Un relato de 16 minutos que salvó la crisis

Corría el año 1977. La crisis económica –derivada de un brusco incremento de los precios del petróleo—había llevado a la inflación a superar de largo el

Corría el año 1977. La crisis económica –derivada de un brusco incremento de los precios del petróleo—había llevado a la inflación a superar de largo el 20%. Las expectativas eran pésimas: crecía el paro, el déficit exterior se incrementaba y el alza de los precios apuntaba al 30%. Una situación desesperada en una España que acababa de salir del franquismo y se disponía a encarar un muy difícil proceso constituyente. En junio de 1977, Adolfo Suárez toma una decisión crucial: formar gobierno entregando a Enrique Fuentes Quintana la vicepresidencia segunda para Asuntos Económicos. El político abulense ponía al frente de la economía española a uno de los académicos más reputados en este ámbito, con un prestigio indiscutible. 

 

A los tres días de su designación, Fuentes Quintana se fue a TVE y se dirigió al país en una intervención que, si ya entonces se consideró magistral, hoy constituye una referencia de relato político sobre cómo un dirigente político ha de encarar la interlocución con la opinión pública. El vicepresidente, extraordinariamente sobrio en las formas, leyó un texto durante 16 minutos y algunos segundos. Explicó lo que le ocurría a España, confesó que su misión era “dura, difícil y desagradable”, que las soluciones a los problemas de la economía no eran económicas sino políticas y que el Gobierno tendría que ganarse la credibilidad con los hechos y las palabras.

Fuentes Quintana no trufó su intervención de cifras macroeconómicas: utilizó sólo aquellas que resultaban imprescindibles para demostrar el dramatismo de la coyuntura. Y asumió en nombre del recién nombrado Gobierno cuatro compromisos: 1) Ampararía al máximo los intereses de las clases populares y modestas, 2) manejaría con equilibrio una política de ingresos y de gastos poniendo en marcha una reforma fiscal, 3) se atendría a la libertad del mercado pero no renunciaría a intervenirlo para evitar sus lacras y 4) abordaría la solución a la crisis de acuerdo con la oposición, con renuncia a la imposición y buscando pactos y transacciones. Y añadió que mantendría una política de comunicación veraz y completa.

No podemos ni debemos suponer que el futuro está escrito en el ayer, pero el pasado puede alumbrar algunos episodios del presente. Fuentes Quintana con esos magistrales, sinceros, sencillos y claros 16 minutos de exposición se ganó a la opinión pública en 1977 y fue el prólogo de intenciones para conseguir cuatro meses después los históricos Pactos de la Moncloa

Apenas cuatro meses después, en octubre de 1977, se firmaban los Pactos de la Moncloa, apoyados por todos los grupos políticos y por Comisiones Obreras. Aquellos acuerdos, no sólo remediaron en buena medida la situación económica catastrófica de España, sino que permitieron abordar la elaboración de la Constitución en un clima de solidaridad nacional y en un ambiente de alta complicidad con los intereses de España. Un año después, en diciembre de 1978, la Constitución se aprobaba y nuestro país -salido apenas cuatro años antes de una dictadura- pasaba a formar parte de las democracias europeas. En febrero de ese año Fuentes Quintana, cumplida su misión, regresó a la vida privada de la que salió temporalmente a petición del presidente Suárez.

Cuando se sostiene que no es posible un relato político sobre la crisis económica se falta a la verdad. Ocurre que no hay talento -ni con el anterior Gobierno ni con éste- para elaborarlo y transmitirlo con credibilidad. El desastre comunicacional del actual Gabinete, que se puso de manifiesto el 26 de abril y que Rajoy con más voluntad que acierto ha tratado de enmendar, responde en cierta medida a la ausencia de una concepción determinada de la política que remite al servicio público y a los intereses del país de una forma radical. Fuentes Quintana no era hombre de partido; no necesitaba de la política ni para vivir ni para disponer de reconocimiento social. Era uno de esos mejores a los que aludía Ortega y de esos que nos han faltado en la historia de España. Era un hombre con independencia ideológica y de criterio. Era -él, y algunos otros dirigentes de aquellos años- una personalidad eminente y respetada.

Su trayectoria posterior no hizo sino avalar su tarea política. En 1979 escribió (diario El País de 18 de febrero) con gran clarividencia -sus reflexiones tendrían vigencia hoy- que “dos son las actitudes erróneas y peligrosas frente a la crisis que pueden ampararse desde un contexto político y democrático: forzarexcesivamente las esperanzas del electorado por las exigencias del mercado político y el dominio que pueden llegar a alcanzar los grupos de intereses, merced a su presión social, en contra de una política económica que trate de superar la crisis”.

No podemos ni debemos suponer que el futuro está escrito en el ayer, pero el pasado puede alumbrar algunos episodios del presente. Fuentes Quintana con esos magistrales, sinceros, sencillos y claros 16 minutos de exposición se ganó a la opinión pública en 1977 y fue el prólogo de intenciones para conseguir cuatro meses después los históricos Pactos de la Moncloa. En un cuarto de hora, se salvó sicológicamente la crisis. En la situación de entonces y de ahora hay un cierto paralelismo. No en las personas y menos en las actitudes y los discursos. Aún en las peores coyunturas un dirigente político -sea de la orientación ideológica que sea- ha de tener el patriotismo bien entendido de decir la verdad, hacerlo con  humildad y empatía y aglutinar voluntades. En estos tiempos de desolación, el recuerdo de discurso de Fuentes Quintana en junio de 1977 se agiganta como referencia ineludible.

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