Rescatar la Corona (“La Tercera República”)

Esta semana ha sido importante en la últimamente dificultosa marcha de la monarquía en España

Foto: Rescatar la Corona (“La Tercera República”)

[Nota previa:“(…) En este proceso de desilusión colectiva, el republicanismo, que tras la Constitución que convertía España en un reino parecía no tener apenas cabida en la vida pública, ha vuelto con fuerza como expresión no sólo del rechazo a una Jefatura del Estado de carácter dinástico, sino también a una democracia de corte cada vez más liberal, que cercena los principios de participación libre y activa de los ciudadanos en los asuntos públicos. Para cambiar esta tendencia, Alberto Garzón Espinosa plantea en este libro un objetivo ambicioso para España que va más allá de redactar una nueva Constitución: se trata de construir una base social suficientemente amplia que apoye y sostenga un cambio radical en las instituciones públicas, con el fin de consolidar una democracia plena, en la que los únicos reyes que quedarán serán los de la baraja”.

Del texto de presentación del libro “La Tercera República” (Editorial Península) cuyo autor, Alberto Garzón (Logroño 1985), diputado de IU por Málaga, “estará disponible para la prensa los días 3 y 4 de junio en Madrid y 5 en Barcelona, según información facilitada por la editorial.]

 

Esta semana ha sido importante en la últimamente dificultosa marcha de la monarquía en España. El jueves pasado, sin alharacas, fue el décimo aniversario del controvertido casamiento de los Príncipes de Asturias y el martes la Agencia Tributaria comunicó al juez Castro que Iñaki Urdangarin habría cometido dos delitos fiscales (2007 y 2008). La semana pasada, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicaba su barómetro de abril con el tercer suspenso consecutivo a la monarquía: 4,89 en 2011; 3,68 en 2013 y 3,72 en 2014.

En este contexto, sin embargo, ni el Rey ni el Príncipe de Asturias han arrojado la toalla. Por el contrario, parecería que las malas noticias y la impopularidad de la Corona les han motivado para salir a su rescate. El estrenado perfil de la Casa del Rey en Twitter mostraría el deseo de una conexión más intensa con la sociedad española.

En apenas ocho días, el Rey ha viajado a Arabia Saudita, al País Vasco y a Cataluña (en este último desplazamiento, acompañado por la Reina, protagonizando el acto más simbólico, más político y más institucional en mucho tiempo). El Príncipe ha viajado también a Bilbao y a Valencia, acudiendo a la ciudad del Turia en compañía de su mujerEn apenas ocho días, el Rey ha viajado a Arabia Saudita, al País Vasco y a Cataluña (en este último desplazamiento, acompañado por la Reina, protagonizando el acto más simbólico, más político y más institucional en mucho tiempo). El Príncipe ha viajado también a Bilbao y a Valencia, acudiendo a la ciudad del Turia en compañía de su mujer. Ambos están volcados en ejecutar una apretada agenda de presencias y actos que visibilicen la funcionalidad de la monarquía, su utilidad y su capacidad de representación y cohesión.

Para ello, Don Felipe ha debido digerir amplios y no amables reportajes sobre su matrimonio y su consorte y el Rey encajar la inevitabilidad de una casi segura condena a su yerno y un previsible procesamiento de su hija menor, la infanta Doña Cristina. Pese a estas circunstancias, Don Juan Carlos está demostrando que las críticas excitan su pundonor y, tras una buena pero dura recuperación física, ha logrado una movilidad que le permite ocuparse, con alguna limitación, de sus funciones constitucionales. Don Felipe, al tiempo, secunda esta operación de ocupar espacios y evitar ausencias acudiendo a los escenarios más comprometidos.

Hay un plan para que la Corona consiga en el próximo barómetro del CIS un aprobado, aunque sea muy lejano a los notables altos de los años noventa. Para ello, habría que sostener la línea de actuación actual y absorber en breve el impacto del auto del juez Castro en el Caso Nóos. Además, la Princesa de Asturias debiera asumir más funciones de representación propias de su estatus y seguir mostrando a la sociedad española la continuidad de la institución en sus hijas, las infantas Leonor y Sofía.

Los Príncipes y sus hijas posan con motivo de su décimo aniversario de boda.
Los Príncipes y sus hijas posan con motivo de su décimo aniversario de boda.
Doña Letizia es una pieza clave en la recomposición de la imagen de la Corona porque ahora semeja un verso suelto en la Familia Real, ofreciendo silentes pero a veces expresivos gestos de incomodidad. Tendría que superarlos porque su papel futuro es el de Reina de España y su referente podría ser su suegra que ha soportado carros y carretas, aunque no esté exenta de responsabilidad en episodios familiares mal conducidos por los que ahora se abona un fuerte peaje.

Un frente –además del interno– que la Casa del Rey y la Familia Real han de abordar sin mayores dilaciones es el internacional. Reportajes como el de Canal Plus Francia en noviembre del pasado año (“La monarquía española está en decadencia”), o el de la N-tv alemana, que describía un panorama muy crítico del papel que ha jugado la Zarzuela en la situación actual. Sin olvidar que se han publicado primeras páginas como la del 7 de febrero de este año del International New York Times sobre el caso Urdangarin que socializaba en el conjunto familiar los desafueros del yerno del Rey.

Don Juan Carlos tendría que viajar selectivamente, ahora que puede, a países europeos en donde su reputación se ha venido abajo, aprovechando, además, que la Reina (recuérdese el significativo y amplísimo reportaje de El País de 26 de octubre de 2013 bajo el título Sofía la pacificadora) recoge, juntamente con el Príncipe, las mejores y mayores simpatías dentro y fuera de España.

Recuperar el terreno perdido no significa eludir debates (como el de la abdicación del Rey) ni remitir exigencias (como la de transparencia) ni aplazar desarrollos y reformas legislativas (Título II de la Constitución)El contacto con la intelectualidad –la mediática y la que no es– debiera ser también un vector permanente de la Corona como procedimiento para recuperar una reputación que en ese ámbito también se ha perdido como lo demostrarían numeroso textos en periódicos y revistas suscritos por escritores, pensadores y analistas que, con plena razonabilidad, se han mostrado críticos, no sólo con el Rey, sino también con la institución que encarna. Los premios Príncipe de Asturias (magníficos los concedidos a Josep Pérez y a Quino), son artillería que requiere mayor volumen de pólvora mediática especialmente extranjera.

Es preciso subrayar que el fallecimiento de Adolfo Suárez, que reverdeció el recuerdo de la transición y del papel del Rey –injustamente manipulado por una fabulación irresponsable– no ha sido suficiente para elevar las menguadas cotas de popularidad de la monarquía.

Recuperar el terreno perdido no significa eludir debates (como el de la abdicación del Rey) ni remitir exigencias (como la de transparencia) ni  aplazar desarrollos y reformas legislativas (Título II de la Constitución), sino demostrar que el monarca y el heredero de la Corona pelean por ella, la dotan de sentido funcional para el Estado y los españoles y ofrecen la imagen real de una entrega sin reservas a los intereses de España.

Las últimas convulsiones que se han  registrado en la Familia Real parecen haber conjurado a sus miembros en el rescate de la Corona (El País redujo el asunto el pasado jueves al rescate de la popularidad del Rey, y no es esa la operación), vértice de la organización del Estado. Lograr resultados a corto plazo, no será fácil en absoluto, pero si se sostiene la tensión regeneradora, los habrá a medio y largo. Aunque requieran decisiones difíciles. Y algunas, inevitables por más que se intenten que no lo sean.

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