La necesaria rectificación de Rufián, Rovira y ERC

Si quieren redimirse, tendrían que volver a enfrentarse a Puigdemont con la misma contundencia de antaño para que haga exactamente lo contrario de lo que le aconsejaron que hiciera

Foto: El diputado de ERC Gabriel Rufián. (EFE)
El diputado de ERC Gabriel Rufián. (EFE)

¡Qué cosas! Gabriel Rufián, con un lirismo pretencioso, ha anunciado que se ha afiliado a ERC. Hasta ahora era un 'independiente' de cuota en el grupo parlamentario republicano en el Congreso de los Diputados. Hoy resulta que el partido más templado de los independentistas, el más favorable a una solución institucional 'efectiva' para la Generalitat, el que reconoce paladinamente que al independentismo le faltan muchos efectivos sociales y electorales, acoge en sus filas al hombre que con su contundencia dialéctica arrabalera desató la campaña contra Puigdemont en la mañana del 27 de octubre, cuando el expresidente todavía barajaba la posibilidad de convocar elecciones y, eventualmente, evitar la aplicación del artículo 155.

Gabriel Rufián lanzó un ominoso tuit contra Puigdemont: “155 monedas de plata”. El diputado republicano, independiente entonces e independentista siempre, le vino a espetar al fugitivo de Berlín que su decisión sería la de Judas Iscariote. Y el expresidente se achicó, fue al Parlamento, proclamó una ininteligible declaración de independencia y luego puso pies en polvorosa. Se escapó.

Rufián y otros rufianes habían conseguido disuadirle de hacer lo único sensato que podía y debía hacer. Y ahora su partido, ERC, siente nostalgia del sentido común, de la institucionalidad catalana, de un Gobierno 'efectivo', mientras que Puigdemont no perdona las vejaciones republicanas de octubre y se ha enrocado para estirar el tiempo de vigencia de su legitimidad, mientras Oriol Junqueras, desde la cárcel, le insta también a la sensatez. Los términos se han invertido: los radicales de octubre de 2017 son los moderados de mayo de 2018. Y los republicanos temen, además, que nuestro hombre en Berlín esté maquinando cómo podría reducir las históricas siglas de ERC a su mínima expresión en unas eventuales nuevas elecciones.


Otra republicana, de perfiles inestables, proclive a la lágrima y enteramente emotiva y radical, Marta Rovira, fue de las que reprocharon a Puigdemont su episodio de fugaz pragmatismo el 26 de octubre. Ella, como Rufián, quería la independencia, la república, el enfrentamiento. Contamos con informaciones fiables de su histerismo político, de la dramatización falsaria de supuestos ataque policiales, y aun militares, contra los independentistas, en las calles de Barcelona. Ahora, Marta Rovira está en Suiza, huida y sin propósito alguno de regreso para enfrentarse a sus responsabilidades. Otra errante del proceso.

De no haber mediado en octubre de 2017 los tipos políticos como Rufián, un activista bien dotado para el insulto y la excentricidad, ni personajes como Marta Rovira, un epítome de incoherencia en la política catalana, Puigdemont no sería lo que ahora es, un hombre poseído por la 'hybris' de un mesiánico propósito redentor de Cataluña. Más aún, reivindica la legitimidad plena porque compañeros de creencias como Rufián y Rovira reforzaron su determinación de caudillo. El expresidente de la Generalitat se ha convertido en el factor catastrófico de la política en Cataluña, como se ha demostrado en la reunión del sábado pasado con sus fieles en la capital alemana. No quiere ceder su puesto, no quiere dejar sitio, no está dispuesto a perder exposición, pretende seguir en la batalla y asume, como Sansón, que si cae él, caen todos.

El proceso soberanista presenta un estado agónico y terminal, un punto dramático. Pero los que se lamentan del mal de altura de Puigdemont, los que se echan las manos a la cabeza por la contumacia estéril del exalcalde de Girona, son, algunos al menos, de los que en los momentos cruciales del 26 y 27 de octubre del pasado año empujaron al expresidente de la Generalitat a cometer un error histórico. Un yerro que golpea a España entera, pero que hiere profundamente a Cataluña y a sus ciudadanos.

Se trataría ahora de que se desembaracen del 'monstruo' político que ERC, Rufián y sus tuits, Rovira y sus gritos crearon en el otoño pasado

Si ERC, si Rufián, si Rovira quieren redimirse ante su propia gente, demostrar que son algo más que personajes casi caricaturescos de la política, y si albergan un adarme de sensatez, tendrían que consumar una rectificación completa y absoluta y volver a enfrentarse de nuevo a Puigdemont con la misma contundencia de antaño para que haga exactamente lo contrario de lo que le aconsejaron que hiciera: que ponga fin a esta locura política. A estas alturas del 'procés', o lo paran los propios separatistas o el desastre político será inevitable, especialmente para los republicanos a los que el de Amer pretende fagocitar.

Se ha escrito que los catalanes no saben convertir a sus líderes en estadistas, pero sí en mártires. Puigdemont aspira a serlo. Se trataría ahora de que se desembaracen del 'monstruo' político que ERC, Rufián y sus tuits, Rovira y sus gritos y su radicalismo crearon en el otoño pasado, antes de que sea demasiado tarde y Cataluña —y quizá también España entera— descarrile en una crisis constitucional sin precedentes.

Notebook

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
27 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios