Gómez, pero la idea de la conspiración se prolonga al Tribunal Supremo y se justifica en la connivencia del Partido Popular.
Persevera el sanchismo en la degradación del sistema. Por conveniencia estratégica. Y porque el menoscabo de los tribunales y de los informes de la Guardia Civil complace sobremanera a los socios de la coalición.
No parece estar en juego la estabilidad política de Pedro Sánchez. Su debilidad le interesa a los partidos que lo parasitan. Porque enfatizan la extorsión. Y porque el Gobierno socialista ampara la teoría del lawfare. El propio Arnaldo Otegi, reconvertido en feroz acreedor, se ha comprometido a respaldar los Presupuestos y a velar por el porvenir de la legislatura.
Y no parece que el Partido Popular se encuentre en condiciones de rentabilizar el desgaste de los adversarios. La frivolidad de su estrategia de comunicación -“la semana fantástica de la corrupción”- se añade a la precipitación con que Génova 13 reacciona a las novedades del caso Koldo.
Núñez Feiijóo y sus muchachos han condenado preventivamente a los artífices de la trama. Han convertido las sospechas en pruebas
Núñez Feijóo y sus muchachos han condenado preventivamente a los artífices de la trama. Han convertido las sospechas en pruebas. Han triturado las garantías de un Estado de derecho. Y han llegado a conclusiones precipitadas y temerarias cuando los procesos judiciales se encuentran en una fase preliminar, embrionaria e incierta.
Que se lo digan a Ábalos. Su versión ingenua e inocente de los hechos discrepa tanto de la percepción judicial que el Tribunal Supremo decidió ayer reclamar el suplicatorio al Congreso para esclarecer si el exministro de Sánchez y exsecretario de Organización incurrió en los delitos de integración en organización criminal, tráfico de influencias, cohecho y malversación.
Es probable que Ábalos regrese al oprobio. Y que vuelvan a distanciarse los mismos camaradas que ahora lo protegen, pero la ruptura del pacto de silencio y de la omertà también sobrentiende el peligro de la venganza.
No es fácil discriminar la verdad de la mentira en la mesa de los trileros, pero tiene sentido diferenciar los testimonios verosímiles de los inverosímiles. Y no porque el comisionista Víctor de Aldamamerezca toda la credibilidad, sino porque sus declaraciones, cuanto menos, le inculpan y le incriminan.