Pompas fúnebres catalanas para el socialismo español

El quid de la cuestión lo desveló Maurici Lucena, portavoz del PSC, cuando afirmó que con un Gobierno del PSOE la consulta “sería más fácil”

Foto: Pere Navarro, en primer plano, junto a Alfredo Pérez Rubalcaba, en octubre de este año. (EFE)
Pere Navarro, en primer plano, junto a Alfredo Pérez Rubalcaba, en octubre de este año. (EFE)

El quid de la cuestión lo desveló el brillante pero ingenuo Maurici Lucena, portavoz del PSC, cuando afirmó que con un Gobierno en Madrid del PSOE la consulta en Cataluña “sería más fácil”. Precisamente por eso, el PSOE no está en condiciones de ganar las próximas elecciones generales, por más que la encuesta dirigida por el competente José Félix Tezanos le atribuya un 35% de los votos. Se los regatea, sin embargo, el CIS del pasado miércoles que, sobre asignar al PP un 34% de sufragios (10 puntos menos que en el 20-N de 2011), hunde al PSOE hasta el 26,8% (2 puntos menos que en los comicios anteriores). Guiso demoscópico de variables aparte. La encuesta que hoy publica El Confidencial, del instituto DyM, abunda en la caída socialista hasta el 21% con un 32,5% para el PP.

El desplome del PSOE se atribuye a razones exógenas: el PP habría superado el caso Bárcenas (Rajoy dobla el pulso a Pedro José y hunde a Luis Bárcenas del pasado 5 de octubre) y creado unas claras expectativas de mejora en la economía española. Sin embargo, la emergencia de los populares y el nuevo hundimiento de los socialistas tendrían mucho que ver con la cuestión catalana. El socialismo en España vive en Cataluña sus horas más amargas. El PSC, en una contorsión casi imposible, reclama el derecho a decidir pero en una consulta legal y pactada con el Gobierno, lo que implica un auténtico brindis al sol. El PSOE no acepta ni el uno ni la otra, pero ofrece una reforma constitucional de corte federal que siendo sobre el papel atractiva en muchos aspectos no se percibe con capacidad para reunir los consensos necesarios y, lo que es peor, para contener a las fuerzas independentistas más ardorosas y perseverantes.

La situación de los socialistas catalanes es de postración porque no satisfacen ni a unos (los catalanistas) ni a los otros (los procedentes de la Federación Catalana del PSOE), lo que les ha llevado a unos paupérrimos resultados electorales. En las generales de noviembre de 2011 aportaron sólo 14 escaños al grupo parlamentario en el Congreso, muy lejos de los 25 con que contribuyeron en la legislatura de 2008 y en otras vencedoras del socialismo. El PSC siempre, desde 1979, había ganado las elecciones generales en Cataluña. No lo hizo en 2011. Y si allí el PSC no se impone, es difícil que pueda gobernar el PSOE en Madrid. Más aún: nunca desde la primera legislatura los socialistas catalanes habían tenido un resultado tan escaso. Hay que remontarse a 1979 (17 escaños), 1993 (18 escaños), 1996 (19 escaños) y 2000 (17 escaños) para encontrar resultados por debajo de los 20 diputados.

En el ámbito autonómico, las encuestas ya no le reservan ni siquiera la tercera plaza al PSC, que le sería arrebatada por Ciutadans. El mapa electoral de la transición ha saltado hecho añicos en Cataluña En el ámbito autonómico, ocurre tres cuartos de lo mismo. El PSC siempre ha sido el segundo partido de Cataluña, llegando a ganar en voto popular tanto en 1999 como en 2003. Pero en los comicios catalanes de noviembre del pasado año ha sido la tercera fuerza en escaños, por detrás de ERC, aunque manteniendo la segunda plaza en voto popular. Las encuestas ahora ya no le reservan ni siquiera la tercera, que le sería arrebatada por Ciutadans. Efectivamente, el mapa electoral de la transición ha saltado hecho añicos en Cataluña en donde ahora la hegemonía nacionalista pasaría a los republicanos de Junqueras.

Si de 2008 a 2011 el PSC perdió en las generales más de 700.000 votos, ¿qué ocurriría ahora? Sencillamente, que el desastre electoral se acentuaría disminuyendo no sólo sus posibilidades de forma drástica, sino condenando al PSOE a no obtener de ese vicariato político los recursos posibles para gobernar en España. Por mucha que sea la aportación de Andalucía –y lo es porque de los 61 escaños que en aquella comunidad se dilucidan, la parte del león es siempre para el PSOE– sin la de Cataluña, el socialismo español está condenado a la oposición.

La opción de restituir a la actividad diferenciada la que fue la Federación Socialista Catalana (PSOE) no se considera en Ferraz (Felipe González la estigmatizó el jueves pasado) aunque se maneje en algunos territorios del partido, contradictoriamente, en aquellos que en 1977 fusionaron las corrientes de izquierda para formar el PSC. La posibilidad de que Navarro y sus compañeros rectifiquen su actual posición y aparquen la reclamación de la consulta “legal y pactada” sería la alternativa mejor para el PSOE, que podría presentar así un discurso de izquierda nacional como el que desea Susana Díaz, que es el banderín de enganche en el PSOE de los que piensan que con la pendencia de la cuestión catalana cualquier discurso electoral socialista resulta precario y vulnerable. No es en absoluto probable que el PSC pueda girar hasta el punto de reformular su postura aunque, como le ocurre a CiU con ERC, con ella no haga otra cosa que acrecer las posibilidades de la formación de Albert Rivera.

En estas circunstancias –la Conferencia política del PSOE no ha incidido en este asunto de manera mínimamente resolutiva– el PP y el Gobierno disponen de un amplio margen de maniobra. Los populares van a tener muy duras las elecciones europeas (2014) y las autonómicas y municipales (2015) especialmente en feudos como Valencia y Madrid, pero la metralla del secesionismo catalán y la postura equilibrista del PSC y del PSOE en relación con ella van a nutrirle un discurso convincente fuera de Cataluña en las generales. El PP será el partido vertebrador de España: ese es el discurso que se perfila. Y tiene gancho.

Más aún si como parece, Rosa Díez y Albert Rivera no funden en listas conjunta su UPyD y el Movimiento Ciudadano. De tal manera que las pompas fúnebres del socialismo español se consuman en Cataluña aunque los lamentos se oigan en Madrid. El giro socialista en Ferraz quizás llegue cuando Susana Díaz convoque elecciones anticipadas en Andalucía en coincidencia con las europeas, obtenga mayoría absoluta y con ella en la mano, a modo de guadaña, convulsione el partido con licenciamientos anticipados a algunos dinosaurios del PSOE. O eso, o a seguir en la dura travesía del desierto.

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