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Rubén Amón

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Sánchez no soluciona las crisis, las necesita

Nada mejor que un Apocalipsis para relativizar las corruptelas domésticas y para demostrar que nuestro presidente, del volcán canario a la pandemia, ha venido para cumplir una misión sobrenatural

Foto: Pedro Sánchez. (EP/Diego Radamés)
Pedro Sánchez. (EP/Diego Radamés)
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Las razones del apagón apuntan con franqueza hacia una negligente gestión de los recursos energéticos, al peso desmesurado de las renovables, a la prueba -fallida- de estrés que ha colapsado el sistema y a las advertencias acaso subestimadas, pero al Gobierno le agrada insistir en otras hipótesis de mayor enjundia y misterio -el ciberataque- para revestir de autoridad y de providencialismo la misión especial del presidente Sánchez.

Se ha atribuido a sí mismo el plan de regeneración de la electricidad. Y ha puesto en marcha una sofisticada operación de escrutinio -el CNI, la UCO, la prensa afecta- que se ha propuesto "perseguir la verdad".

Y tiene razón María Jesús Montero con la expresión. Perseguir la verdad no significa buscarla ni encontrarla. Significa acosarla, darle alcance, hostigarla, hasta el extremo de recurrir a los expedientes más oscuros de los tiempos de Aznar -el Yak 42, el 11M, el Prestige- como prueba de la corrupción incorregible del PP y como punto de contraste con la transparencia socialista.

No es que Sánchez resuelva las grandes crisis, simplemente las necesita. Más grandes se nos presentan los contratiempos, menos tiene que responsabilizarse de las tareas cotidianas y comprometerse con los escándalos de nepotismo y de corruptelas que socavan su estabilidad, incluidos los casos de Ábalos, de Begoña y del hermanísimo David.

Foto: apagon-crisis-energetica-sanchez-1hms Opinión

Le conviene a Sánchez que aparezcan en la actualidad grandes acontecimientos disuasorios. Le permiten estimular su narcisismo y su megalomanía; le consienten relativizar los disgustos personales; y le permiten adoptar medidas extraordinarias en el contexto más fértil del autoritarismo, empezando por la intervención de los operadores energéticos.

Sánchez los ha convertido en la expresión más atroz del capitalismo y ha jugado a disimular la presencia del Estado en el accionariado de Red Eléctrica. Se nos dijo en su momento que la SEPI "debía entrar" con un 10% en Telefónica porque se trataba de una compañía estratégica. Y se nos dice que el 20% en Red Eléctrica responde a una participación anecdótica.

Foto: apagon-crisis-politica-gobierno-1hms Opinión
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La arbitrariedad del criterio depende de las urgencias y de las necesidades de Sánchez. Es más, la continuidad de Beatriz Corredor en el cargo supremo del holding energético depende del botón rojo que decida aplicar el presidente. Igual que la designó a dedo la puede sacrificar, aunque hacerlo ahora desenmascararía obscenamente la tutela ejecutiva del Estado.

Grandes causas necesita Sánchez, problemas graves. Su autoestima y sus problemas domésticos requieren la escapatoria de acontecimientos desproporcionados. Lo han sido los desastres naturales -del volcán canario a la DANA-, lo fue la pandemia y han funcionado como subterfugio el conflicto bélico de Ucrania y la guerra comercial de Trump. Se explican así mejor los motivos por los que se han alentado hasta el terreno más inverosímiles las "otras explicaciones" del apagón. El plural es una mera especulación. Y el singular aludiría a la hipótesis de un ciberataque que va a permitir a Sánchez enfatizar este miércoles en el Congreso las razones del plan de defensa y los motivos por los que la nación necesita de un líder superdotado.

Sánchez no resuelve las grandes crisis, las necesita. Le sustraen de las cuestiones inmanentes y las convierte en argumentos ideológicos. No ya librando a pecho descubierto la lucha del bien contra el mal -la energía solar contra la energía nuclear-, sino aludiendo a la inmadurez del PP, al fantasma de la ultraderecha y a la apología de las políticas públicas como remedio al ferocidad del sector privado. El tamaño de la amenaza caracteriza la megalomanía de la respuesta de Sánchez. Por esa misma razón lamenta que el Apocalipsis haya durado solo unas horas y que el origen del apagón provenga de la anorgasmia de un error humano.

Las razones del apagón apuntan con franqueza hacia una negligente gestión de los recursos energéticos, al peso desmesurado de las renovables, a la prueba -fallida- de estrés que ha colapsado el sistema y a las advertencias acaso subestimadas, pero al Gobierno le agrada insistir en otras hipótesis de mayor enjundia y misterio -el ciberataque- para revestir de autoridad y de providencialismo la misión especial del presidente Sánchez.

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