Lo que la ciudad de Barcelona ya tiene y Madrid todavía necesita
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José Antonio Zarzalejos

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Lo que la ciudad de Barcelona ya tiene y Madrid todavía necesita

Puede resultar paradójico que una ciudad como Madrid con 7.000 millones de deuda financiera aspire a organizar los Juegos Olímpicos de 2020 que obligaría a inversiones del orden de 2.000 millones

Foto: Artur Mas e Ignacio González. (EFE)
Artur Mas e Ignacio González. (EFE)

Puede resultar paradójico que una ciudad como Madrid con 7.000 millones de deuda financiera aspire a organizar los Juegos Olímpicos de 2020 que obligaría a inversiones del orden de 2.000 millones de euros. Sin embargo, no lo es. Los retornos de la organización de los Juegos son enormes y se celebrarían, además, dentro de siete años, cuando estemos ya en la estela final de la crisis. España precisa un revulsivo colectivo que la aúne y la ilusione y su capital, Madrid, el empujón final para lograr una internacionalización que Barcelona obtuvo en 1992 y que a la capital de España le reportaría los activos, materiales e inmateriales, que le faltan. En otras palabras: se produciría un reequilibrio en el eje Madrid-Barcelona que tanto en términos socio-económicos como políticos serían del mayor interés.

Los Juegos Olímpicos, según las más recientes experiencias de Londres y de Pekín, crean puestos de trabajo. En la capital del Reino Unido tantos como 200.000 y en la de China, 600.000. La experiencia de Barcelona-1992 resultó muy expresiva: durante los siete años de construcción de infraestructuras el desempleo bajo en la ciudad y su entorno del 18,4% al 9,6%, mientras en el conjunto de España se incrementó del 10,9% al 15,5%. Si Madrid obtuviese el día 7 la designación olímpica, la organización baraja la creación de  320.000 puestos de trabajo hasta 2020. De otra parte, la intervención económica de las tres administraciones públicas -local, autonómica y central- en combinación con patrocinios de empresas y entidades privadas, haría llevadera la financiación de la edición de los JJOO y dinamizarían muchos proyectos que varias compañías tienen en cartera. Entre otros, el sector inmobiliario, tan importante en la economía española y, específicamente, en la madrileña. Por lo demás, Madrid ofrece austeridad -el gasto en infraestructuras preciso en Tokio y Estambul es mucho más alto-, seguridad y una gran movilidad aérea y en superficie.

Madrid ha atraído a un millar de empresas catalanas porque las políticas liberales -bussines friendly- establecen un marco fiscal y liberalizador más atractivo que el catalán, al margen de consideraciones políticas

Madrid requiere recorrer el tramo de gran ciudad que le falta y que Barcelona ha transitado. La ciudad condal, como habrán comprobado los que viajan por Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, es la referencia urbana más internacional de España. Su posición geográfica más céntrica que la de Madrid respecto de Europa, cabecera del Mediterráneo con un puerto de cruceros envidiable y un aeropuerto que ya ha superado en tráfico al de Barajas, le otorgan a la ciudad condal -que vende muy bien su imagen- un plus sobre la capital. La afluencia turística a Cataluña (es una potencia con 14 millones de turistas, más de 100 millones de pernoctaciones y más de 700.000 plazas de alojamiento) y su potencia exportadora (el 25% del total de las de España), se impulsó decisivamente en los Juegos de 1992.

Las cosas están cambiando hacia el equilibrio. Madrid es una plaza financiera y empresarial ya superior a Barcelona. También cultural. Según un estudio de la consultora Axesor cuyas conclusiones fueron dadas a conocer por Ignacio González e impugnadas por Felip Puig, consejero de Empresa y Empleo de la Generalitat, Madrid ha atraído a un millar de empresas catalanas porque las políticas liberales -bussines friendly- establecen un marco fiscal y liberalizador más atractivo que el catalán, al margen de consideraciones políticas que cada día pesan más. Las catedráticas de la Universidad de Barcelona Nuria Bosh y María Espasa constatan en un reciente estudio que Cataluña deja de percibir de sus empresas más de 8.000 millones de euros por el asentamiento de sus centros operativos en la capital de España. Ambas comunidades -Cataluña y Madrid- mantienen diferencias demográficas importantes, pero Barcelona pierde más población que la capital de España en un contexto de recesión general. Como informaba el diario Cinco Días el pasado miércoles, casi el 50% de las rentas altas tributan por IRPF en Madrid. Datos todos ellos muy expresivos.

Madrid tiene muchos inconvenientes y no pocas antipatías en la periferia española, pero nadie puede negar que sea una ciudad abierta, que a nadie pregunta de dónde viene sino a donde va.

Barcelona hizo con los JJOO de 1992 una transformación radical de la ciudad. Pasó de estar de espaldas al mar a mirar el Mediterráneo de frente. La Ciudad de los Prodigios, de Eduardo Mendoza, se convirtió en efectivamente prodigiosa, después de que, antes, experimentara otro empujón histórico: la Exposición Universal (también llamada Internacional) de 1929. Dos hitos decisivos para Cataluña  y Barcelona en un siglo, que Madrid no ha disfrutado y que debería registrar para no convertirse sólo en una ciudad administrativa como La Haya frente a Ámsterdam u Ottawa frente a Toronto, por poner dos ejemplos a mano. 

Obviamente, la situación política por la que atravesamos indicaría muy claramente la elección de Madrid como sede olímpica 2020. Resultaría un factor centrípeto cuando se está produciendo una dispersión preocupante. Madrid tiene muchos inconvenientes y no pocas antipatías en la periferia española, pero nadie puede negar que sea una ciudad abierta, libérrima en sus usos y costumbres, que a nadie pregunta de dónde viene sino a dónde va. Su identidad es ser mestiza, entreverada, y en la que debe distinguirse su faceta de centro de poder de la de ciudad abierta y liberal que es. Por todo eso, a Madrid -y con Madrid, a España- le sentarían muy bien los Juegos Olímpicos de 2020. Sería -no como dice Arturo Fernández de Eurovegas- la auténtica inversión del siglo. 

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