El “hombre que necesita la patria” no estuvo aquí

En 2013 se reeditó Señoras y señores (editorial Alfabia), una colección de retratos del escritor catalán Juan Marsé publicados en la revista Por Favor y el diario

Foto: Artur Mas, durante la reunión semanal del ejecutivo catalán en una jornada marcada por el debate del Congreso. (EFE)
Artur Mas, durante la reunión semanal del ejecutivo catalán en una jornada marcada por el debate del Congreso. (EFE)

En 2013 se reeditó Señoras y señores (editorial Alfabia), una colección de retratos del escritor catalán Juan Marsé publicados en la revista Por Favor y el diario El País. Fue una reedición para incorporar dos perfiles nuevos: el de María Dolores de Cospedal y el de Artur Mas. El del presidente de la Generalitat de Cataluña resulta memorable, por breve, perspicaz y plástico. Y lo recordé mientras escuchaba a los oradores en el pleno del Congreso ayer por la tarde.

Es difícil comprender cómo el líder del independentismo catalán, el Moisés redivivo de la campaña electoral del 25-N de 2012, el político al que su consejero Santi Vila ha definido como el de la carrera “más desdichada”, evocador de “un verdadero héroe de tragedia griega”, no estuviera defendiendo con convicción y argumentos la proposición de ley del Parlamento catalán. Declinó la responsabilidad en unos comisionados aseados pero de visibilidad escasa en la opinión pública española y con poca altura parlamentaria que no ofrecieron sensación de poderío: Turull estuvo plano; hábil y empática Rovira –pero con argumentaciones tramposas– y desordenado (a veces ininteligible) Joan Herrera. Artur Mas habría estado mejor que cualquiera de los tres y que la suma del trío. Y en vez de tres tenores que, en ocasiones, no coincidían en los conceptos, habríamos tenido un barítono inequívoco.

Según Marsé –un literato con una vis política especial– Mas “se mueve a piñón fijo, como las bicicletas del pasado, en las que si parabas de pedalear te pegabas la gran costalada”. ¿Ha dejado de pedalear el líder catalán? En cierta manera ayer sí lo hizo, porque para reclamar la consulta sobre la independencia de Cataluña en una ceremonia parlamentaria en el Congreso, hay que estar aquí y no en el Palau de Sant Jaume. Una declaración a las tantas de la noche no remedia ni excusa la ausencia. No estamos para sucedáneos en tema de tanta importancia.

¿Ha dejado de pedalear el líder catalán? En cierta manera ayer sí lo hizo porque, para reclamar la consulta sobre la independencia de Cataluña en una ceremonia parlamentaria en el Congreso, hay que estar aquí y no en el Palau de Sant JaumeEscribe Marsé que Mas “camina ligeramente inclinado con la mano en el flato y a ratos puede parecer un robot afectado por un desajuste mecánico. Reúne bastantes semejanzas con el famoso Madelman y, lo mismo que este aventurero articulado, corre el riesgo de que le pillen con el pie cambiado”. Cierto, y le pillaron: comparecer en el Congreso era arriesgado; pero no hacerlo, también. ¿Qué lo era más? Creo que ausentarse y delegar, porque la visibilidad del liderazgo se quedó enturbiada y a estas horas no sabemos si el jefe de filas independentista es el presidente de la Generalitat o Carmen Forcadell, presidenta de la ANC.

Debió estar y no estuvo. Sigue escribiendo Marsé que Artur Mas “visto de frente, es un señor sin historial político relevante vestido con un traje oscuro que le viene ancho pero que él siente que le viene estrecho, y visto de espaldas parece ser (parodiando a G.K. Chesterton una vez más) el hombre que necesita la patria”. Pero la patria catalana le necesitaba ayer en Madrid, defendiendo con una buena pieza oratoria que quedase troquelada en el diario de sesiones las razones de una consulta para –en su propósito– romper con trescientos años de “opresión” de España (la España no catalana) sobre Cataluña.

Erró Mas. Erró gravemente. Porque si no estuvo donde debía permitió especulaciones varias: no vino porque no se atrevió o no estuvo porque el del Congreso era un trámite de un proceso-trampa que terminará en unas elecciones catalanas en las que se cumplirá, inexorablemente, esa carrera “desdichada” que augura su consejero de Territorio y Sostenibilidad, Santi Vila. Estos “héroes de tragedia griega” suelen protagonizar el acto final que en los textos de los clásicos como Sófocles, Eurípides o Esquilo es cuando se desatan todas las pasiones y aparece la Parca y el Deus ex machina.

No acudir, además, aduciendo otrora odiosas comparaciones con Ibarretxe o argumentando que no estaba dispuesto a ofrecer la foto de una derrota parlamentaria, no es de recibo. Mucho más cuando el líder de la oposición y el presidente del Gobierno subieron al estrado y expusieron planteamientos que –de acuerdo o no con ellos– ambos eran de calado.

Le sustraigo a otra escritora catalana –Mercedes Salisachs– el título de una de sus más conocidas novelas: El volumen de la ausencia. La de Mas se adensó en el Congreso hasta casi cortarse. ¡Qué gran paso preelectoral ha dado Oriol Junqueras! Y ¡cuántas admiraciones catalanas se ha enajenado el presidente de la Generalitat! Pero lo peor de la ausencia de Mas consiste en que la vanguardia del independentismo pierde institucionalización y gana en populismo. Y eso es peligroso.

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