La CUP, la "kale borroka" y la revolución de las sonrisas

Conviene recordar que el partido es la clave de bóveda del independentismo. Fueron sus diez diputados los que echaron de la Generalitat a Artur Mas

Foto: Mossos se interponen entre grupos a favor y en contra de la Guardia Civil en Barcelona. (EFE)
Mossos se interponen entre grupos a favor y en contra de la Guardia Civil en Barcelona. (EFE)

El grave episodio de vandalismo en Barcelona ha pasado casi inadvertido fuera de Cataluña. El pasado domingo La Vanguardia abría su edición con este titular: "Cuatro encapuchados asaltan un bus turístico" y ayer la segunda noticia de su portada era la siguiente: "Las juventudes de la CUP reivindican el asalto vandálico al bus turístico". El primer periódico catalán se ha tomado, como es natural, muy en serio esta expresión de violencia de los cachorros de la CUP que no es la primera. Ya asaltaron la sede del Partido Popular en Barcelona y ayer comandaron la concentración, muy agresiva, contra la Guardia Civil en la Ciudad Condal.

Antonio S. MaesoAntonio S. Maeso

Conviene recordar que la CUP es la clave de bóveda del independentismo. Fueron sus diez diputados los que echaron de la Generalitat a Artur Mas y obligaron a buscar a ese oscuro presidente, no electo por lo tanto, que es Carles Puigdemont. Es la CUP la que ha impuesto la máxima de "tenemos prisa" que ha impulsado hasta el momento la precipitada temeridad del secesionismo y es la CUP la que ha ido imponiendo los pasos y los tiempos en el Parlamento a los ex convergentes y a ERC.

Pues bien, los socios del PDeCat y de ERC son los que tienen la sartén por el mango en Cataluña. Sin sus votos no hay proceso, ni referéndum, ni nada que se le parezca. Y por eso, los demás partidos secesionistas le consienten todo. Y están cometiendo un grave error. Que consiste en dejarles convertirse en la llave para que en Cataluña se consume un "golpe de Estado" que es jurídico como ha denunciado la patronal catalana que en palabras de Rajoy se ha comportado al hacerlo de forma "noble, honorable y valiente". Ayer, el catedrático catalán Francesc de Carreras escribía en El País que, efectivamente, lo que está ocurriendo en Cataluña es un "golpe de Estado" sin armas pero con un desafío inédito a las leyes y a la autoridad legítima de las instituciones del Estado.

La CUP, la "kale borroka" y la revolución de las sonrisas

La "turismofobia" en Cataluña, llevada a la agresión vandálica por la CUP, es una expresión colateral pero cierta y peligrosa de una radicalización de fondo político que ha adquirido la práctica y la estética de la "kale borroka" de tristísimo recuerdo en el País Vasco. Se está fraguando allí un denso ambiente de tolerancia y tozudez ilegal que llega hasta al director de los Mossos que el domingo dejó claro que el "límite" de la policía catalana no es la Constitución sino la Carta de Derechos Humanos que, naturalmente, él interpreta con la mayor de las arbitrariedades.

Es tanta la radicalización y su banalizacion que un analista político escribía ayer en el ya citado diario La Vanguardia que "la revuelta de Catalunya no se resolverá nunca con el TC, ni con la Fiscalía, ni con la Guardia Civil. Por este camino la revuelta ganará adeptos". Nótese que se habla de "revuelta" y que se niega legitimidad al TC, a la fiscalía y a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y, por lo tanto, capacidad para remediarla. No parece un discurso "de orden" sino todo lo contrario: sintoniza con la exasperación radicalizada de un secesionismo que se ve impotente para llevar adelante sus propósitos y se presiente abocado al fracaso. Ramalazos vandálicos como los de las juventudes de la CUP contra un bus turístico delatan la naturaleza totalitaria y violenta del grupo que está completando la mayoría independentista en Cataluña que desafía al TC que este lunes ha vuelto suspender otra resolución autoritaria del que ya se ha convertido en un autócrata, es decir, de Carles Puigdemont. No sé si tarde, pero en todo caso con rotundidad, los empresarios catalanes han hablado por fin claro: estamos "ante un golpe de Estado jurídico".

No sé si tarde, pero en todo caso con rotundidad, los empresarios catalanes han hablado por fin claro

Y no quiero terminar este post sin aludir a la polémica que ha propiciado la CUP, con el silencio cómplice de muchos: oscurecer los logros de Barcelona 1992 con la vieja historia, nunca probada, de que antes y durante los Juegos Olímpicos de aquel año, se reprimió y torturó a independentistas catalanes. Es de leer cómo salió ayer, también en La Vanguardia, el ex juez Baltasar Garzón para puntualizar el asunto.

En Cataluña se está gestando un ambiente que nada tiene que ver con la llamada "revolución de las sonrisas" que, se decía, caracterizaba al proceso soberanista. Ahora allí hay hosquedad, desconfianza y miedo. Ya lo dijo Puigdemont: "Les damos miedo y más que les vamos a dar." No sé si lo consiguen, pero lo están intentando. Se empieza con el asalto a un bus turístico y no se sabe dónde se puede terminar. Cuídense PDeCAT y ERC del aforismo popular, tan sabio, según el cual "dime con quién andas y te diré quién eres".

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