El PSC y Francisco Correa colapsan la investidura de Rajoy

Después de la declaración de Correa, la investidura del líder del PP ha entrado en colapso, entendiendo por tal la segunda acepción de su significado: brusca disminución de posibilidades

Foto:  Los candidatos a la secretaría general del PSC Miquel Iceta y Núria Parlon. (EFE)
Los candidatos a la secretaría general del PSC Miquel Iceta y Núria Parlon. (EFE)

17.000 militantes del PSC están llamados hoy a elegir en primarias a su primer secretario/a. El cargo lo ostenta ahora Miquel Iceta que pretende repetir compitiendo con Núria Parlon, alcaldesa de Santa Coloma de Gramenet. Las diferencias programáticas entre ambos son de matiz. Los dos aspiran a una tercera vía en Cataluña para tratar de superar la apuesta secesionista con fórmulas que se acercan a las líneas rojas, sin rebasarlas, marcadas por el PSOE. Pero la campaña de las primarias no ha ido, propiamente por asuntos catalanes, sino por la oposición de ambos dirigentes a la abstención socialista en la investidura de Rajoy. Iceta y Parlon consideran letal para el PSC que sus siete diputados en el Congreso den vía libre a un Gobierno del PP y, si es el caso, romperán la disciplina de voto como, por cierto, ya hicieron en 2013.

El Partido de los Socialistas Catalanes es una organización jurídicamente distinta al PSOE, que es el resultado de la convergencia en 1978 de la Federación Catalana del PSOE, del PSC Congrés y del PSC Reagrupament. Llegó a tener grupo parlamentario propio. Las anteriores victorias electorales en Cataluña del PSC en los comicios generales, en combinación con las que obtenía el PSOE en Andalucía (ambas comunidades envían al Congreso un total de 108 diputados), sustentaron la hegemonía socialista sobre la que Felipe González, primero, y Rodriguez Zapatero, después, gobernaron el país. Lo que el viento se llevó.

El PSC no es ahora, ni cualitativa ni cuantitativamente, lo que fue. Desde el final del segundo tripartito de izquierdas en Cataluña (2010) —presidido el primero por Maragall y el siguiente por Montilla— los socialistas catalanes se han ido dispersando. Unos, hacia ERC, otros hacia la Convergencia independentista. El PSC toca ya hueso y su último registro electoral en las generales del 26 de junio fue paupérrimo: solo siete escaños de los 47 que se sometían a escrutinio en la comunidad. De ahí su no rotundo a Rajoy como expresión de una afirmación ideológica y estratégica de supervivencia que es distinta a la de sus correligionarios en otros territorios.

El peso del socialismo catalán va a impedir que el Comité Federal decida una abstención institucional del PSOE y le va a imponer una fórmula de mínimos

Los socialistas catalanes no son decisivos en el presente del PSOE pero sí en su futuro. El socialismo español no se recuperará sin el concurso del PSC. El partido en su conjunto no puede permitirse una disidencia de Iceta o de Parlon que sería seguida abrumadoramente por sus diputados, cuadros y militancia. Algunos en el PSOE creen que es la ocasión de una catarsis en la organización y para precipitarla pretenden imponer una abstención institucional en el Congreso aunque conlleve la ruptura del partido. En Cataluña, sectores muy minoritarios, abogan por restaurar la Federación Catalana del PSOE si el PSC entra en rebelión ante la decisión abstencionista del Comité Federal. Ni lo uno ni lo otro es sensato. Tampoco lo sería la sugerida “revisión” desde el PSC de su protocolo de vinculación orgánica con el PSOE. Si no se mantiene el 'statu quo', el socialismo se disolvería electoralmente en Cataluña a favor, definitivamente, del inmediato partido de Colau.

El peso del socialismo catalán —arropado por parte del vasco y, seguramente, también del valenciano— va a impedir que el Comité Federal decida una abstención institucional del PSOE a la investidura de Rajoy y le va a imponer una fórmula de mínimos, resulte vergonzante o no. Cabía la duda hasta ahora de que la gestora y los barones críticos con Pedro Sánchez pudieran lograr sus propósitos en el Comité Federal. Pero después de la declaración judicial de Correa, la investidura de Rajoy —aunque no implicado directamente por el responsable de la trama de corrupción, aunque sí concernido por su relación con Bárcenas, su cómplice— ha entrado en colapso, entendiendo por tal la segunda acepción de su significado: brusca disminución de posibilidades.

Imagen del monitor de la sala de prensa de la Audiencia Nacional de Francisco Correa. (EFE)
Imagen del monitor de la sala de prensa de la Audiencia Nacional de Francisco Correa. (EFE)

Francisco Correa no ha descubierto nada sustancial, aunque ha impactado con una declaración descriptiva de una inmoralidad e ilicitud tan indignantes como intolerables. La reputación del PP ha sufrido un daño enorme y su relación con otros partidos es tóxica para estos ante sus electores. La retirada de Rajoy hubiese sido una medida generosa y coherente con la asunción de la responsabilidad política por la corrupción en el PP. Sin embargo, le ha rescatado la remontada del 26-J y el apoyo de su partido. Para el PSOE permitir un Gobierno del PP resultaría difícil en todo caso. Que ese Gobierno lo presida Rajoy resulta un episodio agónico y de un pragmatismo verdaderamente cruel.

Ni la sensatez de Javier Fernández, ni la necesidad de los barones que propiciaron —en combinación con la torpeza del personaje— la destitución/dimisión de Pedro Sánchez pueden sobreponerse a la muy general opinión de los miembros del Comité Federal del partido, tras la declaración de Francisco Correa y la determinación disidente del PSC de delimitar a lo estrictamente necesario (11 abstenciones, 11 ausencias) su contribución a la investidura de Rajoy.

Los pilotos del PSOE deberían darse por satisfechos si tras el pronunciamiento del PSC y Correa salvan los muebles y eluden las terceras elecciones

La gestora y los dirigentes territoriales socialistas se enfrentan, no solo a que la abstención en la investidura del presidente del PP sea mediante una fórmula de mínimos, sino también al riesgo de que ni siquiera esa solución prospere. Una consulta a la militancia —ya inviable por calendario— arrojaría un rotundo no a la abstención en el Congreso y una votación en el Comité Federal es de resultado ahora incierto.

Los actuales pilotos del PSOE deberían darse por satisfechos, si tras el pronunciamiento del PSC, la confesión judicial de Correa y las que se produzcan a partir del lunes, salvan los muebles y eluden las terceras elecciones con una investidura de Rajoy que, hoy por hoy, ha entrado en colapso. Plantearse otro escenario que no sea este significaría la ruptura irreversible de la organización y su hundimiento. Y con un PSOE destruido entraríamos, efectivamente, en un “fin de régimen”.

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