Una fulminante y eficaz operación 2-J

La ejecución política y legislativa, en su primera fase, de la abdicación del Rey no sólo se ha consumado de manera rápida, sino también con eficacia

Foto: Don Juan Carlos e Isidro Fainé, en la entrega de becas de La Caixa, el pasado jueves. (Efe)
Don Juan Carlos e Isidro Fainé, en la entrega de becas de La Caixa, el pasado jueves. (Efe)

La ejecución política y legislativa, en su primera fase, de la abdicación del Rey (ya conocida como Operación 2-J), no sólo se ha consumado de manera fulminantemente rápida, sino también con eficacia. Aunque las fechas que inicialmente se barajaban para la abdicación de Don Juan Carlos eran las de los miércoles 11 y 18 de junio, el posible solapamiento con el debate precongresual del PSOE aconsejó un reajuste en el calendario.

Estaba calculado casi todo menos la caída de Pérez Rubalcaba y el consiguiente Congreso extraordinario socialista. Aunque el Gobierno y la Casa del Rey tenían una idea muy aproximada de los resultados, no fue tan exacta como para prever que el 25-M sería letal para el secretario general del PSOE, pieza esencial en la operación política de abdicación del Rey, como reconoció Rajoy el miércoles desde Vidago (Portugal). Sin embargo, con reflejos, la Moncloa, la Casa del Rey y Pérez Rubalcaba rectificaron sobre la marcha.  

De inmediato, el secretario general del PSOE secundó –con el apoyo de Susana Díaz desde Sevilla– la decisión del Rey cortocircuitando cualquier reacción adversa adelantada a su posición institucional. Rajoy, antes, había cumplido sobriamente su papel de jefe de Gobierno de una Monarquía constitucional, anunciando la abdicación que luego explicó Don Juan Carlos con emoción y sin subterfugios, si bien con una puesta en escena televisiva manifiestamente mejorable.

El 3-J se puso en marcha una agenda milimetrada: el Rey en el Escorial con el Príncipe en un acto militar; el 4-J, el monarca con empresarios en el Palacio del Pardo y, luego, en la plaza de las Ventas, y el 5-J, con Fainé (precisamente con Fainé) en Caixa Forum, con los jóvenes becarios de la Caixa; el Príncipe de Asturias, con Doña Letizia, entregando el premio Príncipe de Viana en el Monasterio-Abadía de Leyre en la Navarra foral y, después, en la ceremonia de premios medioambientales en Madrid y ayer con gestores de pymes; y Doña Sofía, desde Nueva York, declarando que quería “mucho” a su nuera. Se tocan en setenta y dos horas todas las teclas sociales. En el  transcurso de estos actos los abucheos de antaño se convierten en cálidas ovaciones. Ayer estaban convocadas manifestaciones monárquicas en todas las plazas españolas.

Don Juan Carlos no recibe protección judicial alguna. Ni se hace pronunciamiento sobre su inmunidad ni hay mecanismos excepcionales para su aforamiento, que se preverá en una ley ad hoc y rápida, según anunció ayer Sáenz de SantamaríaEl Consejo de Ministros extraordinario del martes aprobó un imprevisto proyecto de Ley Orgánica elaborado en la factoría de la vicepresidenta del Gobierno  con la colaboración de su subsecretario, Jaime Pérez Renovales. Un proyecto de ley limitado a dotar de pleno efecto jurídico la abdicación del Rey desatando la aplicación automática del artículo 57 de la Constitución que regula la sucesión. Fuerte golpe de efecto: Don Juan Carlos no recibe protección judicial alguna. Ni se hace pronunciamiento sobre su inmunidad ni hay mecanismos excepcionales para su aforamiento que se preverá en una ley ad hoc y rápida según anunció ayer Sáenz de Santamaría.  Es la mejor solución jurídica y política.

La dualidad familiar y la reacción republicana

Noticia tras noticia: de nuevo se recupera la olvidada (y no desaparecida) dualidad de familia del Rey y Familia Real, dos conceptos bien distintos. La primera, extensa colateralmente; la segunda, troncal: el Rey abdicado, Doña Sofía, Don Felipe VI y Doña Letizia, la Princesa de Asturias, Doña Leonor, y su hermana, la infanta Sofía. La distinción es importante: no habrá asignaciones de la Casa a los miembros de la Familia del Rey y sí a los miembros de la Familia Real. No se podrá afirmar que si el yerno de Don Juan Carlos y, eventualmente, su hija Doña Cristina, son condenados, lo han sido dos miembros de la Familia Real. La asignación presupuestaria de los todavía Reyes corresponderá a Felipe VI, libremente, como establece la Constitución. El Gobierno modificará también el Real Decreto de Autoridades de 1983 con el orden protocolario y tratamiento del Rey abdicado. Queda claro que la ceremonia (19 de junio) será sobria y aconfesional, o sea, sin tedeum en Los Jerónimos ni homilía del cardenal-arzobispo de Madrid. Gran cambio y gran gesto.

La reacción de los grupos parlamentarios nacionalistas (PNV y CiU se abstendrán) estaba prevista, aunque la de los catalanes ha endurecido más a la Moncloa y decepcionado en la Zarzuela; como la probabilidad del sí de Unión, Progreso y Democracia, UPN, CC y Foro Asturias, y el no de los demás grupos de izquierda. El sí superará el 85% de la Cámara y la negativa a la ley –que como ha escrito Fernando Rey, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Valladolid, implica decir no a la abdicación de Don Juan Carlos, pero no impacta sobre la Monarquía, virtud atribuible a la habilidad de los autores del texto normativo– no pasará del 7,5%. Puede haber sorpresas porque la votación será por llamamiento individualizado y, por lo tanto, pública. Se da por descontado que algunos diputados socialistas se desmarquen con voto negativo o abstención.

No han fallado otros cálculos más delicados: la reacción republicana. Las manifestaciones anti monárquicas no sólo no se ocultan por los medios públicos –incluso se informa sobre ellos con más profusión que en algunos privados– sino que se exponen abiertamente. No falta alguna inquietud: que pese al procedimiento fulminante de la tramitación de la abdicación, se produzcan radicalizaciones callejeras mientras el Congreso y el Senado debaten el proyecto de ley orgánica e, incluso, el día de la proclamación de Felipe VI que reunirá a ambas Cámaras legislativas en sesión extraordinaria y solemne. Inmediatamente después, viajes de los nuevos Reyes por España y a países vecinos. No veremos a Felipe VI en bermudas y navegando a vela. El nuevo monarca no tendrá vacaciones de papel cuché.

Los titubeos de Mas y una abstención discutida

Rajoy y el fiscal general del Estado ofrecen una repuesta contundente: el que quiera cambiar la forma de Estado, que plantee una reforma constitucional porque lo que “no está en ella no existe”El monarquismo, así, reacciona a un ritmo superior al republicano. Porque éste carece de referencias, dirigentes y discurso elaborado más allá del muy legítimo pero habitual, con un pleno ejercicio de libertad de expresión. Rajoy y el fiscal general del Estado ofrecen una repuesta contundente: el que quiera cambiar la forma de Estado, que plantee una reforma constitucional porque lo que “no está en ella no existe”. El referéndum consultivo que se propugna por la minoría parlamentaria republicana (artículo 92 de la CE) está ya interpretado por el Tribunal Constitucional y no es idóneo para alterar –ni siquiera a nivel consultivo– el “orden constitucional” porque afectaría, no sólo al Título II de la Carta Magna, sino también al Preliminar (1.3) que proclama que “la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”.

El primer tramo de la operación 2-J ha sido un éxito para el Gobierno, para la oposición socialista actual (representada en las generaciones de Rubalcaba, pero también de Susana Díaz)  y para la Casa del Rey y, por lo tanto, para el buen funcionamiento del sistema constitucional. Ya hay sondeos de urgencia: la abdicación hace repuntar al Rey y lleva al sobresaliente al Príncipe de Asturias. Todo ha salido como estaba previsto o, quizás, mejor. Aunque cuando la Roja juegue en Salvador de Bahía su inaugural partido del Mundial con Holanda, en el palco no estarán ni el Rey ni el Príncipe. Se les echará de menos.

El presidente Más sabe que se ha confundido y es probable que aplace su viaje a EEUU y esté en la proclamación de Felipe VI. CiU debería pensarse la abstención en la votación de la ley orgánica de abdicación por las razones que expuso ayer en un razonable editorial el diario La Vanguardia. De no hacerlo, cometerían Mas, Durán y la federación nacionalista uno más de sus ya abundantes errores estratégicos. “Política pequeña” la ha calificado Rajoy.

La Operación 2-J está saliendo bien. Si hubiese salido mal, estaríamos al borde del desastre. Todavía queda el segundo tramo, pero también está calculado. Mientras, en Zarzuela y en Moncloa se reciben contundentes y decisivos apoyos internacionales. Se están quemando etapas y queda alcanzar la meta con la misma rapidez y eficacia impresas al arranque de este episodio histórico, sin precedentes y, por lo tanto, sin referencias para su manejo político y legislativo.

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