Por qué seduce Ciudadanos a la derecha
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José Antonio Zarzalejos

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Por qué seduce Ciudadanos a la derecha

El tiempo no pasa en balde y el PP, ya con Rajoy y en esta legislatura, se ha introducido en un veloz proceso de envejecimiento. En ese escenario ha crecido el partido de Albert Rivera

placeholder Foto: Albert Rivera, durante un acto público a principios de mes en Las Palmas de Gran Canaria. (Efe)
Albert Rivera, durante un acto público a principios de mes en Las Palmas de Gran Canaria. (Efe)

El Partido Popular ha sido el gran receptáculo de la derecha democrática española desde 1989. Democristianos, liberales, conservadores y todos los remanentes de UCD: en definitiva, las familias de la derecha y el centro ideológico español se han reunido en la organización que hace más de un cuarto de siglo refundó José María Aznar. En este tiempo, por ningún flancole han salido al PP competidores de fuste, aunque tenerlos los ha tenido.

Pero el tiempo no pasa en balde y el PP, ya con Rajoy y en esta legislatura de mayoría absoluta, se ha introducido en un veloz proceso de envejecimiento al que nadie, ni en el Gobierno ni en el propio partido, ha puesto freno. La emergencia de Ciudadanos como alternativa es un acontecimiento casi darwiniano en la política española, luego de que Unión, Progreso y Democracia, bajo el liderazgo de Rosa Díez, mostrase unas insuficiencias demoledoras para constituirse en opción alternativa a la popular.

Sin embargo, el partido de Albert Rivera -el ejemplo está en Andalucía- ha sido, como le gusta recordar al líder de Ciudadanos, una “idea a la que ha llegado su momento” (cita de Víctor Hugo). Pero ¿qué momento? Sencillamente el momento en el que la derecha necesitaba un recambio generacional que en el PP no se ha producido todavía, aunque en la lógica de las cosas está que se producirá. Ciudadanos representa a un sector social joven-maduro, mientras que el grueso del electorado del PP se localiza por encima de los cincuenta y cinco años. El 51% de los jóvenes está “indignado” con la política según encuesta de la Fundación de Ayuda contra laDrogadicción(FAD) publicada ayer. Ahí el partido de Rivera tiene un filón electoral.

Era el momento de un partido que afrontase la unidad de España desde el ámbito de la catalanidad a la que el PP allí, en Cataluña, es externo

También éste era el momento de un partido que afrontase la unidad constitucional de España desde dentro del propio ámbito de la catalanidad a la que el PP en Cataluña es externo. Y que lo haga desde una versión muy actualizada del concepto de la ciudadanía mucho más que desde el enfoque de las emociones, los historicismos y las exaltaciones. Con naturalidad y a través de un discurso que ni es agónico ni es tremendista. Una visión integral de España que le hace idóneo para sustituir a los tradicionales partidos nacionalistas que en las últimas décadas han ejercido de bisagras en un sistema de trueques y compensaciones que han distorsionado gravemente el modelo territorial del Estado autonómico.

Es el momento para un partido homogéneamente laico que mantiene un sano equilibrio entre los últimos democristianos del PP y los izquierdistas inercialmente hostiles hacia la Iglesia y las creencias trascendentes. Los españoles no han dejado de ser culturalmente católicos (de nuevo la encuesta de FAD muestra el nuevo tradicionalismo de los jóvenes de entre 18 y 25 años, segmento de edad en el que el PP incide por debajo del 5% del total de su electorado), pero sí han abandonado la militancia en el ámbito civil de sus creencias con la pretensión de que se establezcan territorios exentos a las fidelidades religiosas que son ya muchas y todas ellas legítimas, desde la fe musulmana a la judaica.

Ciudadanos actúa como una suerte de liberación de energía de la derecha democrática que ha estado demasiado tiempo comprimida en la opción del PP

Es el momento, asimismo, de una formación que incorpora gentes nuevas y talentos maduros, tanto en el ámbito de la economía como de la universidad. Y, por supuesto, es el momento en el que cambian los paradigmas de la política y surgen otros nuevos -menos estructurados, más espontáneos- que los dirigentes de Ciudadanos absorben sin prejuicios porque son unos recién llegados a la gestión pública.

Estas, entre algunas otras, son las razones de que cierta derecha -no la mayoría, pero sí una parte que será importante- haya liberado su conciencia política de la carga de no votar al Partido Popular y de hacerlo por la opción de Ciudadanos. A ese sector de la derecha le ocurre como a otro, de parecidas dimensiones, de la izquierda: que ha encontrado en Podemos una opción alternativa diferente a IU –la UPyD de la izquierda- y al PSOE sin que alterar el voto desplazándolo a la organización de Pablo Iglesias plantee graves contradicciones ideológicas.

Ciudadanos actúa como una suerte de liberación de energía de la derecha democrática española que ha estado demasiado tiempo comprimida en la opción del PP sin que este partido haya evolucionado lo suficiente y en el sentido adecuado como para que a él se reenganchen nuevas generaciones. No era indefectible que los hechos rodasen como lo están haciendo, pero los rasgostan acusadamente hieráticos del Gobierno y del propio PP -véase el ejemplo de su fallida Junta Directiva Nacional del pasado martes en la que nadie pidió la palabra-le han conducido a una suerte de arteriosclerosis ideológica que suele ocurrir cíclicamente en todos los grandes partidos.

Rivera parece poseer los materiales que construyen los liderazgos a través de la imagen, la forma de hablar y el modo en que se enfrenta a las dificultades

Hay un dato último, pero esencial: la empatía que tanto se esgrime parareclamársela al Gobierno y que Rajoy parece considerar una pamema. Lo cierto es que Albert Rivera -“el estilo es el hombre”- exhibe los materiales que construyen los liderazgos a través de la imagen, la forma de hablar y de conducirse, la manera como se comporta frente a sus adversarios -nadie es capaz de ofenderle porque él no asume la ofensa- y el modo en que se enfrenta a las dificultades.

En ese sentido, el momento le ha llegado a la idea de Ciudadanos y a su líder. La gran incógnita es si la seducción que ha sugerido en una parte de la derecha madurará en una relación de fidelidad política e ideológica y el partido de Rivera será algo más y algo distinto a un desahogo para un amplio colectivo que hasta ahora y desde poco después de las elecciones de 2011 se ha sentido desamparado y en la orfandad. Tiempo al tiempo.

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