Cataluña relanza a Sánchez y al PSOE
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José Antonio Zarzalejos

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Cataluña relanza a Sánchez y al PSOE

Si el PSOE hubiera prestado oídos a la asamblea de parlamentarios y alcaldes convocada por Podemos ahora estaríamos en el prólogo de un proceso constituyente

Foto: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)

En la declaración institucional de la noche del pasado miércoles, Mariano Rajoy deslizó una frase acertada, además de lúcida: dijo que el respaldo a las medidas que en relación con la crisis de Cataluña está recibiendo su Gabinete no las entiende como un apoyo al Gobierno sino a la legalidad del Estado de Derecho. Exactamente es así. La posición que ha adoptado el PSOE es obligada y natural pero como ya casi nada en la política española es coherente y previsible deberíamos celebrar que el socialismo español -incorporando al PSC- haya hecho un ejercicio de responsabilidad. Como en otros momentos de la historia no lo hizo y como los nacionalismos -sea el vasco, sea el catalán- han ejercido una constante sugestión sobre la izquierda española, quizás el socialismo se esté desprendiendo de ese complejo que trae causa del antifranquismo del siglo pasado.

La postura del PSOE en la actual situación de España es crítica. El partido que lidera Sánchez es la piedra de bóveda de la respuesta del Estado al desafío independentista en Cataluña porque sin su concurso tendríamos sólo un Gobierno demediado, en minoría parlamentaria y políticamente erosionado. Gracias al apoyo de los socialistas y a la buena disposición de su renacido secretario general, el Ejecutivo dispone de un margen imprescindible. De ahí el error de Albert Rivera al pretender una innecesaria explicitud parlamentaria de apoyo al Ejecutivo que terminó con una quiebra –momentánea pero peligrosa- de la unidad de acción PP-PSOE-Cs. Pedir al grupo parlamentario socialista que, con la que está cayendo y ha caído, proclame -además de ya hacerlo- un respaldo al Gobierno resulta, además de irresponsable, nada perspicaz.

Podemos ha perdido las opciones de representar una alternativa con visos de institucionalidad e Iglesias ha sido devorado por Cataluña

La actitud del PSOE -que no será permanente pero sí sostenida hasta que remita la crisis en Cataluña- hay que analizarla en el contexto de los movimientos de la izquierda y los nacionalismos. Podemos se ha echado al monte perdiendo todas las opciones de representar una alternativa con visos de institucionalidad e Iglesias ha sido devorado por Cataluña en donde ha perdido a su partido y en donde será depredado por los comunes. Los morados colaboran activamente con un nacionalismo que vuelve a derrapar -el del PNV que se debate como siempre entre la cartera y el músculo cardiaco-, con un abertzalismo con el regusto amargo de su cercanía a ETA y con los partidos independentistas catalanes en abierto desconcierto, desarbolados y entregados al recorrido que les ofrezca la movilización popular.

El PSOE ha manejado las riendas desde el 17 de agosto pasado de sus propias pulsiones con una destreza que apenas se esperaba de Sánchez. No solo no ha seguido los pasos de los populistas sino que ha sido el contrafuerte del decisivo posicionamiento del PSC de Iceta, ha propuesto y logrado, sin grandes alharacas, una Comisión de Estudios para la reforma del modelo territorial que el PP y el Gobierno han aceptado y que podría ser la pista de aterrizaje de la cuestión catalana en los próximos meses y ha construido un discurso inteligible y bien armado de por qué y cómo se sitúa en esta crisis. También está administrando sus silencios. De ahí que sea Cataluña -la misma que ha hundido a Iglesias- la que encumbre al PSOE y a Sánchez como opciones de salida de la actual situación que ya se adivina por la izquierda mucho más que por la continuidad en Madrid y Barcelona de la actual correlación de fuerzas.

Nada de lo que ocurre es inocuo o pasajero. Retrata a los independentistas en su irresponsabilidad y al Gobierno en su incapacidad diagnóstica

Rajoy hace ahora lo que debe aunque antes no fue diligente con el diagnóstico y la terapia para Cataluña. La situación política actual se explica por la temeridad independentista en combinación con el desdén del Gobierno que, seguramente, jamás pensó que el separatismo catalán llegase a tanto. La historia enseña que desde Cataluña -hágase una lectura de lo que sucedió hace exactamente un siglo, 1917, en aquella comunidad- han procedido las peores crisis y los vuelcos políticos posteriores a ellas. Nada de lo que ocurre es inocuo o pasajero. Dejará huella. Para bien y para mal. Retrata a los independentistas en su irresponsabilidad, al Gobierno en su incapacidad diagnóstica, al nacionalismo vasco en su crónica falta de compromiso, al populismo en su deslealtad y al PSOE, precisamente, en un espacio propicio para tomar la alternativa en un futuro próximo.

Si a la asamblea de parlamentarios y alcaldes que Podemos ha convocado con una intención subversiva de las instituciones democráticas del Estado, hubiese prestado oídos en todo o en parte el socialismo español, estaríamos a las puertas de un proceso constituyente. Está en la lógica del análisis más general que, haga lo que haga el Gobierno y Rajoy, se está cerrando ya un ciclo y comenzará pronto otro con impronta izquierdista. No será tan potente como para hegemonizar las soluciones y deberá contar con más voluntades de las que estaban presentes en el modelo del tradicional bipartidismo imperfecto en España. Rivera debería tomar nota y -en vez de tocarle los costados al PSOE- pensar en urdir complicidades con el socialismo para poder protagonizar un porvenir en nebulosa muy distinto a este convulso presente que vivimos.

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