El discurso de Duran, su esquela política

Nunca antes en el Congreso se vio al portavoz de CiU pronunciar un discurso peor armado y más contradictorio que el escuchado sobre la abdicación

Foto: El portavoz de CiU, Josep Antoni Duran Lleida (d) (EFE)
El portavoz de CiU, Josep Antoni Duran Lleida (d) (EFE)

Nota previa: Con once diputados en el Congreso, Duran Lleida es presidente de la Comisión de Exteriores y Cooperación. El portavoz de CiU ayer no pidió disculpas por el exabrupto de Francesc Homs, consejero de Presidencia de la Generalitat, pronunciado en Ginebra según el cual, la abdicación del Rey se producía para mantener “el negocio familiar”.

“Se ha perdido en el laberinto de sus propios pasillos” escribía ayer en La Vanguardia el siempre templado y razonador Antoni Puigverd en referencia a Duran Lleida. Palabras proféticas porque nunca en el Congreso se vio al portavoz de CiU pronunciar un discurso peor armado y más contradictorio que el escuchado ayer a propósito del debate sobre la ley de abdicación del Rey. Con contorsiones semánticas y argumentales que no había manera de hilar, Duran mezclo caóticamente argumentos y reflexiones que dotaban a su pieza oratoria de una incoherencia radical.

La principal de todas es la extrañísima de quejarse de que el Estado excluye a Cataluña de España cuando allí él es el secretario general de una federación nacionalista que propugna una consulta secesionista, es decir, de un objetivo político que busca la ajenidad de Cataluña a lo que es España en todas sus vertientes. Por eso, hubiese sido entendible la negativa a la ley como una expresión de distanciamiento irreversible del sistema, pero no la abstención, ni mucho menos esta adobada de elogios al Rey, advirtiendo que su voto no iba contra institución o persona alguna, reconociendo, además, que la Monarquía no es un problema relevante (apeló al CIS, que sitúa a la forma de Estado más lejos de la vigésima posición en el ranking de las preocupaciones de los ciudadanos).

La extracción del baúl de los recuerdos de la exclusión de CiU (¿no fue una protección más bien?) de la reunión en Zarzuela con el Rey el día 24 de febrero de 1981, tras el frustrado golpe de Estado, el reverdecimiento jeremíaco de la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA), norma olvidada y superada, y la reiteración del reproche al Tribunal Constitucional de la sentencia de 2010 sobre el segundo y vigente Estatuto catalán, no resultaron sino circunloquios para fundamentar una abstención que no se sostenía. Porque, a la postre, esta Constitución –y, por lo tanto, la Monarquía– fue obra de “padres” catalanes tan ilustres como Solé Tura y Miquel Roca, sin olvidar el casi cuarto de siglo en el que Jordi Pujol se convirtió en pieza clave del puzle de la política española cuando el PSOE y el PP carecieron de mayorías absolutas. La amnesia de Duran tampoco le ayudó a verbalizar cómo Artur Mas, en la legislatura anterior, gobernó, en geometría variable, con los votos del PP catalán.

Desde el punto de vista histórico, sin embargo, lo más grave fue la manipulación de Francesc Cambó, alma mater de la Lliga Regionalista y ministro de Hacienda y Fomento con Alfonso XIII, monárquico pendular, autor del libro-icono Por la concordia e impulsor del catalanismo político, a la postre la estrategia más feraz para Cataluña en todos los terrenos. Podía haber mostrado Duran a otros autores que le encajaban mejor en un discurso que –por contraste con el de Rubalcaba, bien acabado, leal y de grandes hechuras políticas y estadistas– ha descolgado a CiU –pero sobre todo a él– del vivac en el que se ha situado hasta hace poco tiempo en la democracia española.

Duran erró de medio a medio. Y si ya en Cataluña no se fían de él ni tirios ni troyanos –es decir: ni en CDC ni en ERC–, tampoco en Madrid se considera relevante su papel después de su intervención de ayer. Para los independentistas y, desde luego para los que no lo son, mejor sería disponer de un portavoz parlamentario de CiU que respondiese sin camuflajes ni jeribeques a la realidad de Cataluña y, especialmente, de su propia organización. La fiabilidad de Duran es, desde ayer, nula. Y su discurso en esta ocasión histórica, una suerte de esquela política que –remedando a Gabriel García Márquez– es noticia anunciada de su próxima irrelevancia en la política de Cataluña y nacional. Duran Lleida pudo ser pero no ha sido. Debió dejar de bailar la yenka política desde hace mucho tiempo. Su suerte ha dejado ya de inquietar en Madrid y no parece que convoque a plañideras en Barcelona. Mientras, seguirá con el momio de la presidencia de la Comisión de Exteriores del Congreso. ¿O no?

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