La cruel sonrisa del destino

Al dirigente socialista, Pedro Sánchez, le ha sonreído -más como un rictus que como una complacencia- la crueldad de la implacable coherencia de Podemos

Foto: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en su reunión de este viernes en el Congreso de los Diputados. (EFE)
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en su reunión de este viernes en el Congreso de los Diputados. (EFE)

Pablo Iglesias va mucho más en serio de lo que asegura conducirse Pedro Sánchez en su intento de formar Gobierno. Ayer lo volvió a acreditar con un planteamiento “exclusivo y excluyente” que es el que explica la razón de ser política de Podemos. Este partido ha nacido, sucintamente explicado, para: 1) abrir un proceso constituyente que termine con el sistema constitucional de 1978 que se iniciaría inmediatamente después de un referéndum de autodeterminación en Cataluña, 2) sustituir al PSOE y reducirlo a la mínima expresión electoral para hegemonizar la izquierda, 3) articular un movimiento social de carácter popular que supere la dicotomía entre izquierda y derecha intentando estrechar los márgenes para otras opciones y 4) volcar el modelo socioeconómico actual haciéndolo migrar a otro de inspiración regimental populista.

Iglesias tiene escrito lo siguiente: “Toda la crisis de la izquierda tiene que ver con el nivel de intensidad en la colaboración con los socialistas; la aparición de la nueva izquierda unida y todas las tensiones internas giran en torno a ese modelo. Nosotros planteamos que esto no debe funcionar así. Si la geografía izquierda/derecha es lo que explica las cosas, por muy arraigada que esté, es una geografía en la que perdemos. Si nosotros de alguna manera reivindicamos que somos la izquierda, o la verdadera izquierda, o que es necesario convencer a la gente de que la izquierda es lo que hace falta, entonces estaríamos regalando al adversario un terreno de juego en el que nunca vamos a ganar”. Por eso, el líder de Podemos ha escrito también que gobernar con el PSOE “nos destruiría electoralmente” y para los socialistas “sería terrible”.

Iglesias sabe perfectamente que un acuerdo de Gobierno convencional con el PSOE no tiene sentido si ese Ejecutivo no es controlado por Podemos

Podemos no ha engañado ni a Sánchez y ni a nadie. Ocurre que los denuestos contra Iglesias y los suyos no han permitido a muchos escuchar la nitidez de su mensaje y ayer se quedaron sorprendidos ante el puño de hierro en guante de terciopelo que exhibió el dirigente en coherencia con todo lo que ha dicho y ha hecho. Iglesias sabe perfectamente que un acuerdo de Gobierno convencional con el PSOE no tiene sentido si ese Ejecutivo no es controlado por Podemos para adquirir sus objetivos políticos. Podemos puede “mancharse la manos” con los socialistas sólo si a cambio obtiene buena parte de sus propósitos que se resumen en la ruptura con el actual sistema tanto constitucional como socioeconómico. No reprochemos a Iglesias y a su partido su coherencia con sus fines programáticos.

El hecho de que Iglesias sea un fenotipo con tendencia a la crueldad política (“Que Sánchez sea presidente del Gobierno es una sonrisa del destino que me tendrá que agradecer” dijo el pasado día 22 de enero) no le descalifica como estratega y como táctico. Al imponer sus condiciones férreas a Sánchez recoge la heterogeneidad de sus confluencias (especialmente la catalana) y su modelo ideológico y muestra hasta qué punto el secretario general del PSOE ha metido la mano en un avispero. La de Sánchez -“va en serio”- está siendo una iniciativa sólo tentativa para formar Gobierno y, primordialmente, una salida de escape para, en el mejor de los casos, continuar al frente de su partido. Al dirigente socialista no le ha “sonreído el destino” como daba a entender Iglesias con su arrogancia habitual. Le ha sonreído -más como un rictus que como una complacencia- la crueldad de la implacable coherencia de Podemos.

La de Sánchez está siendo una iniciativa sólo tentativa para formar Gobierno y, primordialmente, una salida de escape para continuar al frente de su partido

El socialismo español que encarna el PSOE -y eso lo entienden mejor los barones (por antipáticos que a algunos resulten) que la joven guardia de Sánchez- adquiere su sentido histórico y presente en el reformismo constitucional, en el desarrollo inteligente e integrador de la opción constituyente de 1978. Podemos está en los antípodas de ese origen, es la antítesis de lo que ese patrimonio político representa. Si Podemos lograse desplazar de su territorio natural al PSOE, sencillamente lo asfixiaría.

Sánchez -que ya ha demostrado que pelea con una gallardía que otros hubiesen querido en Rajoy- debe ser, de inmediato, auténtico y reconocer que con Podemos no tiene opciones verosímiles de formar Gobierno y que toda su oportunidad reside en -como bien ha diagnosticado Albert Rivera- dejar que Ciudadanos establezca un puente con el PP, éste retire a Rajoy y se forme una alianza para la investidura del presiente de un Gobierno de gestión para la ejecución de un programa de regeneración y reformas. Y pasado el trance, culminadas las rectificaciones y modificaciones y transcurrido el tiempo, volveremos a las urnas. Lo demás, es menos importante, incluida “la sonrisa del destino” de Sánchez que Iglesias decía querer regalarle si antes lograba -¿lo conseguirá?- esclavizarle.

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