Albert Rivera y los electores huérfanos

El sábado pasado Ciudadanos con Albert Rivera al frente celebraron un gran acto en Madrid del que la prensa convencional se ha hecho poco eco

Foto: El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en su llegada al acto del teatro Goya (EFE)
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, en su llegada al acto del teatro Goya (EFE)

El sábado pasado Ciudadanos, con Albert Rivera al frente, celebró un gran acto en Madrid del que la prensa convencional se ha hecho poco eco. El silencio es el tratamiento que algunos diarios aplican tanto al partido del catalán como a UPyD. Seguramente porque ambos están en condiciones de absorber votos del PSOE y del PP.

Al lado de Albert Rivera en el teatro Goya se sentaba una personalidad quizás no suficientemente conocida: Manuel Conthe (1954). Se trata del técnico que entre 2004 y 2007 presidiera la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y que tuvo la valentía de dimitir no sin antes acudir al Congreso de los Diputados y denunciar el funcionamiento turbio de algún miembro de la Comisión en connivencia con la Presidencia del Gobierno para evitar una investigación a ENEL y Acciona sobre la OPA a Endesa.

Conthe, en lo que le conozco, es un hombre íntegro y con una preparación excepcional: técnico comercial y economista del Estado, fue director general del Tesoro (1988-1995), secretario de Estado de Economía (1995-1996) y vicepresidente financiero del Banco Mundial (1999-2002).

Pues bien, Conthe escribió el pasado 16 de noviembre en el diario El Mundo un decidido artículo bajo el título "Ciudadanos europeos" que arrancaba con este párrafo: “En España necesitamos con urgencia una nueva alternativa política que recoja las ilusiones y los votos de los ciudadanos a los que nos repugna la corrupción –y somos escépticos sobre la capacidad de los partidos tradicionales para regenerarse–, tenemos convicciones centristas y progresistas; nos consideramos europeístas y poco amigos de los nacionalismos históricos y no comulgamos con las recetas económicas de izquierda de Podemos”.

Rivera y los suyos, Díez en un segundo plano pero con los suyos, son la opción de recambio para no satisfacer la ambición de los partidos poderosos ni los radicalismos de Podemos

“Esta alternativa –continuaba Conthe–, que llamaré Unión de Ciudadanos Europeos Progresistas (UCEP) debiera surgir de una amalgama o de una coalición entre Ciudadanos y UPyD; tendría a la cabeza al líder del primer partido, Albert Rivera, e incorporaría a los magníficos profesionales del segundo, cuya fundadora, Rosa Díez, no tiene las características adecuadas para liderar con éxito el nuevo proyecto (como confirma el estancamiento de su formación en la intención del voto)”.

Más adelante, Conthe desgrana los aspectos esenciales que debería reunir la alternativa que dirigiría Albert Rivera: patriotismo europeo, defensa del espíritu de empresa, suficiencia de impuestos y eficiencia en el gasto; Estado laico; Monarquía Parlamentaria, control de la formación por un consejo de supervisión externo y talante constructivo.

A esta apuesta bien descrita por Manuel Conthe le teme tanto el PP como el PSOE. Y es razonable que lo hagan porque sería la única en la que, bajo el liderazgo de Rivera y con la “amalgama o coalición” de Unión Progreso y Democracia y Ciudadanos, los electores huérfanos –esos que no saben qué hacer con su voto en las municipales y en las generales del año próximo– encontrarían un padrinazgo, una alternativa, una ilusión que ahora no tienen. Ciudadanos, según la encuesta de La Vanguardia del pasado día 7 de diciembre, lograba lo que se barruntaba: sustituir al PP en Cataluña (pasa de 9 escaños a 19) y al PSC, y se alza como tercera fuerza política en el Principado.

En una democracia no debería haber electores con votos huérfanos, ni resignados, ni miedosos. Ciudadanos, UPyD y Rivera les darían paternidad, ilusión y certeza. Si se quiere, hay alternativa

La esperanza del PP y del Gobierno –lanzados a una descontrolada precampaña– consiste en mantener secuestrados los votos de los antiguos electores ‘populares’, suponiendo que a la hora de la verdad –y ante la crisis de Cataluña y la fortaleza de Podemos– vuelvan a los brazos de Rajoy que, además, habría mejorado la situación económica. La suposición sólo en parte es incierta si no hay una formación política –resultado de Ciudadanos y UPyD– que ofrezca algo diferente y distinto al electorado. Como escribió Manuel Conthe en el ya citado artículo, “no nos resignemos a tener que elegir en 2015 entre partidos honestos pero insensatos; y partidos sensatos pero corroídos por la corrupción”.

Efectivamente, la resignación es con la que juegan los dos grandes partidos, PP y PSOE como gran estrategia para las citas electorales de 2015 en la convicción de que quien se salga de la ortodoxia bipartidista caerá en la cesta de Podemos. Rivera y los suyos, Díez en un segundo plano pero con los suyos, son la opción de recambio para no satisfacer la ambición de los partidos poderosos ni los radicalismos de Podemos. Y si UPyD persiste en no encontrar las razones que aconsejan una unidad de acción generosa con Ciudadanos, la opción  que encarna la persona de Albert Rivera se llevará el gato al agua tanto por razones generacionales como de discurso político.

En una democracia no debería haber electores con votos huérfanos, ni resignados, ni miedosos. Ciudadanos, UPyD y Rivera les darían paternidad, ilusión y certeza. Si se quiere, hay alternativa. Pero hay que quererlo aunque cueste renuncias personales y algunas políticas. Díez quizás deba recordar las palabras de Benjamín Disraeli: “Después de saber cuándo debemos aprovechar una oportunidad, lo más importante es saber cuándo debemos renunciar a una ventaja”.

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