Pedro Sánchez, en la investidura: un discurso para la supervivencia

Sánchez ha logrado lo que quería, sobrevivir al fracaso. Y parece que lo ha logrado con unas semanas de máxima exposición, un hábil doble juego, dos exclusiones y un discurso

Foto: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (Reuters)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (Reuters)

Desde hace semanas que sabemos que la intención principal de Pedro Sánchez consistía en revalidar su condición de secretario general del PSOE y de candidato en las próximas elecciones generales, y solo secundariamente formar Gobierno con sus menguadas huestes parlamentarias tras su decepcionante resultado el pasado 20-D. Para lograr su objetivo –el de pervivir en su actual condición y dilatarla- Sánchez necesitaba de un golpe de audacia que le librase de la losa de su fracaso en las urnas y de las reticencias de muchos de los barones territoriales del PSOE.

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La ocasión se la granjeó el propio Rajoy que al declinar la propuesta del Rey para ser investido le proporcionó la baza para ocupar un terreno central en la vida política española desde el que consiguió un pacto con Ciudadanos –ateniéndose así a los límites que le impuso el Comité Federal del PSOE- que, aunque insuficiente, le servía para volcar sobre Podemos la responsabilidad última de una nueva convocatoria electoral. Esta estrategia se completaba con dos exclusiones: no al Partido Popular de Mariano Rajoy y no a los partidos independentistas catalanes.

Pedro Sánchez, en la investidura: un discurso para la supervivencia

El discurso de investidura que ayer pronunció Sánchez sirvió estrictamente a sus objetivos domésticos. Fue una intervención que interpretó al personaje en toda su dimensión táctica. Se atuvo –aunque no mencionó la supresión de las diputaciones- al acuerdo con Rivera y trató de seducir a Podemos enfatizando las políticas sociales y laborales cuidándose de no cuantificarlas. Muy recortado con los nacionalistas –tanto vascos como catalanes-, se empleó a fondo contra Rajoy y subrayó sus éxitos: él ha desbloqueado la situación aceptando la propuesta del Rey y rescatando al país de una crisis constitucional.

Con un tono mejor que en ocasiones anteriores, aunque persiste en su monotonía, el discurso tuvo un vuelo muy desigual y, en ocasiones, disperso, pero, en definitiva, resultó ser el florón de la estrategia del socialista que ha adquirido unas hechuras políticas que le permitirán seguir al frente del PSOE, quiéranlo o no los líderes territoriales que, además, han debido estar y pasar por una consulta a los militantes que se resolvió razonablemente para Sánchez.

El discurso resultó ser el florón de la estrategia del socialista que ha adquirido unas hechuras políticas que le permitirán seguir al frente del PSOE

La historia de la primera sesión de la investidura, ayer, se resumió en la culminación de un plan personal que se ha fundamentado en la audacia y en el aprovechamiento de errores ajenos. Y el discurso del candidato sirvió eficazmente a ese plan de manera muy funcional y, seguramente, suficiente para lo que el pretendía que no era la investidura, salvo que ésta surgiera de una carambola, de un hecho fortuito o de una mera casualidad.

Quizás las réplicas de los adversarios y las respuestas del candidato ofrezcan hoy otro angular diferente. Pero, sea así o no, Sánchez ha logrado lo que quería, es decir, sobrevivir al fracaso. Y parece que lo ha logrado con unas semanas de máxima exposición, un hábil doble juego (Ciudadanos-Podemos), dos exclusiones (PP e independentistas) y un discurso –el de ayer- que no pasará a los anales del Parlamento español.  

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