La nueva revolución conservadora

Velma Hart, de 42 años, madre de dos hijos, afroamericana, espetó el pasado 20 de septiembre al presidente Obama en un programa de televisión su queja

Una bandera estadounidense en un mitin de los republicanos (Reuters)

Velma Hart, de 42 años, madre de dos hijos, afroamericana, espetó el pasado 20 de septiembre al presidente Obama en un programa de televisión su queja que es la de muchos norteamericanos: “Presidente, estoy agotada de apoyarle”. La anécdota, aunque muy conocida, la rememoraba el pasado miércoles en la Tercera de ABC el ensayista francés Guy Sorman, en un análisis interesante titulado Obama, derrotado por él mismo porque el líder estadounidense habría cogido “prestada su respuesta a la crisis de los manuales más manidos de la socialdemocracia”. Y añadía: “Es la economía la que destruye a Obama, el estancamiento, el desempleo y, más todavía, la falta de perspectivas. Tanto si se trata de la guerra como de la crisis, en dos años Obama ha dado muestras de una notable falta de creatividad.

Con este clima de opinión llega el presidente norteamericano a las decisivas elecciones del próximo martes, justo en el ecuador de su primera legislatura. Los ciudadanos del imperio tendrán la oportunidad de renovar por completo la Cámara de Representantes (435 escaños), actualmente con mayoría demócrata y a un tercio de los senadores, 37 de los 100 que componen el Senado, y en el que también el partido demócrata dispone de mayoría absoluta (60). Al mismo tiempo, habrá comicios para elegir a 37 de los 50 gobernadores. Y la sensación general -avalada por muchos precedentes históricos- es que el partido del presidente USA en estas elecciones denominadas midterm elections (elecciones de mitad de legislatura)  podría perder posiciones de manera sustancial e, incluso, la mayoría en ambas Cámaras legislativas, así como algunos gobernadores.

El desgaste de Obama en estos dos años ha sido brutal. No sólo porque cientos de miles de ciudadanos han comprado a la Fox  las peores insidias sobre el primer presidente negro de los Estados Unidos -sería musulmán clandestino, socialista declarado y  habría nacido en un país africano-, sino también porque la regeneración que prometió no se ha logrado y persisten los problema crónicos como los de la guerra en Iraq y Afganistán, la falta de control sobre el sistema financiero y una fortísima crisis de valores cívicos que ha provocado la emergencia del movimiento conservador denominado Tea Party. La persistencia de una tasa de paro de casi el 10%  es otro de los argumentos más letales para el presidente.

Un varapalo histórico al obamismo tendría consecuencias mundiales cuando todavía estamos situados en el epicentro de la recesión mundial y hay debate de fondo en todo el mundo occidental entre el liberalismo progresista -en Europa sería la socialdemocracia- y el conservadurismo en sus dos versiones, el moderado -el Partido Republicano convencional- y el duro -el movimiento populista Tea Party-, binomio que en Europa tendría una complicada réplica, y que quizás, encontraría puntos de conexión con las tesis de la “Gran Sociedad” lanzadas por David Cameron en Gran Bretaña con las que se propugna un drástico adelgazamiento del Estado y un mayor protagonismo de la sociedad civil.  Estamos, pues, concernidos directamente por los comicios del martes en EEUU.

Según The New York Times, hasta 109 de los 435 de los escaños de la Cámara de Representantes estarían ahora “abiertos”, es decir, no asegurados para ninguno de los dos partidos en liza. Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara y estrechísima aliada de Obama, tiene garantizada su reelección en su distrito de California, pero si los demócratas no consiguen la mayoría actual (disponen de 255 escaños), la dirigente liberal perdería la presidencia. Los republicanos necesitan pasar de sus 178 escaños de ahora hasta los 218 para obtener la mayoría, lo que, aunque complicado, no resulta imposible según las encuestas.

En el Senado son 19 los escaños “abiertos” de los 37 que se eligen. Las encuestas resultan concluyentes sobre el incremento de senadores conservadores, pero no en cuanto a la pérdida demócrata de su actual mayoría absoluta. Pero si el líder de esa mayoría demócrata -Harry Reid, senador por Nevada- perdiese su escaño, Obama se quedaría sin otro aliado tan fiable y decisivo como la acerada Pelosi.

