De la brutalidad de Echenique al desbarre de Iglesias y el tuit de Rodríguez

El fracaso de Podemos, por fin, tiene que ver con la imposibilidad de una mayor expansión de su base electoral

Foto: Iglesias y Echenique en Zaragoza. (EFE)
Iglesias y Echenique en Zaragoza. (EFE)

La dinámica poselectoral de Podemos está constituyendo un fracaso político superior, incluso, al electoral del pasado domingo. Como si de un síndrome de egotismo se tratase –es decir, de afirmación de la personalidad dañada en las urnas–, los dirigentes del partido morado se niegan a aceptar sus errores utilizando todos los recursos a su alcance para explicar la decepción –y el alivio ajeno– que causaron sus resultados en las elecciones legislativas.

Después de circunvalar la posibilidad de un pucherazo –no tan claramente descartado–, el secretario de organización, Pablo Echenique, ha utilizado una cínica brutalidad contra cualquier disidencia mediante una nota interna dirigida a los 80 miembros del Consejo Ciudadano estatal, y el secretario general, Pablo Iglesias, desbarró ayer en su televisión atribuyendo su magro balance del 26-J al miedo de sus potenciales votantes que, ante la posibilidad de que obtuviesen la victoria, no se atrevieron a dársela al tiempo que concurría el temor adicional a las consecuencias del Brexit. Ellos no han cometido ni un solo error. El exgeneral Julio Rodríguez, que no obtuvo escaño en Almería, se destapó también con un tuit según el cual la mitad de la población carece de ética, razón última, al parecer, que explicaría los escuálidos 71 escaños de UP, entre los que no se cuenta el suyo. Entramos así en el terreno político de la desvergüenza.

Echenique no se cortó un pelo: “Ya sabéis que yo soy mucho de amor y eso, pero no me resisto a añadir algo también necesario para este momento. Ante cualquier conflicto interno, desde la secretaría de organización se buscará en un primer momento la solución mediada, amorosa, consensuada y de sentido común. En caso de que la vía del amor y los cuidados se demuestre inútil, se actuará de manera contundente, decidida, concreta y grave contra quienes no comprendan (hablo en general; no de este órgano) que las guerras internas nos desangran, nos queman y nos hartan. Para que crezca el amor no solo hay que regarlo, sino también extirpar las malas hierbas de las violencias enquistadas. Sé que no hará falta, pero siempre es bueno tener un plan B cuando el amor no gana”.

El lenguaje no es cursi –aunque pueda parecerlo- sino irónico; el tono no es sincero, sino amenazante; y la conclusión no es preventiva, sino sentenciadora. Y queda resumida así: al disidente se le aplica “el plan B”, que no es precisamente amoroso. Un personaje capaz de abordar el debate interno en estos términos abochorna a cualquiera que tenga una mínima sensibilidad democrática aunque ilumina sobre los métodos y procedimientos internos en Podemos ejecutables por Echenique luego de que su predecesor en el puesto, Sergio Pascual, fuese, precisamente, fulminado como “mala hierba” por Pablo Iglesias.

La deriva de Iglesias en su distócico análisis de los resultados de UP es coherente con su errático discurso político que resulta, justamente, el presupuesto del fracaso de su conglomerado político el pasado domingo. Los factores que causaron los resultados de Unidos Podemos, que Iglesias jamás reconocerá, son cuatro principales y dos secundarios.

El candidato a la presidencia por Unidos Podemos, Pablo Iglesias, durante la noche electoral. (EFE)
El candidato a la presidencia por Unidos Podemos, Pablo Iglesias, durante la noche electoral. (EFE)

Los primeros, los principales:

 1) Una coalición electoral con Izquierda Unida que restaba, como advirtieron –además de Errejón– Cayo Lara y Gaspar Llamazares y como acredita la experiencia de otra parecida en el año 2000 protagonizada por el PSOE de Almunia. El electorado de IU es ideologizado, obrerista, sureño, sin cualificación académica, directo y reactivo a sofisticaciones de politólogos de gabinete. Y su peor intérprete interno fue en su momento Julio Anguita, un eterno perdedor de la política española.

 2) Unidos Podemos mintió a los electores. Los quiso engañar con “la sonrisa de un país”, con el corazoncito como logo y con el catálogo de Ikea como programa. Y siguió engañándolos presentándose ahora como izquierdista, luego como socialdemócrata, después como patriótico al tiempo que afecto a la plurinacionalidad. Toda una estrategia de camuflaje para no asustar, siendo conscientes sus dirigentes de que mostrar su auténtica faz haría entrar en pánico a cientos de miles de sus potenciales votantes.

 3) El referéndum prometido a las “naciones” de España, es decir, la autodeterminación incluida en un proceso constituyente, alertó al sur y centro del país y solo prendió en Cataluña -con pérdida de votos-, en el País Vasco, y mucho menos de lo previsto en Galicia, donde el Partido Popular vapuleó a la confluencia, superada incluso por el PSOE.

4) El líder de Podemos, Pablo Iglesias, reúne todas las características temperamentales y de discurso que niegan a un dirigente político tal cualificación. Ya escribí que el talento de Iglesias para mentir es proverbial, pero no parecía imaginable que los electores le tomasen tan bien la medida. Entre el parlamentario de la “cal viva” y el interlocutor de Sánchez (“no te equivoques, Pedro, no soy tu rival”) hay un trecho insalvable de credibilidad. Iglesias fue un factor determinante del fracaso de UP porque, además, y pese al cuidado por esconderle durante toda la campaña, opacó a Errejón y a Garzón. Iglesias es la viva imagen de la insinceridad política.

Entre el Pablo Iglesias de la “cal viva” y el interlocutor de Sánchez (“no te equivoques, Pedro, no soy tu rival”) hay un trecho insalvable de credibilidad

Las causas secundarias que explican, además, el fracaso de Podemos son, de una parte, la campaña del PSOE que no dejó de recordar que Iglesias rechazó la posibilidad de desbancar a Rajoy, y, de otra, la del PP que, en la polarización, dobló el pulso a los morados. Nada de todo esto va a salir de un cuestionario que consulta la opinión de las bases de Podemos porque son tantas las causas y concausas que se proponen para endilgar el fracaso que las ciertas se ahogan en las secundarias. Cuando todos son culpables, nadie lo es. Eso es lo que se busca con la consulta de Echenique y Bescansa.

El fracaso de Podemos, por fin, tiene que ver con la imposibilidad de una mayor expansión de su base electoral. Como ayer argumentaba en Agenda Pública el profesor Albert Aixalá Blanch la suma de todas las fuerzas que se reúnen en Podemos fue en las elecciones europeas de 2014 del 19,68% y en las generales del pasado domingo del 21.1%. Ponderando los porcentajes de participación, y visto que el sumatorio entre populismo extremista más izquierdismo poscomunista no da de sí, Podemos no asaltará los cielos del poder en España hasta que las ranas críen pelo. Bastará para ello que el PSOE se reponga de su postración, dejando que continúe el lamentable espectáculo que los morados están ofreciendo a un país perplejo ante el mal perder del prometido y postergado “momento populista”.

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