Tiro al pichón

Cuando un partido -en este caso el PP- entra en fase de descomposición, sus dirigentes disparatan. Ciudadanos y Albert Rivera han cumplido las expectativas de sus votantes

Foto: Pedro Sánchez y Albert Rivera, en la firma del acuerdo de investidura y legislatura. (EFE)
Pedro Sánchez y Albert Rivera, en la firma del acuerdo de investidura y legislatura. (EFE)

Se trata de un deporte de larga tradición. El tiro al pichón se integra en la Federación del Tiro al Vuelo y lo practican tanto damas como caballeros y, por lo general, es una actividad lúdica de clases acomodadas, una forma cinegética sofisticada que abate a los pichones en vuelo, fulminándolos. Así cuando alguien habla de “pichones” hay una remisión casi inconsciente a esta práctica tan deportivamente letal. De modo que cuando el lenguaraz Rafael Hernando calificó de “pichón” a Albert Rivera, a las pocas horas de la firma del acuerdo con Sánchez, las escopetas comenzaron a escupir artefactos contra el jefe de filas de Ciudadanos. Poco tiempo después, Rita Barberá apuntaba con pretendido tino a la financiación del partido de origen catalán, mientras desde aquí y desde allí, los populares iniciaban una campaña poco disimulada para acochinar a los electores de Ciudadanos que otrora fueron suyos.

Cuando un partido -en este caso el PP- se introduce en una fase de descomposición, sus dirigentes disparatan. Ciudadanos y Albert Rivera, en concreto, han cumplido exactamente las expectativas de sus votantes procediesen de la derecha o lo hicieran de la izquierda. Con el acuerdo con el PSOE, Rivera ha logrado: 1) bloquear un pacto entre socialistas y Podemos que hubiese llevado a un Gobierno radical e insensato, 2) introducir garantías terminantes de que no se celebrará un referéndum de autodeterminación ni en Cataluña ni en ningún otro territorio de España, cuya integridad y unidad se salvaguarda, 3) mantener los compromisos europeos del Estado español, 4) defender los principios de una democracia liberal pero con acentos humanistas y con rasgos ideológicos moderados y 5) sostener un perfil de centralidad que le permite interactuar por su izquierda y por su derecha.

El “pichón” que el Partido Popular quisiera abatir no sólo no ha decepcionado a sus electores sino que ha cumplido abundantemente con ellos

El “pichón” que el PP quisiera abatir no sólo no ha decepcionado a sus electores sino que ha cumplido abundantemente con ellos porque ha conseguido en el pacto con el PSOE -muy abierto pero suficientemente claro- todo lo que los populares, por insuficiencia aritmética e incapacidad negociadora, no han logrado garantizar a su electorado, de tal manera que, de continuar así las cosas -petrificado Rajoy, abrazado a Rita Barbera 'et alii'- aquí podría producirse una sustitución progresiva en la derecha: Ciudadanos por el Partido Popular. Los de Rivera, además, no han comenzado sino lo que los populares propugnaban: negociar con el PSOE una coalición a tres que es lo que Rajoy dice pretender sin saber cómo hacerlo.

Hernando, el portavoz parlamentario del PP especializado en la bronca, también ha calificado a Rivera de “correveidile”. Pudiera ser que, con el tiempo, este carácter transmisor del catalán resulte decisivo para el propio PP porque sólo a través del líder de Ciudadanos los conservadores se pueden conectar con el PSOE e, incluso, con otros partidos del arco parlamentario. De ahí que sea conveniente esa “templanza” que reclamaba Barberá en su cenital comparecencia del jueves y, atendiendo a los requerimientos de esta virtud cardinal, dejar de disparar al “pichón” Rivera evitando confundir el territorio de la política con una cancha de tiro al vuelo. Porque hay tiros que salen por la culata y el que está practicando el PP sobre Ciudadanos corre el riesgo de que lo sea.

Tiro al pichón

Si Mariano Rajoy hubiese aceptado la propuesta del Rey para ser candidato a la investidura -fuera en la primera ronda o en la segunda-, Albert Rivera y Ciudadanos hubiesen firmado el acuerdo de gobierno con el PP y no con el PSOE y lo hubiesen hecho con la ventaja de sumar 163 diputados en vez de 131. El presidente en funciones y su partido han de asumir que Pedro Sánchez quedó convertido en un referente institucional desde el momento en que Felipe VI le mandató para intentar la investidura, lo que ha hecho coherente el comportamiento negociador de Ciudadanos.

Más que apuntarse a la Federación de Tiro al Vuelo, el PP debiera adherirse a alguna cofradía penitencial ahora que tan cerca está la Semana Santa, a poca distancia temporal de la semana próxima en la que el grupo conservador votará seguramente como Podemos, contra el acuerdo de Rivera y Sánchez que, dadas las circunstancias, es el más sensato y practicable de todos los posibles y al que los electores del PP, si lo leyesen, aplaudirían con la orejas. Tanto por lo que ha logrado “el pichón” como por lo que ha evitado.

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