Rouco, el pequeño 'Ciudadano Kane'… y el Gobierno

  El cardenal-arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española es un hombre con una enorme pulsión por el ejercicio del poder.

 

El cardenal-arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española es un hombre con una enorme pulsión por el ejercicio del poder. Lo ha venido demostrando de puertas adentro de la Iglesia española (ha laminado cualquier disidencia episcopal dando escarmiento a su predecesor, el moderado arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, y partiendo peras con el cardenal Antonio Cañizares) y ante la propia sociedad, exhibiéndolo ante la clase política. Su formación alemana en derecho canónico y su consideración de España como un producto histórico del catolicismo le determinan con criterios integristas en el orden moral, pero muy versátiles en el político. (Su tesis doctoral: “Las relaciones Iglesia-Estado en la España del siglo XXVI”). 

Sin Antonio María Rouco Varela al frente del episcopado español en estos últimos años –tras las desapariciones de los cardenales Vicente Enrique y Tarancón y Ángel Suquía-, la Iglesia española no hubiese logrado mantener los acuerdos Santa Sede-Estado español de 1979. Gracias a ellos, la Agencia tributaria recauda la asignación de los contribuyentes a la Iglesia y el Estado la completa. Y en función de estos acuerdos, la escuela pública incorpora optativamente la asignatura de religión que imparten profesores pagados por el Estado pero designados por los obispos en sus diócesis. Y, por mandato de estos acuerdos, la Iglesia resulta eximida de numerosos impuestos y tasas.

El cardenal de Madrid no es –como a él le gustaría- un redivivo Ángel Herrera Oria, fundador de la Editorial Católica y periodista de hondura, pero se conforma con representar el papel de un pequeño ciudadano Kane de la España central, prestando al poder de turno el servicio que el poder suele requerir de los medios

¿Cómo ha conseguido Rouco Varela retener este poder para la jerarquía eclesiástica? Mediante dos instrumentos que le han funcionado casi a la perfección: de una parte, las movilizaciones con la ayuda del llamado Camino Neocatecumenal de Kiko Argüello en el espacio preferido del cardenal, la plaza de Colón de Madrid; de otra, mediante el sostenimiento de una potente voz mediática. Poniendo en la calle sus poderes, Rouco Varela trata de demostrar que en la sociedad española el catolicismo ortodoxo está muy arraigado, especialmente en lo relativo a la moral sexual y familiar. Con la voz mediática, ha servido al poder de turno con un alto grado de relativismo –gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones-, de modo que ha proporcionado, ora al PP, ora al PSOE, el tratamiento que ha creído más efectivo.

El cardenal de Madrid no es –como a él le gustaría- un redivivo Ángel Herrera Oria, fundador de la Editorial Católica y periodista de hondura, pero se conforma con representar el papel de un pequeño ciudadano Kane de la España central, prestando al poder de turno el servicio que el poder suele requerir de los medios. La extremosidad de la COPE contra Zapatero y, al mismo tiempo, los zurriagazos de sus entonces estrellas radiofónicas hoy abandonadas por el cardenal, a Rajoy y al PP, compusieron una estrategia mediática que complació mucho a los socialistas porque atacándolos lo hacía de tal forma que les beneficiaba. La vicepresidente Fernández de la Vega escuchaba las mañanas de la Cope como en la sequía se siente caer el agua sobre la tierra yerma. Viajó enlutada a Roma las veces que hicieron falta y mantuvo el estatus quo de la Iglesia, mientras Mariano Rajoy salía malparado de buena mañana (y con él otros muchos).

Cuando convino, el cardenal prescindió de los aguerridos periodistas liberales y, como cambiaba la dirección del viento, instaló en la cadena tonos más mesurados, se deshizo de los democristianos del CEU y los sustituyó por personal de estricta confianza (muy profesional, por cierto) y se dejó de zarandajas. ¿Dónde había que echar la caña para elevar la audiencia de la Cope pero sin repeticiones turolenses? En la SER de Prisa. Y en julio de 2010, se llevó a las ondas católicas al equipo de Carrusel Deportivo. Tras un golpe de timón en la gestión de la emisora -Coronel de Palma al destierro- potenció la revista Alfa y Omega que se distribuye con ABC los jueves dando verduguillo a la revista católica Alba (Intereconomía), y ahora ha rematado la operación.

Por una parte, ha llegado a un acuerdo con Vocento para unir sus postes (más de setenta) a los de la Cope iniciando así la persecución a Onda Cero; y por otra, ha opado a los periodistas y tertulianos de referencia de Julio Ariza  para incorporarlos a 13 TV (seguramente también a la Cope), dejando Intereconomía en el chasis y al borde del cierre (se encuentra ya en preconcurso de acreedores), para reinar en el trono de las TDT. Rouco –y/o su larga mano- ha tenido la santa paciencia de esperar a que a Ariza le ahogasen las deudas y se le agotase el circulante hasta el punto de no poder pagar las nóminas, de manera que los fichajes se han producido por estricta necesidad de los fichados. Ahora la Cope, 13TV, el tono y los contenidos netamente políticos de Alfa y Omega  no son ariscos con el presidente del Gobierno (antes: “Maricomplejines”), y en el caserón de Añastro –sede del arzobispo de Madrid- se musita con impostada preocupación de qué manera Intereconomía se ha echado al monte y la satisfacción por la nueva y moderada línea de los medios bajo control de la archidiócesis. Vamos a ver con quiénes se alinean los medios de la Iglesia en esta batalla de banderías que se ha adueñado del Partido Popular y ahora que el Gobierno –como ayer contaba este periódico y explicaba su director Nacho Cardero- parece decidido a intervenir en los medios para evitar lo que los ministros consideran “acoso salvaje”.

Aunque hay malpensados que sospechan que el dinero para estas operaciones eclesiásticas sale del cepillo de las parroquias y templos, se equivocan. La jerarquía eclesiástica no es torpe. Tras estas operaciones con la Cope y 13 TV hay un negocio convencional. Todo ello en una operación muy amplia que pasa por una suerte de buitreo que no será demasiado caritativo pero que es muy efectivo y mercantilmente resulta del todo habitual. Comerse de una tacada a Intereconomía, detraer a Vocento su proyecto radiofónico y, antes, arrebatar a la SER a los hombres de su Carrusel deportivo, no es poca cosa.  Es bastante más de lo que el Ejecutivo ha logrado: una fusión Sexta-Antena 3 que no le es precisamente favorable; la caída en picado de las audiencias en RTVE y una inédita conjunción en su contra: la de El País y la de El Mundo. De nota. Por eso es importante saber cuál es la apuesta ahora del cardenal-arzobispo de Madrid.

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