El desafío: contra un horizonte griego para España

Era el momento de descararse. España, con un déficit del 8,51% y un desempleo de más del 23% según la EPA -que será de más del

Era el momento de descararse. España, con un déficit del 8,51% y un desempleo de más del 23% según la EPA -que será de más del 24% en el mes de diciembre- y 4.7000 parados según el INEM (en febrero se incrementaron en 112.000) no podía cuadrar unos presupuestos para 2012 con un ajuste de 40.000 millones de euros para lograr un 4,4% de déficit. El Gobierno, haciendo lo que debe, establece un objetivo también duro pero más realista: el 5,8%, para una economía que decrecerá el 1,7%. Rajoy desafía a la Comisión Europea, pero cumple con su obligación. La herencia que recibió no fue a beneficio de inventario. Y ya no tiene más sentido que el meramente dialéctico volver la vista sobre las tropelías que cometieron José Luis Rodríguez Zapatero y los gobiernos del PSOE.  Asumieron unos compromisos en la UE que deben ser sometidos ahora a la cláusula sic rebusstantibus, es decir,  sólo eran cumplibles si se daban unas condiciones que ya no se dan. Las que concurren son peores y es preciso ajustar nuestros presupuestos al realismo y la sensatez. Esto es: debemos reducir el déficit de manera progresiva pero sin desangrar la economía española ni convertir a nuestras clases medias en clases precarias por efecto de una fiscalidad de hechuras escandinavas, ni a las obreras en parias por falta de trabajo.

Los presupuestos generales del Estado no los aprueba el comisario Olli Rehn, ni la Comisión de la UE, sino el Parlamento español a propuesta del Gobierno. Corresponde al Ejecutivo -guste o no a Rehn y demás- plantear como ha hecho el objetivo del déficit sin quebrar el espinazo al país. España no está intervenida y no tenemos la culpa de que la Unión Europea esté dominada -¿recuerdan que Enzesberger denominó a Bruselas “gentil monstruo”?- por intereses cada vez menores pero que exigen un vasallaje también cada vez más disciplinado y silente. Nos pueden amenazar -ya lo han hecho- con las siete plagas egipcias -los mercados- pero hay que aguantar el tirón para no convertirnos en Grecia.

Si los Olli Rehn de la vida bruselense no quieren ver las reformas estructurales de profundo calado habrá que aplicar el principio de la soberanía nacional, no tanto como expresión de disidencia, como de autodefensa. Así lo ha hecho Rajoy, como el Reino Unido y como Irlanda

Militar en el europeísmo no consiste en aceptar de hinojos la concepción germánica del ajuste y de la inflación que atornilla Angela Merkel a un año de las elecciones en las que corre el peligro de perder la cancillería. Tampoco es dogma de fe el europeísmo de Sarkozy, que en abril se ha de ver las caras en las urnas con François Hollande, un rival que bien podría desalojarle de la presidencia de la República. La ineficacia de la UE en Grecia -en donde ha impuesto a un primer ministro tan inútil o tal útil como Papandreu-, es sólo comparable a su torpeza dejando escapar al Reino Unido de la Gran Bretaña y República Checa de un acuerdo intergubernamental de estabilidad y sostenibilidad presupuestarias que Irlanda, ya ha adelantado, someterá a  referéndum.

Al directorio franco-alemán se le está yendo de las manos la gobernanza de la Unión porque está confundiendo sus intereses -electorales, inmediatos- con los del conjunto. La carta de doce países reclamando políticas de estímulo, más allá de los recursos disponibles para implementarlas, consistía en un llamamiento político para corregir la rigidez del diagnóstico alemán secundado por ese instrumento de Berlín que es el BCE. La burocracia de obediencia teutona y gala se resiste, sin embargo. Pero el ejemplo de Grecia con su epifenómeno de helenización -increencia en la UE, desafecto a Europa, protestas callejeras, desorden social y sentimiento transversal de frustración-es demasiado elocuente como para que España se raje la barriga como hizo Madama Butterfly, desesperada por creer perdido a su amado Pinkerton.

