Ignatieff tacha de "pecado" la secesión porque "desgarra" a los ciudadanos

Para el político liberal canadiense, escritor y ensayista, Michael Ignatieff, “la secesión no es un error, es un pecado”. El autor de Sangre y pertenencia, uno

Foto: Ignatieff tacha de pecado la secesión porque desgarra a los ciudadanos

Para el político liberal canadiense, escritor y ensayista Michael Ignatieff, “la secesión no es un error, es un pecado”. El autor de Sangre y pertenencia, uno de los libros referenciales en el estudio de los nacionalismos en Europa y Canadá, dijo no tener “nada contra el nacionalismo” pero sí contra “la identidad” única –porque los ciudadanos pueden tener varias– y contra la pretensión de los nacionalistas de separar los Estados para crear otros, obligando a elegir a los ciudadanos, “desgarrándolos”. Y añadió que si “Cataluña se separa de España dejará a muchos catalanes partidos en dos”.

Estas contundentes afirmaciones las expuso ayer Ignatieff en un coloquio con el catedrático Francesc de Carreras, celebrado –y es ya el séptimo sobre la cuestión catalana– en la Fundación Diario Madrid, bajo la moderación de los periodistas Miguel Ángel Aguilar y Rosa Paz. Javier Solana, Miguel Ángel Fernández Ordoñez y el historiador Santos Juliá, entre otras personalidades, asistieron al debate.

El político liberal se mostró satisfecho del proceso que se ha establecido en Canadá para abordar jurídicamente la pretensión secesionista de Quebec, que fue rechazada en dos referendos (1980 y 1995). Ahora, y a partir de un dictamen del Tribunal Supremo canadiense, está en vigor la llamada Ley de Claridad, que establece las condiciones en las que se celebraría una nueva consulta sobre la independencia de Quebec: una pregunta clara y concisa; una determinada participación de los votantes y una mayoría cualificada.

Michael Ignatieff (Efe)
Michael Ignatieff (Efe)

Ignatieff –que distinguió de forma constante entre un nacionalismo que hay que amparar y comprender y un secesionismo que obliga a elegir injustamente– aconsejó que no se empleasen argumentos negativos que infundan temor (“porque no funcionan”, dijo), sino otros de carácter sentimental y práctico. Y abogó por la estructura multinacional de Estados que plantean tensiones segregacionistas como Canadá, Reino Unido y España. Ignatieff expresó su convicción de que Quebec no se separará nunca de Canadá y que, si sucediese, para él sería como si le "amputasen un brazo”. No eludió subrayar la posibilidad de que “a veces el nacionalismo es el proyecto de una elite”, aunque en otros muchos casos sea una sentimiento de “buena fe”. En todo caso, según Ignatieff, hay que propugnar la libertad de pertenencia para que los ciudadanos prioricen sus identidades sin criterios excluyentes.

El catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras, luego de exponer las razones “inconsistentes” que aduce el nacionalismo catalán para apostar por la independencia, aseguró que en ninguna Constitución se plasma el derecho a la secesión y que el de autodeterminación se ha reconocido sólo para territorios sometidos a los fueros coloniales.

La Ley de Claridad establece las condiciones en las que se celebraría una nueva consulta sobre la independencia de Quebec: una pregunta clara y concisa; una determinada participación de los votantes y una mayoría cualificada.No obstante, el profesor catalán –muy próximo a Ciudadanos– consideró difícil negar la posibilidad de una consulta en Cataluña porque “el derecho no es un muro, sino un cauce” y se mostró partidario de, por el procedimiento constitucional adecuado, avanzar hacia el modelo canadiense que define la Ley de Claridad.

Carreras reprochó al Gobierno y al PP no haber dado respuesta a la cuestión catalana y al PSOE que, aunque sí lo ha hecho con la propuesta de una reforma federal del Estado, le advirtió de su error, porque los nacionalistas no aceptan tampoco una federación. “Ninguna de esas posiciones sirve”, dijo, insistiendo en que la reclamación de la consulta no es sólo una cuestión que tenga que ver con los dirigentes políticos de Cataluña, sino también con las clases medias y, en parte, también de las altas. Sostuvo que la situación está en “fase de pudrimiento” y reclamó la necesidad de saber cuántos catalanes optarían en un referéndum consultivo por la independencia de Cataluña. Aunque manifestó que su posición podía ser “discutible”, no dudó en reiterar que, bajo la inspiración de la solución canadiense, podría darse un cauce jurídico a la demanda catalana.

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