ELECCIONES EN ANDALUCÍA

Rajoy, ante el precipicio tras las andaluzas: un 'blitz' político para el Partido Popular

El líder de los 'populares' queda concernido por el descalabro del PP en Andalucía que no registraba un resultado así de malo desde su refundación en 1989

Foto: Mariano Rajoy y Juanma Moreno (EFE)
Mariano Rajoy y Juanma Moreno (EFE)

Los resultados de las andaluzas permiten muchas lecturas. La primera es que Susana Díazmitineando a lo peronista- ha retenido a sus electores aunque ha destrozado a Izquierda Unida con la que no podrá formar gobierno. Para ese viaje no se necesitaban las alforjas de unos comicios adelantados. La segunda es que Podemos ha pegado un gatillazo importante en tierra andaluza si sus resultados se comparan con las encuestas. Quince escaños no es el tsunami que se nos anunciaba. Ha logrado merendarse a IU y atraer voto abstencionista. La tercera es que Ciudadanos ha obtenido un éxito extraordinario en la comunidad más difícil para sus pretensiones: su origen catalán les lastraba según los estrategas del PP.  La cuarta es que el Partido Popular –pese a la aseada campaña de su candidato- se ha descalabrado en Andalucía perdiendo diecisiete escaños.

Hay que subrayar no obstante algunas conclusiones menos obvias. De una parte, que los andaluces mantienen el régimen socialista con una fortaleza suficiente para que, con dificultades, siga gobernando el PSOE que es el partido de la nacionalidad andaluza, de otra, que el bipartidismo en Andalucía suma ochenta escaños (PSOE+PP) sobre ciento nueve en la cámara, número considerable, y en voto popular acapara el 63%. Esos guarismos merman el mano a mano del PP y del PSOE pero no lo vuelan como suponían los sondeos. Cierto que Andalucía es electoralmente más inerte que ninguna otra comunidad autónoma española. Si la décima legislatura que ayer se abrió llega a su fin, los socialistas habrán gobernado esa bendita tierra durante treinta y siete años. No parece que haya alternativa allí que no pase por el puño y la rosa.

La gran cuestión que deben dilucidar en Génova y en Moncloa, consiste en qué hacer para que las autonómicas no sean el Waterloo del PP

La menos obvia de las consideraciones que merecen los resultados de ayer en Andalucía es que comprometen seriamente al presidente del Gobierno: él ha gobernado durante más de tres años; él designó al candidato y él se ha implicado en la campaña sin reservas. Mariano Rajoy queda, pues, concernido por el descalabro del PP que no registraba un resultado así de malo desde su refundación en 1989. Y si Andalucía fue el final del período de triunfos populares en 2012, las andaluzas de ayer pueden ser el inicio de su ciclo de fracasos.

Y no sólo porque el PP se haya desplomado con estrépito, sino porque le ha salido una cuña -¿de la misma madera?- que es Ciudadanos, curiosamente la única organización con la que Díaz podría formar gobierno, porque la lideresa trianera ha descartado a Podemos y al PP. Vaya ojo.

Albert Rivera. (Efe)
Albert Rivera. (Efe)

No sería demasiado riguroso hacer una extrapolación de los resultados andaluces a las municipales y a las generales. Salvo en un extremo: la emergencia de Podemos –menor de la que parecía- y la de Ciudadanos –confirmando la que se anunciaba-. El partido de Albert Rivera es una alternativa de voto para los electores del PP y para solventar la ausencia de discurso político del Gobierno. Si lo ha sido en Andalucía más, mucho más, lo será en otras comunidades.

Por eso, la gran cuestión que deben dilucidar en Génova y en Moncloa, consiste en qué hacer para que las municipales y autonómicas de mayo no sean el Waterloo del PP y se lleven por delante a Mariano Rajoy, conduzcan a un Congreso extraordinario y a un nuevo candidato a la presidencia del Gobierno.

El asunto no requiere infantiles ataques a Ciudadanos sino un cambio fulminante de discurso político que ha quedado en parte ya amortizado con la designación de candidaturas en Valencia y Madrid que no suscitarán el aliciente que en estos momentos precisaría el PP para mantener sus bastiones. Y sin esas comunidades, con la organización en chasis en el País Vasco y Cataluña y con el riesgo de perder Madrid y Valencia, hay que dejarse ya de eufemismos. Basta observar el abandono electoral del PP en Andalucía para reparar en la necesidad de afrontar de inmediato una operación política que sea como un blitz aéreo.

Es decir, y en otras palabras, en muy poco tiempo, el PP debe resolver la siguiente cuestión: cómo llegar a las generales del mes de noviembre –si son en noviembre- sin que Rajoy tenga que dimitir antes. Porque después de lo que ayer se vio en Andalucía, todo podría suceder el 24 de mayo próximo. Hay veces que las decisiones drásticas en política o las tomas o te las toman. Ayer, el diario La Razón explicaba a doble página cómo Rajoy no dimitiría en ningún caso y sería a toda costa el candidato popular. Excusatio non petita, accusatio manifesta

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