Andalucía y Díaz revientan la coartada plurinacional para Cataluña

En la España plurinacional dibujada por Sánchez, solo Cataluña y País Vasco tienen carácter de nación. No ha hecho lo mismo con Andalucía y la presidenta de la Junta se lo va a poner difícil

Foto: La presidenta andaluza, Susana Díaz, durante el Congreso del PSOE Andaluz. (EFE)
La presidenta andaluza, Susana Díaz, durante el Congreso del PSOE Andaluz. (EFE)

Susana Díaz ha convocado a los alcaldes de Andalucía –y aunque solo acudan los socialistas serán más de 400– a una gran reunión en octubre en la localidad de Antequera (Málaga). Se trata, al parecer, de consumar un acto de afirmación andalucista y la elección del lugar ya da pistas: Antequera fue en donde se aprobó el proyecto de Constitución del denominado 'Estado Andaluz' (1883) en la República Federal Española, elaborado por los delegados del Partido Democrático Federal y allí también, en 1977 y en 1980, se celebraron grandes concentraciones para que Andalucía accediese a la autonomía por la vía rápida del artículo 151 de la Constitución como las denominadas nacionalidades históricas.

Andalucía ya ha demostrado que el modelo territorial de España debe contar con su criterio. Es la comunidad autónoma española más poblada (8.500.000 habitantes) y la segunda en superficie. Dos datos relevantes, aunque no los únicos. Mucho menos para la izquierda y, concretamente, para el PSOE: los socialistas no han dejado de gobernar aquella comunidad. Una circunstancia inédita en las otras comunidades autónomas españolas. Es, además, la que dispone de la más numerosa militancia socialista y la que aporta más diputados al Congreso para el PSOE. Aunque derrotada en las primarias, la presidenta de la Junta, Susana Díaz, ha ganado su congreso regional de calle y ha laminado a los partidarios de Sánchez. En abierta discrepancia con la plurinacionalidad de España –proyecto del nuevo secretario general– la presidenta de la Junta va a hacer una demostración de fuerza.

Consistirá en volver a acreditar –como en 1980– que Andalucía, si vamos a una España plurinacional, es tan nación como Cataluña o el País Vasco y que no consentirá una diferenciación con otros territorios que pueda ir en detrimento de su protagonismo. Cuando Díaz le espetó a Sánchez aquello de “no me hagas elegir” entre el PSOE y Andalucía, estaba advirtiéndole de que no iba a pasar por permitir que unas comunidades fuesen naciones y otras regiones, entre ellas, Andalucía. Sánchez ya ha proclamado que Cataluña y el País Vasco lo son. No ha hecho lo mismo con Andalucía y Díaz se lo va a poner difícil.

Pese a salir derrotada en las primarias, Díaz ha ganado sobradamente su congreso regional y ha laminado a los partidarios de Sánchez en Andalucía

La presidenta de la Junta tiene todas las de ganar en este asunto. La plurinacionalidad es una mera coartada de Sánchez como maniobra de aproximación a la Cataluña en crisis y a una Euskadi que a través del PNV juega a dos bandas: en Vitoria con el PSE y en Madrid con el PP. Técnicamente, la “nación de naciones” no tiene referencia constitucional en ningún país democrático y desarticula potencialmente la soberanía única en el pueblo español. De hecho, España es ya plurinacional si por tal se entiende que las nacionalidades disponen de hechos diferenciales por su idioma y por su peculiar sistema institucional. Incorporar el término “nación de naciones” y asignar la categoría de tales a unos territorios y no a otros, además de ser muy difícil desde el punto de vista técnico-jurídico e histórico, conllevaría una amenaza a la unidad nacional que es el fundamento, uno de ellos, de la Constitución.

En otras palabras: Díaz quiere dejar nítido que planteará el “café para todos” como se hizo en 1980 y que la singularidad nacional que pudiera pretender Cataluña respaldada por el PSOE se diluiría ante la reclamación, igualmente nacional, de Andalucía. Una tierra que dispone de una personalidad histórica de largo aliento. Ángel Ganivet escribió que “España tiene dos naciones: al norte, España, y al sur, Andalucía”. Hay que tomar nota de lo que ha ocurrido desde la Transición para valorar lo que se haga en el futuro y evitar que una solución para Cataluña, que será necesaria, incendie otras comunidades y, concretamente, ponga en pie de reclamación a Andalucía como ocurrió en 1980.

La "nación de naciones" carece de referencia constitucional en ningún país democrático y podría desarticular la soberanía única en el pueblo español

Por otra parte, Sánchez se está confundiendo gravemente. Después de descabalgar a Alfonso Guerra de la presidencia de la Fundación Pablo Iglesias, ha dejado marchar a Eduardo Madina y ha entrado en un discurso doble perfectamente inútil: respecto de Rajoy, aliarse con Podemos en una estrategia de presión que no le conduce ahora a ninguna parte (el presidente tiene bien amarrados por el momento sus apoyos hasta 2019), y respecto de Cataluña, reclamar un equidistante diálogo cuando sabe de sobra que aquí solo una parte ha roto todas las reglas de compromiso: los secesionistas. Si el catalanismo tuvo buenas razones en 2010, dejó de tenerlas al plantear una reivindicación inasumible y desproporcionada.

En este contexto, una parte importante del PSOE (Andalucía) va a plantear a Sánchez un órdago, mientras los socialistas valencianos quieren parecerse al PSC y los aragoneses siguen, con Javier Lambán, agazapados, mientras García-Page y Fernández Vara están tácticamente por la concordia. Y todo eso lo tiene bien tabulado y valorado la presidenta andaluza, que va a reventarle a Sánchez la coartada de la plurinacionalidad que, además, no gusta a la inmensa mayoría de sus pares socialistas.

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