El Rey se aplica la exigencia de ejemplaridad, asume reformas y llama a la unidad en Cataluña

Histórico mensaje del Rey, que ha manifestado que asume “las exigencias de ejemplaridad y transparencia que hoy reclama la sociedad”

Foto: El Rey, durante su mensaje de Nochebuena (Efe)
El Rey, durante su mensaje de Nochebuena (Efe)

Histórico mensaje del Rey. Histórico sin paliativos porque el Jefe del Estado, concernido por episodios personales y familiares que estaban erosionando su crédito personal e institucional, ha manifestado que asume “las exigencias de ejemplaridad y transparencia que hoy reclama la sociedad”. Un  compromiso posterior a otro, inmediatamente anterior, del que cabe deducir que Don Juan Carlos no alberga intención alguna de abdicación porque manifiesta su “determinación de continuar estimulando la conciencia cívica, en el desempeño fiel del mandato y las competencias que me atribuye el orden constitucional”. Todo ello sin dejar de ligar su visión de la Nación y del Estado a la del Príncipe de Asturias, el heredero de la Corona, al que cita en el mensaje para identificarse con su expresión de que “España es una gran Nación que vale la pena vivir y querer, y por la que merece la pena luchar”, palabras que pronunció Don Felipe en el acto de entrega de los premios que llevan su título el 25 de octubre pasado en Oviedo.

Todo el discurso del Rey trata de transmitir la seguridad de que ha tomado el pulso real a la situación de España. Porque después de referirse a todos los colectivos azotados por la crisis y reconocer los méritos y los esfuerzos para salir de ella, Don Juan Carlos remite un mensaje al Gobierno: “Para mí la crisis empezará a resolverse cuando los parados tengan la oportunidad de trabajar”, que es, justamente, lo que piensa la inmensa mayoría de los ciudadanos estragados de optimismo macroeconómico. Y otro mensaje muy claro: a las víctimas del terrorismo, azotadas ahora por la desesperanza de la anulación retroactiva de la doctrina Parot dictada por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. El Jefe del Estado es contundente: “Sé que estáis pasando por momentos especialmente difíciles

El Rey envía un mensaje conciliador a Cataluña garantizando que la Monarquía parlamentaria lo es para una Nación plural, diversa culturalmente y plurilingüe

El Rey, frente a inmovilismos pertinaces, asume –junto a la defensa de la Constitución de 1978– un impulso reformista. “Sé que la sociedad española reclama hoy un profundo cambio de actitud y un compromiso ético en todos los ámbitos de la vida política, económica y social” porque es consciente del “desaliento en los ciudadanos” por la “falta de ejemplaridad en la vida pública” que “ha afectado al prestigio de la política y de las instituciones”. Ante esta situación, Don Juan Carlos reclama “realismo para reconocer que la salud moral de una sociedad se define por el nivel del comportamiento ético de cada uno de sus ciudadanos, empezando por sus dirigentes”. El funcionamiento del Estado de Derecho debe garantizar que “la ejemplaridad presida las instituciones”, reclamando, además, generosidad para “saber ceder cuando es preciso, para comprender la razones del otro y para hacer del diálogo el método prioritario y más eficaz de solución de los problemas colectivos”.

Esta última mención, junto a la reivindicación de la vigencia de la Constitución de 1978, “no es incompatible con reconocer (…) la necesidad de mejorar en muchos aspectos la calidad de nuestra democracia”, afirmaciones que concatenadas conducen a la convicción casi literal de que el Jefe del Estado podría estar aconsejando una revisión constitucional si preciso fuere hacerla. Él no parece temerla, especialmente porque –en clara referencia a Cataluña, que ni nombra ni debe nombrar por razones de prudencia política– desgrana las razones que unen a los catalanes con los demás españoles: “Un porvenir sólido, justo y lleno de oportunidades; la intensidad de los afectos y lazos históricos, las culturas que compartimos, la convivencia de nuestras lenguas, la aceptación del diferente (…), la extraordinaria riqueza de un país diverso, de culturas y sensibilidades distintas”. Expresiones del Jefe del Estado que remiten a la existencia de identidades españolas diferentes, cultural y lingüísticamente diversas, que entienden España como quiso el constituyente de 1978, bajo una Monarquía plural.

“La Corona –de nuevo Don Juan Carlos es taxativo– promueve ese modelo de Nación. Cree en un país libre, justo y unido dentro de su diversidad. Cree en esa España abierta en la que cabemos todos. Y cree que esa España es la que entre todos debemos seguir construyendo”, de ahí que el Rey invite a los dirigentes políticos, con expresa apelación también a “la comunidad intelectual”, a que “combatan el conformismo, el desaliento y el victimismo” y “ejerzan su liderazgo”.

Don Juan Carlos se adelanta, como en las mejores épocas de la Transición, a los dirigentes políticos y se dirige a la sociedad española con humildad y un descarnado y sincero diagnóstico de la realidad

Este mensaje del Rey, como se ha venido advirtiendo desde los medios de comunicación, era especialmente difícil por las circunstancias que concurrían. Pero, de nuevo, el instinto de Don Juan Carlos le ha ayudado a resolverlo en términos realmente históricos porque, a las puertas de un enjuiciamiento de su yerno –y acaso de su hija menor– el Jefe del Estado se compromete con la “ejemplaridad y la transparencia” y reconoce el malestar de la sociedad española por la falta de ambas actitudes en todas las instituciones, incluida la Corona.

Además, envía un mensaje conciliador a Cataluña garantizando que la Monarquía parlamentaria lo es para una Nación plural, diversa culturalmente y plurilingüe; no sólo no descarta sino que advierte de la necesidad de reformas para mejorar la calidad de la democracia y despeja –por si hubiere dudas, dada su salud aún no recuperada– que no parece estar en sus intenciones una inminente abdicación, ya que se compromete a “seguir estimulando la conciencia cívica” entre los españoles. Por fin, el Rey no es ni autocomplaciente con su papel ni con las políticas actuales porque hasta que no se cree empleo él no considerará que se está resolviendo la crisis.

Don Juan Carlos, con este mensaje en la Navidad del 2013, se adelanta, como en las mejores épocas de la Transición, a los dirigentes políticos y se dirige a la sociedad española con humildad y un descarnado y sincero diagnóstico de la realidad que será positivo, esclarecedor y también referencia para abordar los retos de la convivencia en España. Que, además de los propios de la superación de la crisis económica, son los de la unidad, el saneamiento moral del sistema y el imperativo de ejemplaridad y transparencia en todas las instituciones. De tal manera que el Rey parece, por primera vez desde abril de 2012,  volver a tomar la iniciativa e intentar cumplir la función que la historia le atribuye en el tránsito español de la dictadura a la democracia. O sea, que el Jefe del Estado podría estar impulsando una segunda Transición que habría de culminarse con la proclamación, en su momento, de su hijo y heredero de la Corona por mandato constitucional.
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