Así es como Pedro Sánchez corrompe... la corrupción
La estrategia del PSOE para sacudirse la última oleada policial y judicial consiste en caricaturizar y tergiversar los hechos y en atribuirlos a deslices particulares
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, momentos antes del comienzo de la sesión de control en el Congreso de los Diputados. (EFE/Chema Moya)
El PSOE se ha especializado en corromper lacorrupción. La forma de negarla consiste en someterla al tratamiento de los hechos alternativos, ridiculizarla y trivializarla. PedroSánchez ha descubierto que el escándalo, contado con sorna y sometido a la terapia de la tergiversación, adquiere incluso una dimensión disfrutona. Que la risa anestesia. No digamos cuando los sobres de Ferraz alojan chistorras grasientas y las putas a disposición se llaman Ofelia Stoica y Vanderleia Aparecida. "No es corrupción, es costumbrismo", suscriben los portavoces del régimen, mientras Ferraz huele a pudridero y aromatiza la corrupción generalizando los bulos.
La estrategia es brillante en su indecencia: convertir un hipotético caso de financiación irregular en una fantasía o en un chascarrillo, un asunto de prostitución pagada con dinero B en una broma de sobremesa. Y así, entre risas y manipulaciones, el partido de la transparencia se vuelve opaco y traslada toda la responsabilidad a los desvaríos de los versos sueltos.
Corromper la corrupción resulta mucho más grave que robar. Es redefinir el bien y el mal. Es convertir la culpa en virtud. Es lograr que el ciudadano se ría en lugar de exigir. Que el periodista se justifique en lugar de denunciar. Que el presidente se exhiba como ejemplo mientras sus subordinados comparecen ante el juez.
La escena de la corrupción corrompida recuerda a una de esas comedias italianas en que la risa se hiela en la boca del espectador. Un grupo de funcionarios del Estado, redimidos por el discurso de la igualdad y el feminismo, organizan "encuentros de carácter privado" con prostitutas pagadas con chistorras en la red de paradores. Y luego promueven desde el Congreso la abolición de la prostitución. La moral por decreto. La hipocresía por ley.
José Luis Ábalos se ha convertido en un personaje de esperpento, no solo por sus vicios, sino por la manera en que su dirigencia lo ha arrojado a la pira como un mártir de la causa general. De ministro a paria, de vicario del sanchismo a caricatura nacional. El partido que lo encumbró ahora se protege con su caída, como si Koldo y Cerdán fueran accidentes individuales, manzanas podridas en un cesto inmaculado. No, el hedor no procede de las manzanas. Procede del cesto. De Ferraz. De la maquinaria que permitió que circulara tanto dinero en efectivo por las entrañas de un partido que predica la transparencia mientras nada en el fango.
Sánchez habla de integridad con la misma convicción con que un ventrílocuo le da voz a un muñeco. Su discurso sobre la limpieza institucional del martes resulta grotesco cuando el cepillo está empapado en cieno. Lo que la UCO y los jueces están desenterrando no es un malentendido administrativo, ni un vodevil ni una travesura contable. Es una trama con ramificaciones en los contratos públicos, en las adjudicaciones, en los intermediarios y en los amigos del alma. Dinero negro, sobresueldos, favores. La corrupción de siempre, pero con la arrogancia de quienes creen que pueden redefinir las palabras y los hechos para anestesiar la credulidad de la grey.
Se trata de convertir a Ábalos en un viejo verde, a Koldo en un gañán de taberna, a Cerdán en un aprendiz de trilero. Y salvar al pontífice de la integridad, al presidente inmaculado, al hombre que nunca supo nada de nada, aunque todo ocurriera bajo su sombra y viajara de paquete en el Peugeot de los facinerosos.
El caso Ábalos tiene algo de novela picaresca y mucho de tragedia griega. La caída del ministro podría hacernos reír, como hace reír el grotesco, pero bajo la risa late una descomposición moral que debería helarnos la sangre. Porque el problema no son las chistorras ni las prostitutas de pasaporte lírico. El problema es la impunidad. El descaro. La certeza de que la maquinaria del poder cubrirá cualquier mancha. Que bastará un editorial complaciente o una entrevista indulgente para transformar el delito en anécdota.
Lo insólito no es que existan corruptos. Lo insólito es que lacorrupción se haya vuelto compatible con la superioridad moral. Que el socialismo haya convertido el barro en perfume. Que los mismos que sermonean sobre el patriarcado financien prostíbulos con dinero público. Que los campeones de la igualdad compren silencio y sexo. Que los apóstoles de la regeneración invoquen la memoria democrática mientras destruyen la ética presente.
En la España de Sánchez, el fango se disfraza de modernidad. Y el relato sustituye a la verdad. Los delitos se diluyen en titulares complacientes, las investigaciones se eternizan, los jueces se vilipendian, y los medios adictos cantan loas a la pureza del líder mientras la UCO desentierra las pruebas y los esqueletos. El problema no es Ábalos, ni Koldo, ni Vanderleia Aparecida. El problema es el ecosistema. La cultura del encubrimiento. La conversión de la vergüenza en relato, del delito en espectáculo.
Ferraz huele a dinero viejo y a mentira reciente. Los pasillos están llenos de ecos que nadie quiere oír. Y el país, cansado de escándalos, asume la corrupción como parte del paisaje, igual que el polvo o la humedad. Lo trágico no es el delito, sino la costumbre.
El PSOE se ha especializado en corromper lacorrupción. La forma de negarla consiste en someterla al tratamiento de los hechos alternativos, ridiculizarla y trivializarla. PedroSánchez ha descubierto que el escándalo, contado con sorna y sometido a la terapia de la tergiversación, adquiere incluso una dimensión disfrutona. Que la risa anestesia. No digamos cuando los sobres de Ferraz alojan chistorras grasientas y las putas a disposición se llaman Ofelia Stoica y Vanderleia Aparecida. "No es corrupción, es costumbrismo", suscriben los portavoces del régimen, mientras Ferraz huele a pudridero y aromatiza la corrupción generalizando los bulos.