Si el líder de esa mayoría demócrata -Harry Reid, senador por Nevada- perdiese su escaño, Obama se quedaría sin otro aliado tan fiable y decisivo como la acerada Pelosi

La batalla senatorial más interesante es la de Florida, en donde Marco Rubio, gran representante del Tea Party, ha desplazado al conservador moderado Charlie Crist que se presenta como independiente tras abandonar el partido republicano. Florida es -en cuanto al Senado se refiere- el Estado en donde las huestes de Sarah Palin esperan su gran trofeo, tanto frente a los republicanos convencionales -a los que su movimiento ha empujado hacia posiciones más duras- como  frente a los demócratas.

De los 37 gobernadores que se eligen el próximo martes, The New York Times considera elecciones “abiertas” hasta 24 y entre éstos algunos Estados tan importantes como el de Ilinois -tierra de Obama- donde es posible que el candidato republicano obtenga una gran victoria, pasando por Florida, California, Texas y Ohio. Algunos de los candidatos a gobernadores están vinculados al Tea Party o, no formando abiertamente parte de él, han mudado posiciones hacia la derecha.

Prescindir de los apriorismos viscerales

No conviene entender el Tea Party con apriorismos viscerales. Así lo acaba de aconsejar el Premio Nobel Mario Vargas Llosa en un artículo muy documentado en el diario El País el pasado domingo. El autor hispano-peruano (Las caras del Tea Party) escribe que hay en la entraña de este movimiento algo sano, realista, democrático y profundamente libertario. El temor al crecimiento desenfrenado del Estado y de la burocracia, cuyos tentáculos se infiltran cada vez más en la vida privada de los ciudadanos, recortando y asfixiando su libertad y sus iniciativas; la apropiación por parte del sector público de funciones o servicios que la sociedad civil podría asumir con más eficacia y menos derroches de recursos (…)”.

Vargas Llosa abjura de los fanáticos que se han incorporado a este movimiento, pero puntualiza que el Tea Party  no “es un partido político (…) y que algo importante quedará de él y será absorbido por los grandes partidos y el quehacer político en esta sociedad, una de las más permeables y capaces de recrearse que conozco.”

Paradójicamente, el Tea Party podría favorecer a Obama y a los demócratas porque su reto o su desafío son al republicanismo conservador. También lo apunta así Vargas Llosa al suponer que “en estas elecciones parciales le complica más la vida al Partido Republicano que al Partido Demócrata”. Lo cual resulta por completo cierto a la vista del desplazamiento a la derecha que han experimentado casi todos los candidatos conservadores.

La revolución conservadora de Reagan era universalista; la de Sarah Palin es provincial. Obama y los demócratas van a ser derrotados por una legión del rechazo sin líder ni visión

El ensayista francés Guy Sorman no está lejos de las tesis de nuestro flamante Nobel cuando escribe que “del fondo de los Estados Unidos ha resurgido una ola conservadora que se caracteriza por el odio hacia el Estado, el culto al individualismo y el apego al capitalismo, todos ellos ingredientes que constituyen la sociedad estadounidense y que son ajenos, o incluso incomprensibles, para los no estadounidenses”. Y sentencia el galo que “la revolución conservadora de Reagan era universalista; la de Sarah Palin es provincial. Obama y los demócratas van a ser derrotados por una legión del rechazo sin líder ni visión”.  Quizás por esa falta de armazón del Tea Party, Vargas Llosa cree que este movimiento no cristalizará pero que su mensaje -en determinados aspectos- “merece ser tenido en cuenta”.

Trayendo el debate a España –y salvando enormes distancias-, Zapatero dispone de alguna evocación obamista y el movimiento conservador podría reinventarlo -con exclusión de fanatismos, integrismos y fundamentalismos, esa parte aborrecible del Tea Party que en su vertiente mediática enlaza con el discurso de la peor extrema derecha- un PP que vaya en la línea del discurso de Mariano Rajoy en Santander el pasado martes con ocasión del XIII Congreso del Instituto de Empresa Familiar.

El presidente popular –en sintonía evidente con las propuestas conservadoras británicas de David Cameron- esbozó por primera vez un programa basado en dos grandes criterios: la racionalización del Estado de las autonomías y la liberalización socio-económica conforme a un planteamiento -menos Estado y más sociedad- que en un país tan burocratizado como España resulta necesario. Por eso, entre otras muchas cosas y por la solidez y ritmo de salida de la recesión, son tan importantes las elecciones en Estados Unidos del próximo martes. En esta interconexión social y política consiste la globalización.

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