Mónica de Oriol, dignidad y Podemos

Mónica de Oriol ha sido políticamente incorrecta al declarar que las mujeres en edad fértil son “un problema” dado que pueden quedarse embarazadas

Foto: La presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica de Oriol. (Efe)
La presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica de Oriol. (Efe)

“Más vale un minuto de vida franca y sincera que cien años de hipocresía”. Angel Ganivet.

Cuando redacto este post no hay noticia de que el Círculo de Empresarios de Madrid haya solicitado a su presidenta, Mónica de Oriol, que resigne el cargo y se dedique a lo que sepa (¿dirigir empresas?) que, evidentemente, no es liderar y representar a un grupo de interés como el empresarial de la capital de España. Tampoco tengo noticia de que Pablo Iglesias haya enviado a Mónica de Oriol una caja de bombones o un escueto agradecimiento. Si no lo ha hecho, debería, porque, como ayer me confesaba desalentado un compañero de Oriol, la presidenta del Círculo se comporta como una quintacolumnista de Podemos.

No es que Mónica de Oriol haya sido políticamente incorrecta al declarar que las mujeres en edad fértil son “un problema dado que pueden quedarse embarazadas, por lo que ella prefiere contratar a las que pasan de cuarenta y cinco años. Es que la representante empresarial ha olvidado una serie de circunstancias que la inhabilitan para estar cómodamente instalada en la clase dirigente de este país. Y son, entre otras, las siguientes:

1) Al margen de que la fertilidad femenina puede prolongarse más allá de los 45 años, hoy por hoy las técnicas médico-científicas para lograr embarazos han superado la barrera de esa edad. ¿Se ha enterado, además, de los nuevos modelos de familia y del papel del hombre en la maternidad?

2) La discriminación que supone preferir a las supuestas mujeres infértiles sobre las que no lo son es tan grosera como la de optar por un blanco en vez de por un negro por puras razones estéticas, y repugna a los principios de igualdad, de mérito y de capacidad como si la arbitraria preferencia lo fuese por cualquier razón de religión, orientación sexual o ideológica.

La discriminación que supone preferir a las supuestas mujeres infértiles sobre las que no lo son es tan grosera como la de optar por un blanco en vez de por un negro por puras razones estéticas

3) España, de manera inédita, ha perdido población según el padrón del INE al 1 de enero de 2013 y ha envejecido. Ahora el 17,7% de la población tiene más de 65 años y en 2021 el porcentaje alcanzará el 21%. Seremos el país con mayor número de personas mayores de Europa. Y quizás muchas de ellas no podrán cobrar la pensión por la que han cotizado porque la Seguridad Social habrá quebrado. Si la empresaria pasease -y yo lo he hecho este verano- por Berlín o Londres se daría cuenta de que la maternidad es un fenómeno protegido y en alza en las sociedades más conscientes de los retos de su futuro.

4) El paro juvenil en mujeres menores de 25 años, según la última EPA de 2014, es del 52,4%. Normalmente, antes de esa edad hay muchas jóvenes con distintos grados de cualificación y capacidades para el desempeño de puesto de trabajo (no en las empresas de Mónica de Oriol), aunque, según la presidenta de Círculo de Empresarios de Madrid, mantienen un desvalor: están en edad de ser madres.

Bastarían las cuatro constataciones anteriores para descalificar a esta señora que es reincidente. Porque si los benevolentes piensan que solo ha perpetrado un desliz desafortunado, quizás sea bueno recordar que la empresaria ya se pronunció en abril de este mismo año por una segunda reforma laboral para que la indemnización por despido fuese de 18 días por año trabajado y se quejó de que jóvenes que “no valen nada” cobrasen el salario mínimo interprofesional porque se les daba “un dinero que no producen”. De estas afirmaciones tan mostrencas la lideresa empresarial se disculpó, pero, a la vista de las que pronunció ayer, es evidente que ha debido de optar por ese “minuto de vida franca y sincera” al que aludía Ganivet y ha soltado lo que de verdad sentía.

La empresaria ya se pronunció en abril de este mismo año por una segunda reforma laboral para que la indemnización por despido fuese de 18 días por año trabajado y se quejó de que jóvenes que 'no valen nada' cobrasen el salario mínimo interprofesional porque se les daba 'un dinero que no producen'

No son precisas tesis doctorales, ni estudios sociológicos, ni sesudas reflexiones de politólogos para entender que, con representantes y discursos como los de Mónica de Oriol, Podemos sea una fuerza emergente que en unas futuras elecciones generales logre un nutridísimo grupo parlamentario. Cuando la clase dirigente empresarial de Madrid se deja representar por personalidades atrabiliarias, insensibles, ausentes de inteligencia empática y emocional, ayunas, incluso de compasión y, desde luego, de visión de futuro sobre la empresa española y sobre el país, todo queda explicado. Una de las veinte frases célebres de Henry Ford sobre los negocios y el liderazgo que publicó El Economista en un reportaje en junio de 2013, aunque obvio, me llamó especialmente la atención y la recuerdo de nuevo: “Un negocio que no produce nada salvo dinero, es un mal negocio”. Mónica de Oriol no respaldaría a Ford.

Así pues, nadie podrá llamarse a engaño sobre lo que va a pasar en España en los próximos quince meses: una transformación profunda, íntegra y airada del estatus quo de la dirigencia política, social y empresarial que en este momento, como advirtió sobre otras el poeta Tagore, empuja pero no lidera a la sociedad española. Estamos en la España de los empujones, de los empellones; en la España amoratada por los golpes a la dignidad de su ciudadanía. El que le propinó ayer Mónica de Oriol fue de los que duelen, de los que dejan secuelas. Y el SAMUR político más reclamado es el de Podemos. Lógico.

PS. No es reconocible en Mónica de Oriol la huella humanística de algunos de sus parientes cercanos y, en especial, de los que se dedicaron al empresariado como Iñigo de Oriol e Ybarra, fallecido en 2011, presidente que fue de Iberdrola que a más de gestor fue un gran español y un ejemplar ciudadano en todos los sentidos del concepto.

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