El hecho de que la izquierda pretenda lanzarse a la calle -y lo está haciendo- y los sindicatos acaricien la convocatoria de una (¿exitosa?) huelga general, podrá juzgarse severamente, pero habrá que admitir que existe un fondo de tozudez irritante en la UE que abona sus pretensiones de agit-prop en detrimento de un Gobierno que ha congelado el gasto, ha subido los impuestos y ha puesto en marcha tres reformas estructurales de profundo calado; todo ello en dos meses de gestión. Mayor celeridad, imposible. Mayor profundidad en las medidas, difícil. Mayor voluntad de austeridad y de compromiso, improbable. Si los Olli Rehn de la vida bruselense no quieren verlo, habrá que aplicar el principio de la soberanía nacional, no tanto como expresión de disidencia, como de autodefensa. Así lo ha hecho Rajoy, como el Reino Unido, como República Checa y como Irlanda.

Más allá de Unión Europea

El Colegio Libre de Eméritos acaba de hacer público el cuarto capítulo del Cuaderno de España 2025, a cargo del sociólogo y académico de morales y políticas, Emilio Lamo de Espinosa. Recomendable lectura porque sobre la afirmación de que “dependemos del exterior, pero el exterior no depende en absoluto de nosotros”, el catedrático ve “una España confusa, una Europa desorientada y un mundo que nos deja de lado”. Lamo de Espinosa, que es uno de los pocos intelectuales dignos de tal denominación que tenemos en España, sostiene que “nos engañamos cuando  pensamos que somos una potencia media” y aconseja que nuestro país “debe apoyar todo lo posible la articulación de una sólida diplomacia y política exterior de la UE”. Pero -advierte- de que “no podemos confiar en el servicio europeo de Acción Exterior. Deberemos buscarnos la vida más allá del marco de la UE. Ante el nuevo mundo post occidental y asiático que se abre, y ante el fracaso del proyecto europeo de política exterior, regresamos al punto cero”.

No se trata de volver al desviacionismo africanista del unamuniano “que inventen ellos”, ni a la pereza decimonónica, sino de, como sugiere Lamo de Espinosa, desarrollar “una potente diplomacia bilateral” con Alemania, Francia y Gran Bretaña, pero también “una estrecha relación con los Estados Unidos”, con algunas naciones de América Latina como Brasil y México y reforzar “las agendas bilaterales con los dos grandes países del Magreb, con Argelia y Marruecos”. La propuesta de este catedrático es que no nos encerremos en tablas, que trabemos relaciones bilaterales -las multilaterales en la UE nos funden- y que diversifiquemos. Para ello disponemos, dice, del prestigio internacional de la Corona, de una clase empresarial emprendedora que ha logrado una sugestiva internacionalización y de un instrumento cultural decisivo: nuestra lengua.

En la Unión Europea algunos analistas saben -y lo constata Lamo de Espinosa- que España carece de una sociedad civil fuerte (“caldo de cultivo de todo tipo de corrupciones”), el Congreso está “esclerotizado” y el Senado es“inútil y necesitado de una reforma profunda”; por lo tanto, nos ven frágiles. Mucho más que a los italianos, que con Monti no están logrando maravillas pero que es “uno de los suyos”. O sea que la helenización de España -revuelta social, resignación y pesimismo- es una variable que se maneja en algunos despachos.

Se produciría si aceptamos, asumimos, nos aquietamos a la exigencia irracional de sajar los Presupuestos hasta tocar el nervio del sistema que son la Sanidad, la Educación y los Servicios Sociales. Necesitamos exactamente lo que -al parecer- el presidente del Gobierno sabe hacer: administrar los tiempos. El 4,4% de déficit para el 31 de diciembre de 2012 estaba fuera de cualquier registro y nos llevaba a la ateniense plaza de Sintagma. Que es, justamente, a donde no queremos ir. Y si no queremos, no vayamos. Aunque la negativa constituya un desafío.

Notebook

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
36 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios