#SoyNaranjito, Murcia y tres golazos más

'Naranjito' ha pasado a ser don Albert, los dirigentes de Ciudadanos han dejado de ser unos 'pardillos' y el partido ha logrado que el PP deguste un buen plato de lentejas

Foto: Mariano Rajoy y Albert Rivera. (EFE)
Mariano Rajoy y Albert Rivera. (EFE)

En la nada fácil relación entre el PP y Ciudadanos se han producido dos episodios a caballo entre la ironía y el desprecio. En marzo de 2015, Rafael Hernando, portavoz del grupo popular en el Congreso, calificó a Albert Rivera de “Naranjito”, denominación de la mascota del mundial de fútbol que se celebró en España en 1982. Creyó el diputado popular que así disminuía la entidad del líder de Ciudadanos que, rápido, encajó el “hallazgo” de Hernando, lo convirtió en un 'hashtag' y logró que el tiro le saliese por la culata al deslenguado popular. No corrió mejor suerte la confesión de Martínez Maillo cuando adujo el pasado 22 de febrero que el pacto entre el PP y C's había sido como “las lentejas” (si las quieres las comes y si no las dejas), dando a entender que su partido firmó el acuerdo con el de Rivera con el doble propósito de hacerse con sus 32 votos para la investidura de Rajoy pero no de cumplir —o hacerlo lo menos posible— el texto del pacto.

Ciudadanos pareció perder pie. Pero asentó su posición. Respaldó el techo de gasto con el PP y el PSOE, pero no las medidas fiscales del Gobierno —apoyadas también por los socialistas— que afectaban seriamente a la seguridad jurídica por la modificación retroactiva del impuesto de sociedades y subían algunas otras cargas. Y cuando llegó la ocasión, Rivera y sus 31 compañeros se negaron a unir sus votos a los del PP para convalidar el decreto ley sobre los estibadores, provocando no la derrota gubernamental que sus sufragios no hubieran evitado sino la visualización de la soledad de Rajoy y de su gabinete. Prácticamente, el Congreso no ha registrado precedente de un revolcón al Gobierno como el que este padeció el pasado 16 de marzo. Además, Ciudadanos —que se sintió ninguneado y casi víctima de un engaño— ha confraternizado con la oposición en propuestas que han reventado algunos de los logros legislativos de la X Legislatura —con mayoría absoluta popular— como la llamada 'ley mordaza', que será, al menos, muy modificada. Significativo: C's le ha demostrado al Gobierno que puede votar de acuerdo con el PNV.

Alguien en algún lugar de Moncloa o de Génova ha debido pensar que los diputados de Ciudadanos no son precisamente unos pardillos

Alguien en algún lugar de Moncloa o de Génova ha debido pensar que los diputados de Ciudadanos no son precisamente unos pardillos. Llegaron a parecerlo. En los pasillos de algunos ministerios se recuperó la expresión de 'naranjitos' para referirse a ellos y no faltan líderes del PP que, con más o menos discreción, les atribuyen falta de madurez e ideología desdibujada. Pero C's, rehecho de los ninguneos y tras ordenarse internamente en su asamblea, ha logrado marcar al Gobierno y al PP cuatro golazos por la escuadra que Rajoy ha sabido encajar con deportividad sin discutir inteligentemente los méritos de su socio. El presidente del Gobierno, a la postre, cede porque los 32 diputados de C's no son suficiente, pero sí necesarios, y confía en que con los cinco del PNV y los dos canarios pueda aprobar los Presupuestos Generales y estirar la legislatura hasta finales de 2018.

Y así, en las últimas semanas, los goles de 'Naranjito' han sido importantes: 1) C's ha conseguido que en las cuentas de 2017 se incluyan miles de millones para gasto social en línea con lo prometido a sus electorales. En el paquete de medidas se ha incluido una parcial rebaja del mal llamado IVA cultural, que deja al cine arbitrariamente al margen de la reducción del tipo; 2) Ciudadanos se ha llevado el gato al agua y el grupo popular en el Congreso ha votado favorablemente la constitución de una comisión de investigación sobre la financiación de su partido, algo insólito, pero previsto en los pactos entre las dos formaciones; 3) ha pasado algo desapercibido, pero, a impulso de C's (al que más beneficiaría la reforma), se ha constituido en el Congreso una subcomisión para estudiar la modificación de la ley electoral.

Pedro Antonio Sánchez, presidente de Murcia. (EFE)
Pedro Antonio Sánchez, presidente de Murcia. (EFE)


Y por fin, el cuarto golazo: Murcia. Más allá de si es razonable que su presidente regional dimita en este momento procesal —está investigado y ayer el juez del caso Púnica pidió al TSJM que le encause sin dudarlo por tres presuntos delitos—, el acuerdo que suscribió con Ciudadanos le obliga a retirarse si en una causa penal debe comparecer en la condición en la que lo está haciendo. Pedro Antonio Sánchez es probable que se vaya por su propio pie y el PP presente a otro de sus diputados autonómicos a una nueva investidura. Si no lo hiciera, Sánchez tiene perdido el apoyo de Ciudadanos y podría caer derribado por una moción de censura. Hay otra solución alternativa: nuevas elecciones. En todo caso, Ciudadanos y Rivera —que ya se han impuesto en este asunto— no deberían (ni para heredar) juntarse con Podemos en el acoso y derribo de Sánchez, ni granjear la presidencia al líder socialista de la región. Pero sí conseguir —están a un paso— que el PP se avenga a cumplir el pacto.

'Naranjito' ha pasado a ser don Albert, los dirigentes de Ciudadanos han dejado de ser unos 'pardillos' y el partido ha logrado que el PP deguste un buen plato de lentejas, que es la legumbre recomendada en estados carenciales de determinados oligoelementos como el hierro. Y parece que no les han sentado mal, vistos los resultados. Como clamó Girauta, 'pacta sunt servanda'. Aunque los haya firmado #SoyNaranjito. O, precisamente, por eso.

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