Las dos burbujas engañosas del Gobierno: optimismo y silencio
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José Antonio Zarzalejos

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Las dos burbujas engañosas del Gobierno: optimismo y silencio

El optimismo y el silencio tienen buena prensa. Salvo en algunos casos. Miguel de Unamuno sentenció que “a veces el silencio es la peor mentira” y

El optimismo y el silencio tienen buena prensa. Salvo en algunos casos. Miguel de Unamuno sentenció que “a veces el silencio es la peor mentira” y Oscar Wilde hizo una suposición a contracorriente: “La base del optimismo es puro terror” (se entiende que terror a la realidad). Pues bien, el Gobierno de Rajoy, para eludir las realidades más inconvenientes, está hinchando desmesuradamente dos burbujas que terminarán por estallarle si acaso no lo han hecho ya: la del optimismo y la del silencio.

Cospedal, en racha dialéctica, anunció que el paro registrado de agosto sería el mejor de la serie histórica desde el año 2000. Lo ha sido: se han creado 31 empleos netos gracias al descenso de 9.220 personas en el colectivo de “parados sin empleo anterior”, mientras se incrementaban en servicios e industria y aumentaba la ocupación en construcción y agricultura. Las bajas en la Seguridad Social alcanzan casi las 100.000. Son cifras de frenada, de ralentización de destrucción de empleo, fuertemente estacionales, y, por lo tanto, de las que ningún Gobierno estaría en condiciones de presumir, ni mucho menos de presentar como un avance sustancial. Entre el triunfalismo de la secretaria general del PP y el inane discurso de Rajoy en Sotomayor (o Soutomaior), en el que también el presidente se dedicó a glosar la inminencia de la salida de la recesión, se ha creado un trampantojo mediático-político que los ciudadanos no compran.

El 71% (*) de los españoles cree que aún queda mucho para que la economía se recupere; sólo el 18,7% cree que falta ya poco y apenas el 9,5% observa los primeros síntomas. Estas cifras demoscópicas son del mes de agosto, el más distendido y optimista del año, durante el que la psicología colectiva se encuentra más distraída de los problemas de la sociedad. Aunque no tanto como para olvidar, sin embargo, que el PP sigue cayendo en intención del voto (estaría ahora en el 28,4%, un 16,2% menos que en las elecciones generales), lo mismo que el PSOE. Lo único que aumenta -tampoco lo hacen IU y UPyD- es el voto en blanco, nulo o la indecisión, que ya superan el 54,5%.

Rajoy, y los demás líderes conservadores, han llegado a la conclusión de que al optimismo sobre la economía hay que añadir el silencio sepulcral sobre el asunto Bárcenas

Con ese falso optimismo -alejado del realismo que consistiría en matizar muy bien la significación de las cifras de paro, las razones por las que baja la prima de riesgo -todavía alta porque según el Consejo Empresarial para la Competitividad debería situarse en 150 puntos básicos- y se entona la Bolsa como ayer lo hacía aquí Jesús Sánchez Quiñones ("Lo que ha cambiado en agosto")- se quiere conjurar el grave problema que para el Gobierno y el PP representa el caso Bárcenas. Que para el 75% de la población es de enriquecimiento personal del extesorero de los populares, pero también de dirigentes de la organización y de su financiación ilegal (entre los votantes del PP estos criterios tan críticos son mayoritarios). Un porcentaje parecido pide a Rajoy medidas en el Gobierno y en el PP, porque el 65% de los consultados cree que este caso de corrupción lastra la acción del Ejecutivo y su capacidad para afrontar los problemas económicos de España.

Rajoy, y los demás líderes conservadores, han llegado a la conclusión de que al optimismo sobre la economía hay que añadir el silencio sepulcral sobre el asunto Bárcenas -a pesar de las ridículas declaraciones de Álvarez Cascos, Arenas y Cospedal ante el juez Ruz y la destrucción de los discos duros de los ordenadores del extesorero- mediante la expresión (al modo de “fin de la cita”) de “ya hemos dicho todo lo que teníamos que decir”. La segunda burbuja se hincha igual que la del optimismo. Pero el guion lo escribió Rajoy el día 31 en su tierra gallega como si un Rodiezmo de Zapatero se tratara: el caso Bárcenas no existe; el secesionismo en Cataluña, tampoco (además, y según la vicepresidenta, el Gobierno no ha tenido tiempo en un mes para leer un “prolijo” informe del Consejo Asesor para la Transición Nacional que Mas remitió a Moncloa pidiendo la autorización de una consulta); nada hay que decir de política internacional y el tema de Gibraltar que lo toree García-Margallo, pero no él nada tiene que decir.

Hay que pensar con Jean de la Bruyère que “el silencio es el ingenio de los necios” y que el optimismo es, efectivamente, una protección al terror que provoca la realidad -no la virtual precisamente- de las arenas movedizas en las que se ha instalado el Ejecutivo y su partido. Rajoy envió tres mensajes en Sotomayor (o Soutomaior): la economía mejora, está “orgulloso” de sus ministros y nada le va a “distraer” de su obligación, que es levantar a España de la crisis. La realidad es que la economía toca suelo y repta sin repuntar, que muchos de sus ministros están más quemados que el palo de un churrero y que el caso Bárcenas (y ahora, también el caso Nóos si Barberá y Camps son imputados) no sólo le distraen, sino que le obsesionan.

Lo peor, sin embargo, del último discurso de Rajoy es la falta de respeto a los ciudadanos. No es de recibo abrir el curso 2013-2014 anunciando que en septiembre del próximo año dará noticia de una bajada de impuestos (que entraría en vigor, claro, en 2015, año electoral). Porque habría que espetarle lo que escribió Quevedo al respecto: “Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir”. De modo tal que el Gobierno puede engañarse con el silencio y el optimismo, pero en la calle todo el mundo sabe -y habla de ello- que son burbujas de jabón dialéctico.

(*) Datos obtenidos del barómetro de la Cadena SER que se dieron a conocer la mañana del pasado lunes.

Mariano Rajoy María Dolores de Cospedal Partido Popular (PP) Paro Caso Bárcenas