Así va a ganar Susana Díaz

El discurso de la presidenta andaluza no será tan previsible: no es partidaria de la gran coalición con el PP y será exigente en los términos de los pactos que pueda alcanzar con la derecha

Foto: Díaz visita la unidad de estancia diurna de personas discapacidad en Brenes (Sevilla). (EFE)
Díaz visita la unidad de estancia diurna de personas discapacidad en Brenes (Sevilla). (EFE)

Se ha generalizado en el llamado PSOE oficial la opinión de que una eventual e improbable victoria en las primarias de Pedro Sánchez provocaría la implosión del partido. El carácter asambleario que propone para su funcionamiento y un programa radical que se muestra dispuesto a contemplar un proceso constituyente (propone la España plurinacional), acerca el modelo de Sánchez al de Podemos, una vecindad que se incrementa con el discurso del destituido líder del PSOE que se refiere a los poderes económicos como si un remedo dialéctico de la “trama” de Pablo Iglesias se tratara.

Susana Díaz se convertirá mañana en la candidata cuyo mensaje se resumirá en devolver al PSOE su identidad como aquel partido socialista ganador que dirigió Felipe González, que llevó a la izquierda de la pancarta al Boletín Oficial del Estado y que es el que conecta con el SPD del aclamado Martin Schulz en Alemania, único socialdemócrata en condiciones de alcanzar el poder en los procesos electorales que se suceden en la Unión Europea.

Las encuestas que hasta ahora otorgan a Sánchez una clara preferencia sobre López y Díaz marcan la tendencia del electorado socialista, pero no de su militancia. De los 170.000 socialistas cotizantes –es decir, activos y censados- más de 40.000 residen en Andalucía (un 30% del total) y se mantienen movilizados mayoritariamente a favor de la presidenta de la Junta de Andalucía. Díaz, con la ayuda constante, aunque discreta, de la nomenclatura del PSOE (Rubalcaba, González, Guerra, Zapatero, Fernández) ha logrado insertar grupos de apoyo en todas las comunidades autónomas, incluso en Cataluña, en donde su “embajador” será Eduardo Madina, un político que ha manifestado sin recato alguno que se apartaría por completo de la política si las primarias las ganase Sánchez.

Susana Díaz, junto al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. (EFE)
Susana Díaz, junto al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. (EFE)

Además, la candidatura de Díaz cuenta con personalidades socialistas que hasta octubre se mantuvieron en el equipo del anterior secretario general, secundaron su “no es no” y que, ante su deriva, le han abandonado compartiendo la opinión de que su PSOE no resultaría reconocible y estaría abocado a una colaboración intensa con Podemos que terminaría por llevarle a la irrelevancia.

Díaz cuenta con apoyos que secundaron el “no es no” y que abandonaron a Sánchez tras su deriva, entendiendo que su PSOE no resultaría reconocible

El discurso de la presidenta de la Junta de Andalucía –con sólidos apoyos en las alcaldías socialistas de la mayoría de las comunidades autónomas- no va a ser tan previsible como el que se supone en muchos medios y como desearía el Gobierno de Mariano Rajoy. Su entorno ya se ha encargado de deslizar algunas ideas-fuerza del discurso de la candidata. No es partidaria –en modo alguno- de la gran coalición con el PP y será exigente en los términos de los pactos que pueda alcanzar con la derecha. Está dispuesta, al parecer, a manejar la cuestión catalana con criterios bien distintos a los del Ejecutivo: sería favorable a la constitución de una comisión de expertos para la reforma constitucional y la posterior subcomisión en el Congreso para darle forma. En esos ámbitos, el PSOE propondría recuperar algunas de las previsiones anuladas por el Tribunal Constitucional en el actual Estatuto catalán.

Por otro lado, la experiencia andaluza con Ciudadanos permite a Díaz excluir rotundamente a Podemos de sus expectativas de colaboración en beneficio de los naranjas. Por lo demás, la candidata Díaz está lejos de demonizar al Ibex 35, ni esconde su trayectoria en el aparato del PSOE ni su identificación con el socialismo que hizo posible la transición. Peleará contra la significación política de la “trama” de Iglesias, pero dará la batalla dialéctica contra la pobreza y la integridad de las prestaciones del Estado del bienestar.

La elección de Díaz puede significar un liderazgo definitivo en el PSOE, encauzando la coyuntura hacia unas nuevas elecciones en 2018

Su elección como secretaria general –no hay que olvidar que no es ni diputada ni senadora- precipitará, seguramente, una recomposición del contexto político general porque la colaboración con el PP (el no socialista a los Presupuestos es inamovible) se ha agotado ya al comprobar que Mariano Rajoy se mantiene estancado en las encuestas, mientas que Ciudadanos experimenta un sostenida remontada. Estas variables, con el revulsivo que puede significar un liderazgo definitivo en el PSOE, encauzarían la coyuntura hacia unas nuevas elecciones en 2018, especialmente si no se aprueban las cuentas públicas para 2017 y el Gobierno de Rajoy sigue padeciendo derrotas parlamentarias tan hirientes como la derogación del decreto ley sobre la estiba o las aprobaciones de las proposiciones de ley para modificar y/o derogar la llamada 'ley mordaza'.

Derrotas en las que el desprecio del PP a su socio de investidura –Ciudadanos- han creado un clima de precaria confianza entre Rajoy y Rivera, aderezado, además, por la constante aparición de relatos policiales y judiciales de una corrupción en el PP de largo alcance. Es decir, que la “crisis de las lentejas” en el pacto entre PP y C's no resiste comparación con el del PSOE-C's en Andalucía, que es mucho menos conflictivo, incluso, que el madrileño que apoya a Cristina Cifuentes.

Tras Susana Díaz hay un estrategia ganadora, un apoyo interno fortísimo y un discurso bien armado que competirá desde hoy con el de un Sánchez que salió pronto a la cancha –pronto y poco pertrechado- estimulado por la precocidad de un López cuyo objetivo no puede ser otro que hacerse un hueco en el partido o, eventualmente, pactar con Díaz para obtenerlo. Y así, con infraestructura, apoyos internos y discurso político y programático de fusión, Susana Díaz va a ganar las primarias, será elegida también candidata del PSOE a la presidencia del Gobierno y, antes de lo que parece, habrá nuevas elecciones generales.

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