Cataluña y el esperpento, un huido, un preso y cuatro mujeres

Junqueras y Puigdemont van a ser virtuales en la campaña, tanto como el proceso en el que fracasaron y que ha llevado a Cataluña a la peor situación posible: el esperpento

Foto:

El juez Llarena dictó ayer un auto cristalino. A diferencia de la banalidad de los que improvisan acatamientos, él se toma muy en serio la intentona y su posible reiteración. No observa en los Jordis, ni en Junqueras ni en los exconsejeros un especial riesgo de fuga ni tampoco “de destrucción del patrimonio probatorio” de los delitos que se les imputan, pero no comparte “en plenitud” que no exista la posibilidad de que puedan volver a delinquir algunos de los imputados a los que retiene en prisión incondicional. ¿Por qué? El magistrado es muy explicativo: porque los investigados comparten y reconocen que mantienen la misma aspiración que impulsó el comportamiento que se investiga (la declaración de la república catalana) y porque los imputados ya preveían que se produciría la intervención del Estado y aun así “perseveraron en su determinación”.

La localización por la Guardia Civil el 20-S del documento 'Enfocats' ha tenido para el instructor de la causa un alto valor incriminatorio. Dice al respecto: “En todos estos supuestos [previstos en ese texto incautado] se contemplaba persistir en el conflicto hasta que al Estado no le quedara más alternativa que la autorización de la independencia, de suerte que ante la aplicación del 155 de la CE, los propios planes independentistas reflejan que el riesgo de permanencia en el delito existe y que es apreciable en los investigados”. Ciertamente, más en unos que en otros.

Dos párrafos resumen el recelo de Llarena, que no desea incurrir en el “confiado pronóstico” de que no reiterarán sus conductas presuntamente delictivas

Dos párrafos, en fin, resumen el recelo de Pablo Llarena, que no desea incurrir en el “confiado pronóstico” de que Junqueras, Forn, Sànchez y Cuixart no reiterarán sus conductas presuntamente delictivas. Y por ello aclara: “El riesgo de reiteración de sus conductas [de los cuatro] impone a este instructor un mayor grado de rigor y cautela a la hora de conjugar el derecho a la libertad de los investigados” y los derechos de la comunidad. Deduce el juez que “por ello, en estos investigados el riesgo de reiteración delictiva refleja la probabilidad de que puedan reproducirse actos con graves, inmediatas e irreparables consecuencias para la comunidad”. Parece que el magistrado vislumbra la posibilidad de agitación y violencia en las calles.

Aquellos analistas que apelaban al “contexto político” para que la resolución resultase más liviana son contestados por el magistrado-instructor, que sostiene que la rebaja de las “cautelas” no puede “precipitarse bajo el argumento de que los investigados —con posterioridad a la adopción de la medida cautelar— hayan asumido su participación en unos comicios democráticos”, y ello porque “el riesgo de reiteración delictiva va expresamente unido a las responsabilidades públicas a las que aspiran”, arguyendo —para que no le empitonen por ese lado— a resoluciones al respecto del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

El auto del instructor del Supremo es convincente, tiene en cuenta, incluso, el proceso electoral y razona con fundamento y lógica una medida que, a la postre, determina que el líder de ERC vaya a seguir la campaña electoral del 21-D desde la cárcel de Estremera, y que el líder de JxCAT lo haga desde Bruselas. Un preso, Junqueras, y un huido de la Justicia, Puigdemont, los prohombres del independentismo deberán dejar paso a cuatro mujeres que van a ser decisivas en los comicios catalanes. De ellas va a depender la decantación final de los muchos electores dubitativos en una Cataluña que ayer reflejó el CIS con el color naranja intenso de Ciudadanos y el decaimiento del secesionismo.

Un preso y un huido de la Justicia, los prohombres del independentismo deberán dejar paso a cuatro mujeres que van a ser decisivas en los comicios

Los republicanos tienen que encomendarse a Marta Rovira, lo que tiene un mérito extraordinario porque deberán hacer un acto de fe en sus desconocidas cualidades políticas y acreditadas contradicciones y falsedades. Los seguidores de Puigdemont depositan sus esperanzas en la directora de la campaña de JxCAT, Elsa Artadi, la mujer fuerte de la plataforma del expresidente, limpia de sospechas judiciales, a diferencia de otros candidatos como Turull y Rull. Inés Arrimadas, a la que los augures profetizan que puede ganar las elecciones —al menos en voto popular— y situar a Ciudadanos en el cajón más alto del podio, deberá emplearse a fondo. No será fácil, pero sí posible. No estuvo excelsa en 'Salvados', con Jordi Évole, pero comparándola con Rovira, fue una alumna aventajada de Demóstenes.

Las cartas están echadas. El juez belga no se pronunciará sobre la entrega de Puigdemont a España hasta el día 14 próximo, con lo cual no participará —salvo en holograma o en Skype— en la campaña electoral. No le esperamos por estos lares hasta febrero. Y Junqueras lo hará por misivas a través de personas interpuestas. Ambos van a resultar tan virtuales como el proceso en el que fracasaron y que ha llevado a Cataluña a la peor posición de las posibles: el esperpento.

Un esperpento en el que los que han salido de la cárcel pueden volver a ella si incurren en lo que antes hicieron. Forcadell es la cuarta mujer en juego. Pero Llarena parece haberla convencido de que no deambule por donde solía porque la vigila y puede requerirla de nuevo para que ingrese en Alcalá Meco. Ya todos sabemos que declarar unilateralmente la independencia de la república catalana es un delito —todavía más o menos presunto— del que el Estado se está defendiendo como estos naífs secesionistas quizá no imaginaban.

Notebook

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
27 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios